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lunes, 15 de noviembre de 2010

"Los mares grises sueñan con mi muerte"- Los cuentos completos de terror en el mar de Hodgson.



William Hope Hodgson nació el 15 de noviembre de 1877 en Blackmore End, Essex, Inglaterra. A los trece años, se escapó de un internado en Margate con la intención de hacerse marino. Tras cuatro años de aprendizaje y otros cuatro como profesional, Hodgson llegó a conocer en profundidad la vida marinera, antes de abandonarla decepcionado. En junio de 1905 publica en el Grand Magazine el cuento Un horror tropical, su primera incursión en los terrores marinos.
Hodgson logró vivir, mal que bien, de sus relatos, conferencias, fotografías y artículos científicos. Poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial, entra en el servicio activo como teniente del ejército británico. En octubre de 1917 es enviado a Francia con su compañía, y en abril de 1918 un obús alemán le borra de la faz de la tierra: tenía cuarenta años.

A lo largo de su breve carrera literaria, escribió un centenar de relatos y cuatro novelas (3 de ellas publicadas en Valdemar). La maestría literaria de William Hope Hodgson se pone especialmente de manifiesto en sus historias del mar, en particular las de tema terrorífico o sobrenatural. Una voz en la noche, La nave abandonada, Desde el mar sin mareas, La nave de piedra, Demonios del mar.... y otros 30 relatos que han sido felizmente reunidos en este volumen. Nos muestran la capacidad de Hodgson para evocar imágenes y ambientes trágicos, sobrenaturales y malsanos, y para hacernos sentir la soledad de sus personajes y la insignificancia de sus devenires en la inmensidad de un océano misterioso y desconocido.

Como fabuloso Extra, completan la edición una pequeña selección de sus poemas del mar, un Diario de a bordo y un interesantísimo artículo-cuento, A través del vórtice de un huracán (con fotografías realizadas por el propio Hodgson).

Imprescindible para los fans de Hodgson y del relato de terror en general. En realidad, de cualquier amante del cuento!
...Y además debo añadir que la edición es de José María Nebreda, que ya nos regaló la edición unida de las novelas que conforman la "trilogía del abismo" (Los piratas fantasmas, Los botes del "Glen Carrig" y La casa en el confín de la tierra) junto a Francisco Torres Oliver, y una espectacular recopilación de relatos de terror en el mar: "Mares tenebrosos" con relatos de autores de la talla de W.H. Hodgson, ( como he dicho, el gran maestro del subgénero) H.P. Lovecraft o Robert E. Howard, además de autores menos conocidos por el aficionado español como John Masefield, James Anley, William Outerson, Frank Norris, Michel Bernanos y Jack Cady. Un libro que disfruté como un enano...y que pienso recuperar, ahora que me he acordado, jejeje...

sábado, 9 de octubre de 2010

Frankenstein, 2ª parte.

Frankenstein: de la literatura gótica al cine de terror

La novela "Frankenstein" surgió de una forma tan curiosa como conocida. Aunque muchos lo han llegado a considerar una leyenda, lo cierto es que la autora la narró como verídica en el prólogo de su obra en la edición de 1931.

Corría el verano de 1816 en Villa Diodati, una mansión que Lord Byron tenía cerca del lago Ginebra, en Suiza, y Mary Godwin, junto con su amante y posterior marido el poeta Percy Bysse Shelley, su hermanastra Jane Clairmont (de nombre artístico Claire), su amigo el poeta Lord Byron y el amante y médico personal de éste John Polidori (aunque hay quien incluye en la reunión a más personajes: Hobbhouse, Scrope, Rossi y Davies), pasaban el tiempo una noche tormentosa leyendo un libro alemán sobre historias de fantasmas. Influenciados por el ambiente, Lord Byron les propuso que cada uno de ellos escribiera una narración de horror. Sorprendentemente ni Byron ni Shelley, escritores de profesión, lo hicieron, mientras que Mary desarrolló lo que posteriormente fue su "Frankenstein o El Moderno Prometeo" y Polidori su conocida novela vampírica.
Sobre esta reunión se realizó una película titulada "Gothic" (1986) de Ken Russell, considerada 'de culto' por algunos cinéfilos y que pasó casi desapercibida, donde se mezclaba la historia, el sexo, las drogas y el terror. Al año siguiente repitió este intento Ivan Passer con su "Haunted Summer" y el español Gonzalo Suárez con su premiada película "Remando al viento".

Tras la edición del libro, fueron frecuentes sus representaciones teatrales con mayor o menor acierto, pero la primera película que se recuerda apareció en 1910, un "Frankenstein" de escasos 15 minutos, dirigida por un tal J. Searle Dawley, y producida por la Edison Kinetogram Company. El "Frankenstein de la Eddison".
Posteriormente hubo algún intento de repetir la experiencia con resultados mas que dudosos pero de los que se tienen pocas referencias, como fue la americana "Life Without Soul" (1915) de Joseph Smiley que para americanizarla más (algo quizá demasiado frecuente en la tierra de las barritas y estrellitas) llegó a cambiar algo tan revelador como es el nombre del doctor y le llamó Frawley, o la italiana "Il monstro de Frankenstein" (1920) de Eugenio Testa, adaptación muy libre de la novela, que se considera perdida.



Pero la película que relanzó la obra de Mary Shelley, la universalizó y, a la vez, la deformó y marcó la iconografía del monstruo como símbolo del terror durante décadas, abriendo caminos a los mitos erróneos y mezclando nuevos elementos en el terror cinematográfico, navegando entre el miedo y la lástima, fue la famosa "Frankenstein" (1931) de James Whale.
Producida por la Universal y, tras un baile previo de directores y actores, terminó siendo una de las películas más famosas de la historia del cine. La actuación de Boris Karlof como la criatura (como le gustaba al gran actor llamar al monstruo) y el experto maquillaje de Jack Pierce, marcaron un hito en la caracterización de los personajes terroríficos. Además, esta fue la primera vez que se introdujo en el cine americano (y de aquí a casi todo el mundo) a un nivel superior el inmenso valor de la iluminación y el juego de luces y sombras en las producciones que buscaban el miedo y el terror (que aprendieron, hay que decirlo, de directores expresionistas alemanes como Murnau o Robert Weine).
Pese a su éxito comercial, fue duramente criticada por distorsionar la novela hasta lo indecible. Los guionistas que preparaban su secuela, "La novia de Frankenstein (1935), decidieron reiniciar la historia con la famosa reunión de Villa Diodati, revivir al monstruo y humanizar a la criatura (aquí la actriz Elsa Lanchester hizo un sorprendente doble papel, en el de Mary Shelley y en el de la 'novia' de la criatura, con un original peinado que marcó un hito).
Pese a no conseguir mayor credibilidad en la fidelización a la obra original, es considerada la mejor película de toda la saga.

Posteriormente vino algo a lo que el cine ya nos tiene acostumbrados, la explotación de los éxitos. Así surgieron películas como "La sombra de Frankenstein" (1939) de Rowland V. Lee que introducía a otro actor famoso como era Bela Lugosi en el papel de ayudante del doctor, o "El fantasma de Frankenstein" (1942) de Erle C. Kenton donde Lon Chaney Jr intentaba hacer el papel de la criatura con poco éxito.
Y , al agotarse el filón, se hicieron películas con el doble, el triple o el quíntuple de monstruos pensando erróneamente que el terror en el espectador aumentaría de la misma forma; surgió así "Frankenstein y el Hombre Lobo (1943) de William Neil, "House of Frankenstein" que conocimos aquí como "La zíngara y los monstruos" (1944), "La mansión de Drácula" (1945) o "Abbot y Costello contra los fantasmas" (1948), fenómeno que acabó degenerando el género pero dio películas aceptables que hoy muchos cinéfilos disfrutamos en gran medida (yo entre ellos).


De forma similar a lo sucedido con otras películas de terror, la productora británica Hammer recogió el testigo agotado por la Universal. El director londinense Terence Fisher (Grande!!!) fue el encargado de versionar de nuevo (versión tan nueva que era prácticamente una nueva historia) a la criatura en "La maldición de Frankenstein" (1957), caracterizada por estar protagonizada por 2 titanes: Christopher Lee y Peter Cushing como La criatura y el barón Frankenstein. El monstruo va abandonando su destino atormentado para convertirse en un ser agresivo, sin ética ni moral, y las actrices provocan sexualmente a la vez que la violencia alcanza cotas nunca vistas; fue además la primera versión en color de la historia.
Este inmenso director repitió al año siguiente con "La venganza de Frankenstein" y la Hammer abandonó al monstruo durante unos años hasta que lo retomó con "El Mal de Frankenstein" (1964) siendo el director Freddie Francis y obteniendo una de las peores películas al tener a Kiwi Kingston como el monstruo, ya que era un luchador pero no un actor, que no aportó absolutamente nada nuevo. Fisher tuvo que volver de nuevo con "Frankenstein creó a la mujer" (1966) donde desarrolla la teoría de la transferencia de almas, "El cerebro de Frankenstein" (1968) donde se produce una escena de violación que disgustó mucho a su director, y ya enfermo la que fue su última película, "Frankenstein y el monstruo del Infierno" (1973) con un Neanderthal con el cerebro transplantado. La Hammer agotó sus ideas con "El Horror de Frankenstein" (1970) de Jimmy Sangter, en parte un remake de una anterior con cierta dosis de humor negro y sexo. Malas?, Si, pero Hammer.


Mientras tanto en la américa de la postguerra, el Rock n´Roll y la cultura de la gran ciudad, buena parte del cine de terror se articuló alrededor de la juventud que llenaba los cines al aire libre, surgiendo las películas de teenagers que abarcaron prácticamente todos los monstruos clásicos conocidos. Así surgió "Yo fui un Frankenstein adolescente" (1957) de Herbert L. Strock o "El Frankenstein adolescente contra el Hombre Lobo adolescente" (1959). También aprovecharon un precoz futuro al hacer en 1958 un "Frankenstein 1970". Incluso consiguieron hacer algo tan malo como la pésima "Frankenstein y el monstruo del espacio" (1964) de Robert Gaffney, aunque posiblemente lo peor de lo malo fue un terrible "Jesse James y la hija de Frankenstein" (1965), que compitió por este título con el absurdo japonés "Frankenstein Conquista al Mundo" (1965).

Durante los años 70 el mito parecía agotado; junto a las olvidables "La maldición de Frankenstein" de Jesús Franco y "Frankenstein a la italiana" de Armando Crispino, la Universal buscó nuevos caminos y relanzó la historia en forma de comedia con la divertida "El jovencito Frankenstein" (1974) de Mel Brooks, una de las mejores comedias de la historia del cine (para el que escribe).
Quizá esta fue la clave ya que se desarrollaron obras que se sumergían en áreas poco trilladas; así aparece la archifamosa comedia músico-terrorífica "The Rocky Horror Picture Show" (1975) de Jim Sherman, donde un travesti de medias negras y rimmel llamado Dr. Frank-N-Furter (interpretado por un fantástico Tim Curry) fabrica a un rubio, musculoso y superdotado monstruo..., o la creadora de la línea gore del terror "Carne para Frankenstein" (1974) de Paul Morrissey y supervisada por Andy Warhol que obtuvo unos famosos y nauseabundos resultados.

En los años 90 Roger Corman desarrolló un guión junto con Brian Aldiss basándose en una novela de éste último, "Frankenstein desencadenado" (1973), donde el cine de terror da la mano a la ciencia ficción de los viajes en el tiempo, mostrándo claramente que la destrucción es posible si partimos de un progreso científico irresponsable y descontrolado. Más recientemente han aparecido obras que intentaban acercarse a los orígenes y a la realidad de la novela de la misma forma que ya lo intentó previamente Jack Smight con su "La verdadera historia de Frankenstein (1973), nos referimos a "Frankenstein: la Historia Real" (1992) de David Wickes y la cara producción de Kenneth Branagh con su "Frankenstein, de Mary Shelley" (1994) donde un actorazo como Robert de Niro encarna a la criatura; Una película que considero notable como obra gótica, con un trabajo de dirección artística fenomenal. Y una música fabulosa de Patrick Doyle.

El cine de terror actualmente.....,mmmmm, se dirige hacia otros campos mientras Frankenstein y su mito se diluyen entre clásicos fotogramas. Posiblemente de las películas modernas podríamos destacar dos. Una de ellas se basa en la novela "El padre de Frankenstein" de Christopher Bram. Relata la relación entre un director de cine retirado (James Whale, creador del más famoso Frankestein, al que revive maravillosamente Ian McKellen) y su jardinero (Clay, interpretado por un correctísimo Brendan Fraser); una película que en ningún momento nos acerca al miedo pero que nos relata perfectamente una realidad histórica del mundo del cine; hablamos naturalmente de "Dioses y Monstruos" (1998) de Bill Condon, un film de los que ganan enteros en cada visionado. La otra película, más reciente todavía, es "May" (2002) de Lucky McKee, donde se retoma el susto adolescente y donde una inquietante Angela Bettis hace de "doctor Frankenstein" intentando crear un amigo a medida con los miembros de todos aquellos que le han maltratado alguna vez; retoma modernamente la estructura del creador y su obra que caracterizó a la novela de Mary Shelley.Merece la pena el visionado.

En esta escueta historia del cine hemos visto lo lejos que están las películas de la obra original en la que se basan. Bien es cierto que Frankenstein ha desarrollado todo un mito donde el médico, alma mater del monstruo, se convierte gracias a su obra en otro monstruo, siendo difícil en ocasiones distinguir quién es quién...
Por ello será interesante ver lo que nos ha dejado como punto ético de referencia intentando marcar los límites de la ciencia médica, las posibilidades reales que tiene la medicina en el desarrollo de la vida artificial con los transplantes de órganos y el ensamblaje de miembros, y la participación que puede tener en la admirable y, a la vez, tenebrosa "creación" de vida humana...


La medicina ante el mito de Frankenstein

La obra de Mary Shelley se ha interpretado desde varios puntos de vista. Desde la psicología femenina como una interesante expresión de la autora por sus miedos y terrores ante la maternidad, ante la posibilidad de traer una vida al mundo, donde sobrevuela el miedo al hijo imperfecto y a las responsabilidades que plantea. Otros prefieren hacer dobles lecturas ya sea desde el punto de vista político o el sociológico, que poco o nada nos interesa ahora. Nosotros intentaremos verlo desde el prisma de la ciencia médica, ya que se ha desarrollado hasta alcanzar el status de mito, de objetivo futuro o de seria advertencia...
Es indudable que la novela ha seducido de muchas formas a muchas personas. Algunas de éstas, mentes jóvenes en pleno desarrollo, han visto nacer en su interior esa chispa que poco a poco los ha orientado hacia las ciencias de la naturaleza, hacia la investigación científica o directamente hacia la medicina, sorteando consciente o inconscientemente las dudas morales que pueden plantearse y viendo sólo un camino abierto hacia un futuro prometedor y repleto de descubrimientos todavía ocultos. Así lo afirmaba, por ejemplo, sir Ronald Ross (1857-1932), que fue premio Nobel de Medicina en 1902 por haber descubierto el parásito de la malaria, y que siendo un buen aficcionadoa la literatura llegó a escribir un pequeño cuento satírico sobre el tema que nos ocupa titulado "El vivisector".

El primer referente médico que encontramos en Frankenstein tiene mucho que ver con la ética y la moral. "Jugar a ser Dios" es el argumento principal de muchas películas donde aparecen médicos .Y el doctor Víctor Frankenstein es el principal representante de esto, el que quiso emular al Creador; sus aspiraciones iniciales ("¡ Cuán grande sería mi gloria si me era posible acabar para siempre con la Enfermedad y hacer al hombre invulnerable contra toda muerte que no fuese violenta!") se desviaron hacia objetivos que iban más allá de mantener y cuidar la vida, objetivos que fijaba en la creación de esa vida que quería proteger.

El nombre del doctor es hoy, por derecho propio, símbolo de la ciencia desviada de sus objetivos, de la superación personal al pisar terrenos resbaladizos que pueden atentar contra el ser humano y su humanidad, provocando lo que algunos llaman el síndrome de Frankenstein. Pero la obra nos habla de la locura soñadora y la ambición desmedida, pero también de la crisis de conciencia y el arrepentimiento posterior, para finalizar con una dura penitencia de la que no hay escapatoria posible.

En la novela vemos a un médico solitario en su investigación y sin ayudantes (en las películas hay personajes para todos los gustos, ayudantes como Fritz, Hans, Ludwig o Igor), y no hay datos sobre la tecnología aplicada (en las películas hay probetas y matraces con líquidos placentarios más o menos sugerentes, cables y turbinas con mucha electricidad estática, salida del cielo como hizo Benjamín Franklin o derivada de un estanque lleno de anguilas eléctricas). En la actualidad el trabajo científico es caro y suele desarrollarse en grupo, por lo que es más difícil plantear una 'locura' visionaria de altos riesgos (aunque, por desgracia, es imposible descartar la existencia de un grupo de científicos obsesionados con su labor...).

El gran filósofo inglés Bertrand Russel (1872-1970) ya dijo que "La ciencia, en cuanto a tal, no nos puede proporcionar una ética. Tan sólo nos puede indicar los medios para alcanzar determinados objetivos, así como las metas imposibles de alcanzar". Para solucionar esto habrá que recurrir a la filosofía ética, ya que toda nueva teoría científica no es buena o mala por sí misma, y lo que le dará ese valor será el cómo se emplee. Por esta razón, en la actualidad, y para evitar en parte el llamado factor Frankenstein, el trabajo es supervisado por la comunidad científica en general o directamente por los comités de ética de las propias instituciones (confeccionados prácticamente en todos los hospitales actuales)...

La criatura creada por el doctor Frankenstein se ha comparado con una máquina, formada por una serie de piezas ensambladas y dirigidas por un motor, el cerebro. Pero el cerebro de la criatura está vacío, es decir, no tiene mente, conocimientos ni recuerdos, hasta que poco a poco y de forma autodidacta va aprendiendo y se convierte en un ser terrible y vengativo (y eso que sus lecturas fueron "Los sufrimientos del joven Werther" de Goethe, "El paraíso perdido" de Milton y "Vida de hombres ilustres de Grecia y Roma" de Plutarco). Hoy en día la ciencia cibernética e informática están evolucionando tan rápido que muchos temen llegue el día en que se desarrolle una máquina capaz de pensar por su cuenta y que, como el monstruo de Frankenstein, se rebele contra su creador...Ciencia ficción hoy, no?

De los antiguos autómatas hemos pasado en la actualidad a los robots. En el año 1920, el escritor de origen checoslovaco Karel Capek, publicó su novela "RUR" (Russum’s Universal Robots). Esta obra trata de dos pequeños seres artificiales de forma humana que responden perfectamente a las órdenes de su creador, aunque al final acaban rebelándose contra él (de forma similar al Frankenstein original). Para referirse a estos seres, el autor les llamaba robots, derivación del vocablo checo 'robota', que significa “trabajo obligatorio”. Y es así como surge la palabra robot para referirse a los autómatas mecánicos de aquellas épocas. A partir de esta novela, se generalizó el nombre y ahora se les llama robots a todo tipo de autómatas.

Existe un miedo a los robots debido a la evolución tan acelerada que se ha proyectado en muchas de las novelas de ciencia-ficción. Y aunque muchas de estas novelas no están tan fuera de la realidad, no debe temerse al desarrollo de la ciencia robótica, sino todo lo contrario, ya que estos existen para poder facilitar las tareas de los humanos. En la obra de Isaac Asimov, "Yo robot" (1940), éste postula tres leyes (que ya se han hecho clásicas) que los robots deberán de seguir para proteger a los seres humanos.

Aunque la creación de autómatas no pertenece al campo de la medicina, sino al de la mecánica o la electrónica, este ejemplo es importante ya que de él se deriva lo que suele llamarse el complejo de Frankenstein, término acuñado también por Isaac Asimov y que nos habla de la desconfianza y el temor que despertaría en los seres humanos una máquina que los superara (imagen que vemos en el célebre computador HAL de la película "2001, una odisea en el espacio" de Stanley Kubrick, y en alguna más moderna como "Yo, robot" que plantea algo similar pese a desvirtuar la novela en la que se basa).

Además debemos tener en cuenta que en la actualidad la medicina y la robótica se dan la mano cada vez más, desarrollando nuevos implantes y prótesis que resulten más fieles a los miembros u órganos que sustituyen (quizá, quién sabe, se produzcan finalmente situaciones como las que describe Crichton en su novela "El hombre terminal")

Y esto nos lleva directamente al tema de los transplantes, pues los primeros médicos en realizarlos fueron rápidamente acusados de ser médicos sin moral, violadores de la humanidad con el único objetivo de obtener logros personales (como el Dr. Frankenstein). De esta forma acusaron al doctor sudafricano Christian Barnard (1922-2001) al realizar en 1967 el primer transplante cardíaco. Hoy la situación ha dado un giro de 180º, y no sólo se aceptan los transplantes de corazón, hígado o riñones, sino que además se considera ético y moral con la humanidad hacerse donante de los mismos.

Cuando se utilizaron para transplantar órganos no vitales, volvieron a surgir las controversias y las acusaciones frankensteinianas. Así sucedió con el Dr. Owen, médico australiano que transplantó en 1998 la mano derecha de un donante muerto, o con el doctor Duberward, que un año después repitió la operación con el brazo derecho. Actualmente aceptamos con más facilidad estas situaciones y, frente a la sorpresa inicial, las asumimos como "correctas" desde la ética médica. Aceptamos transplantes, implantes mecánicos, pues su objetivo es salvar vidas humanas; pero aquí aparece una pregunta que nace de lo más oscuro de nuestro inconsciente, que nos recuerda a la imagen que tenemos de Frankenstein, y que asemeja al guión de una película de terror: ¿aceptaríamos, en un hipotético futuro, un transplante de cuerpo entero o, dicho de otra forma, un transplante de cerebros? ¿aceptaríamos un implante biomecánico corporal completo adaptado a una cabeza humana...?

La Ciencia no ha llegado todavía a crear vida, pese a los arduos intentos de ciertos laboratorios para crear una especie de 'sopa primordial' de donde se supone salió el primer ser vivo de este planeta (concepto que tuvo su origen en una especie de jalea lodosa que se encontró en 1858 en el fondo del océano Atlántico a la que llamaron Bathybius y que resultó ser uno de los grandes chascos de la ciencia).

En los campos que trabajan directamente con ADN sólo o formando parte de seres unicelulares, es donde se renueva el mito del Frankenstein creador y terrible. Hablamos de la genética y la reproducción asistida, aunque habitualmente (salvo casos puntuales) no se habla de la existencia de una maldad intrínseca o consciente en los médicos que trabajan en ello, pero si de la sospecha de una incapacidad moral para distinguir lo que está bien de lo que está mal.

La asociación de Frankenstein con la genética es hoy en día algo habitual, pese a los indudables beneficios que podría reportar para la humanidad en un futuro no muy lejano; recordemos por ejemplo los carteles de 'No Frankenfoods' que aparecen con relativa frecuencia en las manifestaciones ecologistas contra los alimentos transgénicos. Las 'criaturas' de la genética serían, no sólo alimentos modificados, sino también gérmenes que podrían abrir las puertas a plagas incontrolables (de lo que nos advierten películas clásicas como "La amenaza de Andrómeda" basada en la novela original que Michael Crichton escribió durante su primer año de sus estudios de medicina, hasta las más recientes como "28 días después") y a terribles guerras biológicas. El miedo a que los seres humanos puedan manipularse de forma parecida (como aparece en la película de serie B "Trans-Gen, los genes de la muerte" del año 1987) ha llevado a que se establezcan una serie de controles bioéticos internacionales que vigilen los distintos proyectos internacionales en este campo (p.e "genoma humano")


Las modernas técnicas de Reproducción Asistida cada vez han entrado más en la controversia bioética, desde las decisiones sobre la vida o la muerte embrionaria a los diagnósticos preimplantacionales y sus consecuencias, pasando por la selección de sexos, etc... Pero las cuestiones que más polvareda han levantado y más 'síndrome de Frankenstein' han creado son (quizás influenciadas por la obra de Aldous Huxley "Un mundo feliz" del año 1932) la clonación y el uso o manipulación de células madre, sin olvidarnos de las graves desviaciones de estas técnicas como serían la creación de quimeras, la partenogénesis o la ectogénesis. Curiosamente el cine ha tratado estos temas tan serios y de tanta actualidad de muy diversas formas: como una comedia en la horrible "Mis dobles, mi mujer y yo" (1996) donde Michael Keaton aparece multiplicado, como una aventura donde Arnold Schwarzenegger es duplicado por error en "El sexto día" (2000), o de forma algo más terrorífica en la película de Robert de Niro "El enviado" (2004). Ninguna de las 3 merecen la pena....

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"He intentado en vano conseguir de Frankenstein los detalles de la creación de su monstruo. Pero en este punto se ha mostrado impenetrable.

- ¿Está usted loco, amigo mío? - me ha preguntado -. ¿Se deja llevar por su insensata curiosidad? ¿También quiere crear para el mundo otro demonio como aquel? Tome ejemplo de mis angustias y no trate de aumentar las suyas"...

Tomado de la novela original.

Frankenstein, 1ª parte.

Frankenstein siempre será para muchos ese monstruo anónimo que sólo heredó de su padre el apellido.
Un ser nacido contra su voluntad, como todos nosotros, pero que asumió su existencia e intentó vivir y morir bajo sus reglas. Pero también se ha convertido en un paradigma de la ciencia por excelencia, la frontera oscura y tenebrosa que quiere, o debe, establecer los límites a la investigación científica.

La creación de la vida: los antecedentes del monstruo

El famoso monstruo creado en un laboratorio científico y formado por restos de cuerpos humanos, tiene su origen en la obra literaria de una mujer, Mary Godwin Wollstonecraft (1797-1851), más conocida como Mary Shelley debido a que adoptó posteriormente el apellido de su marido, el poeta romántico Percy Bysshe Shelley, y que tituló "Frankenstein o El Moderno Prometeo" (1818).
Mucho se ha discutido sobre los antecedentes reales de esta obra y sería interesante conocerlos para introducirnos, con un correcto punto de vista, en este artículo.
La idea general y más extendida es que existen tres fuentes en las que bebe la idea del ser artificial: la tradición clásica, el esoterismo y los avances científicos de la época.El primer dato lo podemos encontrar en el propio subtítulo de la obra: 'El Moderno Prometeo'.

* En la cultura grecolatina existe la figura mitológica de Prometeo, un titán hijo de Jápeto y la oceánida Climene (según Hesiodo). La leyenda mitológica cuenta que Prometeo formó a los hombres modelándolos con el barro de la tierra e infundiéndoles posteriormente la vida.
Según los diversos autores, su hermano Epimeteo o la diosa Atenea, distribuyeron las diversas características entre los seres vivos otorgando al hombre el temor de la liebre, la sutileza de la zorra, la ambición del pavo real, la ferocidad del tigre y la fuerza del león.
Como Prometeo encontró al hombre sin abrigo, sin calzado y desnudos frente a las inclemencias del tiempo, decidió robar la sabiduría de las artes de Hefeistos así como el fuego de su taller, lo que permitió a éstos evolucionar rápidamente. La tendencia de Prometeo a ser más amigo de los hombres que de los dioses, hizo que una vez engañara al mismo Zeus durante el sacrificio de un buey con el fin de favorecer a sus protegidos; Zeus enfadado, decidió castigar a los hombres privándoles del uso del fuego. Entonces Prometeo, en rápida respuesta, decidió procurárselo nuevamente y robó la semilla del fuego de las ruedas del carro del Sol y lo trajo de vuelta a la Tierra. Zeus, cada vez más enfadado y envidioso del bienhechor de la raza humana, lo hizo encadenar en una piedra de un monte del Cáucaso jurando que nunca lo desencadenaría; alli un águila le devoraba continuamente el hígado durante el día, el cual se regeneraba por las noches para que el ave volviera a devorárselo al llegar la aurora. Este castigo terminó cuando Hércules mató con una flecha al águila, liberando al prisionero del castigo (Zeus no se indignó por ello, pues el orgullo de las proezas realizadas por su hijo hizo que no protestara)
El mito de Prometeo, en su esencia más simbólica, ha llegado hasta nuestros días y ha sido versionado por muy diversos autores, como Hesíodo, Esquilo, Platón, Goethe, Giordano Bruno, Francis Bacon, Rousseau, André Guide o Albert Camus, entre muchos otros. Hoy sigue vigente como mito de transgresión y de redención mediante el dolor.

En la obra de Mary Shelley, el doctor Frankenstein actúa como un Prometeo moderno, se rebela contra su dios, desafiándolo al dar vida a la materia inerte y obviar las leyes de la naturaleza. La astucia y la inteligencia del doctor buscarán el desarrollo del progreso humano y para ello deberá pagar un alto precio, quedando al final como un héroe en su rebelión científica y como un ser patético en su destino final. Su inmediato arrepentimiento al ver su obra terminada le diferencia del Prometeo mitológico, pero su lenta agonía en el dolor de ver destruidos a sus seres más queridos es similar al suplicio que devora las entrañas del titán encadenado.

* El esoterismo
es un amplio campo en el que voy a agrupar, con el único objetivo de no disgregarnos mucho, los métodos cabalísticos, alquímicos o nigrománticos, revestidos a veces con la túnica de la astrología o de la ciencia.
La influencia que el esoterismo tuvo en la autora de la novela, parece que se debió al interés que su padre, William Godwin, puso a los largo de su vida en estos temas, ya que publicó una novela sobre la búsqueda de la piedra filosofal en 1799 y un ensayo, publicado postumamente, sobre las artes ocultistas de Agrippa, Paracelso o Alberto Magno titulado
"Lives of the Necromancers" (1834).

En las leyendas hebraicas nos encontramos con uno de los primeros seres inanimados que cobran vida: el 'Golem'. Según relataban, el rabino Judah Loew Bezalel del ghetto de Praga descubrió en el siglo XVI la manera de animar una figura humanoide de arcilla y de tamaño natural para que actuara como sirviente y como defensor del pueblo judío; el método de animación era cabalístico, escribiendo en su frente el nombre secreto de Dios, la palabra Emeth (verdad), pudiendo ser destruido si se borraba la primera letra de forma que la palabra resultante fuera Meth (muerte). Este relato popular cobró vida en el cine con "El Golem" (1914) de Paul Wegener y con la novela que con el mismo nombre publicó en 1916 el escritor austríaco Gustav Meyrink (1868-1932); Wegener basándose en ella la rehizo en 1920 y la codirigió con Carl Boese bajo el título de "El Golem: cómo vino al mundo", película de gran influencia en el cine de Frankenstein, e inclusó rodó entre ellas una que se considera perdida -la que sería la primera secuela de la historia del cine- titulada "El Golem y la bailarina".

La nigromancia y la alquimia también intentaron la creación de seres vivos. Según parece ser, Cornelio Agrippa (1485-1535) deja entrever en su obra "De Occulta Philosophia" (1535) su interés y experimentación combinando diferentes artilugios con la magia negra para lograr la vida artificial.
Otro nigromante, David Christianus, decía que era posible fabricar un ser humano en miniatura con un huevo de gallina negra si se le extraía parte de la clara y se sustituía por un poco de esperma, y así, tras sellar el huevo e incubarlo en estiércol durante la primera luna de mayo, surgiría a los treinta días una diminuta figura cuasihumana.
Paracelso (1493-1541) decía ser capaz de crear un homúnculo, y en su obra "De natura rerum" daba su ingenua fórmula: "Debéis empezar por hacer lo siguiente: colocad abundante cantidad de semen humano en un alambique, selladlo y guardadlo durante cuarenta días en estiércol de caballo hasta que empiece a desarrollarse, vivir y moverse. Entonces habrá adquirido ya forma humana pero será transparente e insustancial. Durante cuarenta semanas ha de ser alimentado cuidadosamente con sangre humana y conservado en el mismo lugar cálido y luego se habrá convertido en un niño auténtico y vivo tal como un niño nacido de mujer sólo que mucho más pequeño".
Se dice también que cierto conde austríaco, Francisco José Kueffstein (1752-1818), retomó las ideas paracelsianas y mezclándolas con creencias rosacrucianas resucitó la idea del homúnculo. Cuentan que visitó en Italia al abate Geloni que producía estos seres fácilmente y se trajo a Viena una colección de ellos en diversos frascos, pero estos seres al crecer se volvieron exigentes, soberbios y de malos modales, por lo que el conde, atendiendo a las súplicas de su esposa, destruyó su colección de seres artificiales.

En la novela de Mary Shelley, el doctor Frankenstein opta por abandonar la vía esotérica y reforzar la vía científica, pues al revés que la primera, pese a prometer muy poco siempre se podían obtener grandes resultados.

* La ciencia y los avances científicos
del siglo XIX, han sido otro aspecto importante para conocer el caldo de cultivo de dónde surgió la criatura del doctor Frankenstein.
Durante muchos años estuvo presente el concepto de la llamada generación espontánea, la cual teorizaba que cualquier ser vivo podría surgir sin la acción de sus progenitores. Los egipcios ya pensaban que los ratones y las ranas se engendraban en el propio limo del río Nilo. Aristóteles (384-322 a.C.) creía en ella y afirmaba que "Cualquier cuerpo seco que se vuelva húmedo o cualquier cuerpo húmedo que se vuelva seco, produce animales mientras los pueda alimentar". Prestigiosos médicos como Ambroise Paré (1517-1590) o célebres naturalistas como el padre Athanasius Kircher (1601-1680) profesaron la misma creencia.


Pese a que William Harvey (1578-1657) publicó en 1651 un tratado en el que afirmaba que todo ser vivo debe proceder de otro ser vivo, o que Lázaro Spallanzani (1729-1799) demostró con sus experiencias con infusorios lo absurdo de esta idea, tal idea fantástica volvía constamente al público, ya en 1859 a manos de un naturalista francés llamado Félix Archimède Pouchet, de su colega inglés Henry Charlton Bastian, o del profesor francés Stephane Leduc, que en 1910 todavía predicaba la generación espontánea bajo el método pseudocientífico de "imitar las condiciones físicas en que nació la vida".

Alejadas de este concepto también estaban las teorías eléctricas científicas de la época.
Aunque Tales de Mileto en el 600 a.C. ya experimentaba con la electricidad haciendo que unas briznas de hierba seca fueran atraídas por un trozo de ámbar que antes había frotado con su túnica, no fue hasta 1752, cuando Benjamín Franklin (1706-1790) arrebató de los cielos, como si de un moderno Prometeo se tratara, el fuego en forma de rayo gracias a su famoso experimento de la llave y la cometa, que la fuerza eléctrica comenzó a tener valor para la ciencia. Posteriormente Luigi Galvani (1737-1798), profesor de anatomía en la Universidad de Bolonia en Italia, en su libro "De Viribus Electricitatis en Motu Musculari" (1792) presentó sus experiencias en las patas de las ranas iniciadas en 1786, sobre el estímulo del sistema nervioso mediante descargas eléctricas y convencido de haber descubierto la electricidad animal.

Parece ser que Mary Shelley conocía las teorías de un médico y filósofo naturalista llamado Erasmus Darwin (abuelo de Charles Darwin) que establecía analogías entre el fluido eléctrico y el fluido nervioso. También se cree que la figura del Dr. Frankenstein estuvo basada en la personalidad de un físico y filósofo escocés llamado James Lind (1736-1812) que había sido el tutor científico de su marido cuando estudiaba en Eton, que había filosofado sobre la naturaleza del principio vital, el galvanismo y los procedimientos de reanimación de personas ahogadas o asfixiadas. Pero aunque Mary conocía estas teorías (en 1815 soñó con su hija muerta a la que sostenía junto al fuego y que frotándola vigorosamente le devolvía la vida; además se casó con Shelley dos semanas después de la muerte de Harriet, su primera esposa, que se ahogó en 1816 y que, como era habitual en esa época, la intentaron reanimar con sales aromáticas, frotamientos vigorosos, electricidad y respiración artificial), es indudable que estaba más interesada en sus consecuencias morales que en los detalles científicos de las mismas.

Finalmente, comentar otra línea de interés en el campo científico que no pertenecía directamente a la medicina sino a la mecánica, que pudo dar a la autora del libro la idea del montaje por piezas de la criatura. Nos referimos a la creación de seres artificiales mecánicos, los llamados autómatas.
En 1500 a.C., Amenhotep, hermano de Hapu, construyó una estatua de Memon, el rey de Etiopía, que emitía sonidos cuando la iluminaban los rayos del sol al amanecer. King-su Tse, en China, inventó en el año 500 a.C. una urraca voladora de madera y bambú y un caballo de madera que saltaba. En el año 206 a.C., fué encontrado el tesoro de Chin Shih Hueng Ti consistente en una orquesta mecánica de muñecos... Personajes como Alberto Magno (1204-1272) con su "hombre de hierro", Roger Bacon (1214-1294) con su "cabeza parlante" o Leonardo Da Vinci (1452-1519) con su "león mecánico", se interesaron por la mecánica aplicada a la creación de autómatas; incluso René Descartes inventó en 1640 un autómata al que se refería como “mi hijo Francine”.
Posiblemente fue Jacques de Vaucanson (1709-1782), nacido en Grenoble, el más asombroso creador de autómatas; realizó un pato de cobre, que graznaba, chapoteaba en el agua, bebía, comía y digería la comida por disolución y que finalmente era conducida por unos tubos hacia el ano donde había un esfínter que permitía evacuarla; por instigación de Luis XV, intentó construir un modelo humano con corazón, venas y arterias, pero murió antes de poder terminar esta tarea. Los autómatas se hicieron cada vez más complejos: Robert Houdini construyó una muñeca que escribía, Thomas A. Edison una muñeca que hablaba...


En la 2ª parte, la literatura y el cine....

jueves, 7 de octubre de 2010

"Antología de poesía primitiva" - Ernesto Cardenal



«El verso es el primer lenguaje de la humanidad, la forma más natural del lenguaje», escribe Ernesto Cardenal en el prólogo de esta Antología de poesía primitiva que nos traslada a un mundo de formas de vida en las que predominan el estrecho contacto con la naturaleza y los quehaceres elementales cotidianos. Un mundo en el que la poesía adquiere categoría de cosmogonía que, por encima de la imagen, se expresa en símbolos y mitos y que, en un alto porcentaje, aun en la aparentemente profana, tiene un sentido místico.
Muchos son los poemas recogidos en este volumen que fueron recibidos en sueños, trances hipnóticos, bajo los efectos del peyote, o inspirados, como en el caso de los esquimales, por las almas que habitan la región de los muertos. La variadísima temática abarca desde el amor a la expresión de solidaridad, desde la descripción de faenas diarias a la rogativa destinada a aplacar los elementos o a lograr una curación. Igualmente variada es la procedencia de los poemas, ya que en esta antología tienen cabida culturas tan dispares como la amerindia, la esquimal, la polinesia o la africana. Muchas son por tanto las conclusiones que el antropólogo, el etnólogo o el estudioso de la literatura pueden sacar de esta visión panorámica del quehacer poético del hombre primitivo. Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense y una de las voces más importantes de la poesía comprometida iberoamericana, ha aplicado a la presente selección su criterio de creador. No hay por tanto en estas páginas
referencias bibliográficas, comentarios eruditos o notas a pie de página porque el presente volumen es ante todo, y por voluntad expresa de Ernesto Cardenal, «un libro de poesía».
Para mí, imprescindible.

domingo, 3 de octubre de 2010

Emilio Carrere: "Los muertos huelen mal"


Emilio Carrere (1881-1947) fue, además de agridulce cronista de la bohemia madrileña de la «media tostada» (El reino de la calderilla, también en Valdemar), poeta modernista y uno de los pioneros españoles en el periodismo de lo paranormal, aunque su fascinación por lo fantástico y esotérico está matizada por una visión reflexiva de intelectual y artista antes que por el fanatismo de un creyente. Sin embargo, los acercamientos de Carrere al esoterismo no excluyen un componente de ironía y humor, incluso cuando se trata de historias de puro terror y misterio, como en La torre de los siete jorobados (Valdemar too), adaptada al cine en 1944 por Edgar Neville.

El presente volumen reúne tanto relatos como artículos de prensa en los que se puede seguir la evolución de la fe de Carrere en el espiritismo.Comienza con cierto optimismo (Lo que vio la reina de Francia, Brujerías), gira hacia el escepticismo (Gil Balduquín y su ángel), para culminar con un empleo fundamentalmente satírico del tema (Los muertos huelen mal), que tiene ya muy poco que ver con la simpatía y entusiasmo iniciales del autor en ese espiritismo que causó gran conmoción a finales del siglo XIX.

viernes, 23 de julio de 2010

Carta final a Carlota, de "Werther"

Es cosa resuelta, Carlota: quiero morir y te lo participo sin ninguna exaltación romántica, con la cabeza tranquila, el mismo día en que te veré por última vez. Cuando leas estas líneas, mi adorada Carlota yacerán en la tumba los despojos del desgraciado que en los últimos instantes de su vida no encuentra placer más dulce que el placer de pensar en ti. He pasado una noche terrible: con todo, ha sido benéfica, porque ha fijado mi resolución. ¡Quiero morir!
Al separarme ayer de tu lado, un frío inexplicable se apoderó de todo mi ser; refluía mi sangre al corazón, y respirando con angustiosa dificultad pensaba en mi vida, que se consume cerca de ti, sin alegría, sin esperanza. ¡Ah!, estaba helado de espanto.
Apenas pude llegar a mi alcoba, donde caí de rodillas, completamente loco. ¡Oh Dios mío!, tú me concediste por última vez el consuelo de llorar. Pero ¡qué lágrimas tan amargas! Mil ideas, mil proyectos agitaron tumultuosamente mi espíritu, fundiéndose al fin todos en uno solo, pero firme, inquebrantable: ¡morir! Con esta resolución me acosté, con esta resolución, inquebrantable y firme como ayer, he despertado: ¡quiero morir! No es desesperación, es convencimiento: mi carrera está concluida, y me sacrifico por ti. Sí, Carlota, ¿por qué te lo he de ocultar? Es preciso que uno de los tres muera, y quiero ser yo. ¡Oh vida de mi vida! Más de una vez en mi alma desgarrada ha penetrado un horrible pensamiento: matar a tu marido..., a ti..., a mí. Sea yo, yo solo; así será.
Cuando al anochecer de algún hermoso día de verano subas a la montaña, piensa en mí y acuérdate de que he recorrido muchas veces el valle; mira luego hacia el cementerio, y a los últimos rayos del sol poniente vean tus ojos cómo el viento azota la hierba de mi sepultura. Estaba tranquilo al comenzar esta carta, y ahora lloro como un niño. ¡Tanto martirizan estas ideas mi pobre corazón!
Tú no me esperas; tú crees que voy a obedecerte y a no volver a tu casa hasta la víspera de la Navidad... ¡Oh Carlota!..., hoy o nunca. El día de la Nochebuena tendrás este papel en tus manos trémulas y lo humedecerás con tus preciosas lágrimas. Lo quiero..., es preciso. ¡Oh, qué contento estoy de mi resolución. ¡Oh! ¡Perdóname, perdóname! Ayer... aquél debió ser el último momento de mi vida. ¡Oh ángel! Fue la primera vez, si, la primera vez que una alegría pura y sin límites llenó todo mi ser. Me ama, me ama... Aún quema mis labios el fuego sagrado que brotaba de los suyos; todavía inundan mi corazón estas delicias abrasadoras. ¡Perdóname, perdóname! Sabía que me amabas; lo sabía desde tus primeras miradas aquellas miradas llenas de tu alma; lo sabía desde la primera vez que estrechaste mi mano. Y, sin embargo, cuando me separaba de ti o veía a Alberto a tu lado, me asaltaban por doquiera rencorosas dudas. ¿Te acuerdas de las flores que me enviaste el día de aquella enojosa reunión en que ni pudiste darme la mano ni decirme una sola palabra? Pasé la mitad de la noche arrodillado ante las flores, porque eran para mí el sello de tu amor; pero, ¡ay!, estas impresiones se borraron como se borra poco a poco en el corazón del creyente el sentimiento de la gracia que Dios le prodiga por medio de símbolos visibles. Todo perece, todo; pero ni la misma eternidad puede destruir la candente vida que ayer recogí en tus labios y que siento dentro de mí. ¡Me ama! Mis brazos la han estrechado, mi boca ha temblado, ha balbuceado palabras de amor sobre su boca. ¡Es mía! ¡Eres mía! Sí, Carlota, mía para siempre. ¿Qué importa que Alberto sea tu esposo? ¡Tu esposo! No lo es más que para el mundo, para ese mundo que dice que amarte y querer arrancarte de los brazos de tu marido para recibirte en los míos es un pecado. ¡Pecado!, sea. Si lo es, ya lo expío. Ya he saboreado ese pecado en sus delicias, en sus infinitos éxtasis. He aspirado el bálsamo de la vida y con él he fortalecido mi alma. Desde ese momento eres mía, ¡eres mía, oh Carlota! Voy delante de ti; voy a reunirme con mi padre, que también lo es tuyo, Carlota; me quejaré y me consolará hasta que tú llegues. Entonces volaré a tu encuentro, te cogeré en mis brazos y nos uniremos en presencia del Eterno; nos uniremos con un abrazo que nunca tendrá fin. No sueño ni deliro. Al borde del sepulcro brilla para mí la verdadera luz. ¡Volveremos a vernos! ¡Veremos a tu madre y le contaré todas las cuitas de mi corazón! ¡Tu madre! ¡Tu perfecta imagen! Han pasado por tus manos; tú misma les has quitado el polvo, tú las has tocado..., y yo las beso ahora una y mil veces. ¡Angel del cielo, tú favoreces mi resolución! Tú, Carlota, eres quien me presentas este arma destructora, así recibiré la muerte de quien yo quería recibirla. ¡Qué bien me he enterado por el criado de los menores detalles! Temblabas al entregarle estas armas...; pero ni un adiós me envías. ¡Ay de mí!, ni un adiós. ¿Acaso el odio me ha cerrado tu corazón por aquel instante de embriaguez que me ha unido a ti para siempre? ¡Ah, Carlota!, el transcurso de los siglos no borrará aquella impresión; y tú, estoy seguro de ello, no podrás aborrecer nunca a quien tanto te idolatra. Guillermo: por última vez he visto los campos, el cielo y los bosques. También a ti te doy el último adiós. Tú, madre mía, perdóname. Consuélala, Guillermo. Dios os colme de bendiciones. Todos mis asuntos quedan arreglados. Adiós, volveremos a vernos..., y entonces seremos más felices. Todo duerme en torno mío, y mi alma está tranquila. Te doy gracias, ¡oh Dios!, por haberme concedido en momento tan supremo resignación tan grande. Me asomo a la ventana, amada mía, y distingo a través de las tempestuosas nubes algunos luceros esparcidos en la inmensidad del cielo. ¡Vosotros no desapareceréis, astros inmortales! El Eterno os lleva, lo mismo que a mí. Veo las estrellas de la Osa, que es mi constelación favorita, porque, de noche, cuando salía de su casa, la tenía siempre delante. ¡Con qué delicia la he contemplado muchas veces! ¡Cuántas he levantado mis manos hacia ella para tomarla por testigo de la felicidad de que entonces disfrutaba! ¡Oh Carlota!, ¿qué hay en el mundo que no traiga a mi memoria tu recuerdo? ¿No estás en cuanto me rodea? ¿No te he robado codicioso como un niño, mil objetos insignificantes que habías santificado con sólo tocarlos? Tu retrato, este retrato querido, te lo doy suplicándote que lo conserves. He estampado en él mil millones de besos, y lo he saludado mil veces al entrar en mi habitación y al salir de ella. Dejo una carta escrita para tu padre, rogándole que proteja mi cadáver. Al final del cementerio, en la parte que da al campo, hay dos tilos, a cuya sombra deseo reposar. Esto puede hacer tu padre por su amigo, y tengo la seguridad de que lo hará. Pídeselo tú también. Carlota. No pretendo que los piadosos cristianos dejen depositar el cuerpo de un desgraciado cerca de sus cuerpos. Deseo que mi sepultura esté a orillas de un camino o en un valle solitario, para que, cuando el sacerdote o el levita pasen junto a ella, eleven sus brazos al cielo, bendiciéndome, y para que el samaritano la riegue con sus lágrimas. Carlota, no tiemblo al tomar el cáliz terrible y frío que me dará la embriaguez de la muerte. Tú me lo has presentado, y no vacilo. Así van a cumplirse todas las esperanzas y todos los deseos de mi vida, todos, sí, todos. Sereno y tranquilo voy a llamar a la puerta de bronce del sepulcro. ¡Ah, si me hubiese cabido en suerte morir sacrificándome por ti! Con alegría con entusiasmo hubiera abandonado este mundo, seguro de que mi muerte afianzaba tu reposo y la felicidad de toda tu vida. Pero, ¡ay!, sólo algunos seres privilegiados logran dar su sangre por los que aman y ofrecerse en holocausto Para centuplicar los goces de sus preciosas existencias. Carlota, deseo que me entierren con el traje que tengo puesto, porque tú lo has bendecido al tocarlo. La misma petición hago a tu padre. Prohibo que me registren los bolsillos. Llevo en uno aquel lazo de cinta color de rosa que tenías en el pecho el primer da que te vi rodeada de tus niños... ¡Oh! Abrázalos mil veces y cuéntales el infortunio de su desdichado amigo. ¡Cuánto los quiero! Aún los veo agruparse en torno mío. ¡Ay, cuánto te he amado desde el momento en que te vi! Desde ese momento comprendí que llenarías toda mi vida... Haz que entierren el lazo conmigo... Me lo diste el día de mi cumpleaños, y lo he conservado como sagrada reliquia. ¡Ah!, nunca sospeché que aquel principio tan agradable me condujese a este fin. Ten calma, te lo ruego; no te desesperes... Están cargadas... Oigo las doce... ¡Sea lo que ha de ser! Carlota..., Carlota... ¡Adiós, adiós!



sábado, 29 de mayo de 2010

"Vampiros", la mejor recopilación del tema.



Esta antología, que ahora se reedita ampliada con tres cuentos inéditos es, a mi juicio, la más completa y documentada que existe hasta el momento en español.
Reúne seguramente los mejores textos cortos de vampiros que se han escrito desde principios del siglo XIX hasta casi finales del siglo XX, en cualquiera de sus variantes, ya sea en su aspecto más primitivo, como «reviniente» inspirado en el folclore eslavo, como noble perverso con un irresistible magnetismo erótico, o bien como bella y cruel vampiresa, instigadora de la fatalidad de los hombres...todas estas muestras de la «tempestuosa belleza del terror» siguen fascinando a través de los siglos, pues en ella se funden el deseo más tenebroso de la sexualidad con el más profundo miedo a la muerte, dos ingredientes que nunca dejarán de cautivar a la imaginación.

Publicada por primera vez en 1993; y reeditada mas tarde en 2001 con nuevos cuentos y una introducción más larga de Jacobo Siruela, esta tercera entrega de 2010, publicada ahora en Atalanta, añade tres cuentos nuevos del siglo XX:August Derleth, (editor de Arckham House), introduce una nueva variante con su vampiro de la nieve; Richard Matheson (el autor de «Soy leyenda») inserta el vampirismo en la cotidianedad contemporánea; y Robert Aickman, considerado el más grande escritor inglés de cuentos sobrenaturales de la segunda mitad del siglo pasado, recrea el mito con gran sutileza psicológica.

lunes, 26 de abril de 2010

Una novedad editorial para aplaudir!!!!!!!!!

La Venus de las pieles y otros relatos
Leopold von Sacher-Masoch



Severin von Kusiemski, un noble polaco culto, sensible y un tanto visionario, conoce a Wanda von Dunajew en un pequeño balneario de los Cárpatos. Pronto caerá fascinado ante sus encantos y tratará de convencerla para que le acepte como esclavo y materializar así sus más íntimas fantasías eróticas. En un principio, Wanda se resiste a este ofrecimiento, pero, poco a poco, la relación se irá sumergiendo en un infierno-paraíso de creciente crueldad y humillación.

Admirado por Zola, Victor Hugo y Edmond de Goncourt, Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), «el Turgueniev austriaco», ha pasado a la posteridad, no por su extensa y variada obra, hoy casi olvidada, sino por dar nombre a una perversión erótica, el masoquismo, cuya conducta y psicología describe minuciosamente, con toda la parafernalia y fetichismo de la dominación (cueros, látigos, contratos de sumisión...), en La Venus de las pieles (1870), su novela más conocida.


Editorial Valdemar.Traducción de José Rafel Hernández Arias
Colección: Planeta Maldito

jueves, 25 de marzo de 2010

Machen - Relatos.



Arthur Machen (1863-1947), al igual que su contemporáneo Lord Dunsany, fue un obstinado soñador que creó una de las obras más líricas y exquisitas que ha dado hasta la fecha el género de terror. Tutor, traductor, corrector de pruebas, catalogador de libros raros, actor de teatro y sobre todo periodista, Machen trasladó al papel sus arrebatados y melancólicos sueños con esa rara intensidad y soledad propias de la poesía, tratando de desvelar los enigmas que se ocultan más allá de la existencia y fuera del tiempo y logrando que la belleza y el horror resuenen en sus relatos al unísono. A diferencia de Le Fanu o M.R. James, Machen, inspirado por su origen celta, no escribió sobre fantasmas sino más bien sobre fuerzas elementales, maleficios que sobreviven o poderes malignos invocados por el folklore y los cuentos de hadas, como los hermosos y juguetones seres que se le aparecen en el bosque a la protagonista de El pueblo blanco, «probablemente el mejor relato sobrenatural del siglo, tal vez de la literatura» en palabras del gran E.F. Bleiler), o la malévola gente pequeña que hace acto de presencia tanto en El sello negro como en La pirámide resplandeciente o en De las profundidades de la tierra, esa enigmática y horrible raza precéltica, negra y achaparrada, forzada a vivir en las entrañas de la tierra, donde todavía practica sus infames ritos sacrificiales. Esta antología recoge lo más granado y significativo de la ingente obra fantástica de Machen, que tanto influyó en el maestro del horror sobrenatural, H.P. Lovecraft.
No te lo pierdas.

viernes, 19 de marzo de 2010

"Vida y destino"- Vasili Grossman


A la novela del ruso Vasili Grossman (1905-1964), 'Vida y destino' (traducción con ovación de Marta Rebón ), se le perdona cualquier desarreglo y error, por la sencilla razón de que tiene mucho que contar y cuenta mucho a lo largo de 1.100 páginas, 150 personajes y unas veinte sagas narrativas que se encargan del mundo civil, moral, político y militar durante la Segunda Guerra Mundial. Una empresa decimonónica con los bagajes de la crónica narrativa del XX. Si quieren ficciones reales, como pretendía Capote, aquí se van a hartar.

A este escritor ruso, que estuvo en la batalla de Stalingrado y en otra media docena de penalidades históricas, y que vio secuestrada esta novela por el régimen soviético (1961), le preocupa sobre todo la moral en el sufrimiento, es decir, le preocupa el sentido de lo humano cuando todo lo humano habita en el infierno. En este libro hay campos de trabajo alemanes y rusos, guetos y prisiones, batallas y violencia política, guerra sin tregua y paz en guerra, pero la mirada no se eleva a los destinos históricos de las masas o de las civilizaciones, sino que descansa en la percepción del tiempo de un combatiente durante la refriega, en la manera de abrir una carta que llega del frente o de escribir la última ante la muerte inminente, en el sentimiento retráctil que une a un superviviente o a un prisionero con los que comparten su hora, en la esperanza radical y rotunda de un condenado cuando no hay esperanza posible…

No hay nada paradójico en el aliento vital que finalmente insufla esta historia en la que los seres humanos sorprenden a la vez por su bondad y por su perversidad, en ocasiones sin cambiar de sujeto. No hay aquí un canto de esperanza, ni el laudo de la oración fúnebre, como tampoco hay pesimismo lastimero, ni histórico ni antropológico. Hasta el pesar mismo está tratado como una condición humana capaz de exaltar lo mejor y lo peor de cada cual. La sensación que queda es la de que en el peor de los mundos posibles siempre ganan los buenos o, mejor dicho, lo bueno. Es lógico: brilla más, tiene más fuerza que lo que se deja llevar por la corriente, definición incuestionable del mal. Aceptar, claudicar, obedecer a ciegas, cumplir con el mandato de otros, seguir a la mayoría o a los poderosos: lo fácil coincide con el horror.

Se ha elogiado mucho este libro por su grandiosidad, por su amplitud pictórica, por la inmensidad de su testimonio. Sin embargo, su gran valor está en lo pequeño, en los seres que sólo ocupan un rincón del mundo y que enseñan esas venas del alma por las que circula la vida cuando merece ser vivida. Al espíritu las circunstancias sólo le importan para sobreponerse a ellas.

"Sanguinarius -13 Historias de vampiros" - Ed.Valdemar.



Más allá de la figura del aristócrata «satanique» y decadente, esbozada primero por John William Polidori e institucionalizada después por Bram Stoker, a lo largo de los siglos XIX y XX, el vampiro ha sido objeto de múltiples revisiones y reinterpretaciones mitológicas, de miradas perversas y desmitificadoras, de tratamientos innovadores o neoclásicos.
Los trece relatos que componen la presente antología de cuentos de vampiros, Sanguinarius –titulada así en claro homenaje a Ray Russell y Erzsébet Báthory–, fueron escritos entre 1820 La novia de las islas y 1967 El muerto viviente, englobando así casi ciento cincuenta años de horrores literarios; en suma, la edad dorada del vampiro como icono de la cultura popular.

De los «Penny Dreadfuls» victorianos a la revista pulp estadounidense «Weird Tales», de diletantes como el conde Eric Stenbock a grandes genios de la narrativa fantástica como Richard Matheson, de amantes del ocultismo como Gustav Meyrink a profesionales de la pluma –ya fuera para la página impresa, la radio, el cine o la televisión–, como es el caso de Robert Bloch, los cuentos aquí seleccionados son una muestra muy representativa de la evolución del «nosferatu» al margen de modas y tendencias muy precisas.

A pesar de que la mayoría de ellos pertenecen a la órbita anglosajona, los estilos y argumentos de cada uno demuestran que la narrativa vampírica trasciende el tópico del noble de sienes plateadas y amplia capa negra –quizá fosilizado por culpa del cine de terror–, abriéndonos a una amplísima gama de posibilidades dramáticas que van de un primerizo y perverso Conde sediento de sangre a las horrendas criaturas que se alimentan de nuestra energía vital, pasando por entes extraterrestres o no-muertos con indudable conciencia humana. «Sanguinarius» es, en suma, una invitación a abrir nuestros sentidos a las tinieblas, a renovar nuestra irrefrenable pasión por la sangre.

Traducción de José Luis Moreno-Ruiz

Colección: El Club Diógenes / CD-285

sábado, 28 de noviembre de 2009


A pesar de la brevedad de su carrera literaria, Robert E. Howard (1906-1936), que nunca abandonó la casa familiar en la localidad texana de Cross Plains, contribuyó de un modo decisivo al surgimiento y auge de la literatura pulp norteamericana en los años veinte y treinta del pasado siglo con la publicación en revistas populares, como Weird Tales, de centenares de relatos de terror, aventuras, fantásticos, históricos, etc., fruto de su poderosa imaginación. Impulsó junto con su amigo epistolar H.P. Lovercraft y el californiano Clark Ashton Smith, «los tres mosqueteros de Weird Tales», el fenómeno fandom, que tanta influencia ha tenido en la cultura popular, y dio origen, anticipándose unos años a JRR Tolkien, al género de fantasía heroica (Espada y Brujería) con su héroe bárbaro Conan el Cimerio o el peregrino justiciero del siglo XVI Solomon Kane.

Sobre la variedad de registros y temáticas de que era capaz la fértil imaginación de Howard, el aficionado encontrará en este volumen, Canaan negro y otros relatos de horror sobrenatural, una buena muestra. Los dieciocho relatos reunidos en esta antología han sido traducidos directamente de los textos originales, la mayoría publicados en vida de Howard, desechando las ilegítimas adulteraciones que sufrieron en ediciones posteriores. Entre ellos se pueden destacar Los moradores bajo la tumba y Canaan negro, dos soberbias narraciones de horror sobrenatural; los cuentos de fantasmas La perdición de Dermod y Aguas inquietas; los relatos de civilización perdida Delenda Est, La Casa de Arabu y La marca del cabo, o dos piezas que podrían adscribirse al género de weird menace, La Cosa con pezuñas y El fantasma del anillo.

sábado, 1 de agosto de 2009

Carta de una desconocida, por Stefan Zweig

"Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora"

domingo, 15 de marzo de 2009

"La piel fría" A.S.Piñol.

La piel fría es la mejor novela en la historia de la ciencia-ficción española, un clásico. Y lo digo como lo siento. Ya está.
Albert Sánchez Piñol (1965), escribió La pell freda, en catalán, en 2002 y fuetraducida al castellano al año siguiente, provocando rápidas adhesiones y corriendo el boca a boca por los mentideros de la crítica literaria española. Recibió el Premio Ojo Crítico de Narrativa y despertó el interés de las editoriales extranjeras, de tal modo que se convirtió en una de las novelas modernas escritas en catalán traducidas a un mayor número de idiomas.

La piel fría ahonda en profundidades inaccesibles para otros autores, algo constatable desde el primer párrafo. Novela circular de construcción perfecta, su argumento se resume en una sola línea: dos hombres encerrados en un faro se defienden, noche tras noche, del asedio al que lo someten unas criaturas submarinas. Como en las grandes novelas de las que se nutre, su esencia reside en el proceso mental de los personajes, sus relaciones, directas y con el entorno, y su manera de afrontar y entender la realidad de la situación en que están inmersos. En superficie, La piel fría retrotrae a la corriente decimonónica de la novela de aventuras, flirtea con los géneros de misterio y terror y sustenta su desarrollo en uno de los temas recurrentes de la ciencia-ficción, el de la especie inteligente ajena e incomprensible para el hombre. El autor crea a los extraños citauca (no es el único juego nominal) y sus comportamientos desde referentes bien conocidos como Lovecraft y Hodgson, y encuentra la inspiración (en algunos puntos intertextualidad) en la obra maestra de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, para configurar un apasionante estudio que indaga en la polisemia de la actitud humana y el relativismo del comportamiento moral.

Piñol maneja una prosa clara, adictiva, universal, rica en metáforas que buscan, junto al texto, la bipolaridad del sentimiento y el hacer humanos. Así, el interior se contrapone al exterior, el presente al pasado y el raciocinio a la pasión en una historia de carácter cíclico en la que se evidencia que por mucho que cambie el hombre a través de las generaciones, siempre seguirá sujeto a las mismas pautas, a los mismos deseos atávicos. Y es que de eso trata en realidad esta apasionante alegoría cuya trama se devora de forma enfermiza y cuyo contenido oculto invita al lector a buscar la condición humana en el otro.

El autor ha declarado su intención de alertar con esta obra sobre el peligro que representa la falsaria costumbre actual de animalizar la imagen del enemigo y presentarlo como una bestia carente de condición humana. Ha utilizado un escaso número de herramientas: una amenaza incomprensible, dos hombres de distinta formación, un tesoro a defender y una isla que permanecerá en el recuerdo del lector para siempre.

En la contracubierta se la vincula con nombres tan relevantes como Conrad, Poe o Stevenson... Él mismo dice:

La verdad es que tan solo me quedo con Conrad. Respecto a los otros autores que citas, creo que habría que hablar más de coincidencias que de influencias. Otros autores que me han influido mucho, muchísimo —al menos en las temáticas— son Buzzati y Coetzee. Pero mi tríada de favoritos son Henry Miller, Lévi-Strauss y Ernst Jünger. ¿Te los imaginas encerrados en una habitación sin ventanas? Seguro que acababan a tortas…” “Si hablamos del siglo XX, me quedo con esa estrella solitaria: Kafka.(…) Kafka es un borrón de la Creación”.


Pandora en el Congo, su siguiente novela, sigue una trama en esencia parecida, pero igualmente disfrutable. A finales de mes se publica en Español 13 tristes trances, una colección de cuentos que me tienen nerviosito.

sábado, 31 de enero de 2009

Aramburu: Premio RAE 2008 por 'Los peces de la amargura'

'Los peces de la amargura' está compuesto por diez relatos cortos en torno a la realidad vasca, un libro en donde, según Aramburu, se muestra "la escuela del odio que dificulta pensar en libertad" en el País Vasco, a través "de una doctrina basada en la consigna y la deshumanización de las víctimas".

"No hay discurso político, ni información de prensa que supere el hecho de haber vivido la realidad vasca", aseguró De la Concha, refiriéndose a la adolescencia de Aramburu, en constante roce, en palabras del autor, con "la fascinación de las formas, el fuego y las frases que resuenan dentro de la cabeza de un chaval de 14 ó 15 años" expuesto al "adoctrinamiento" de la izquierda abertzale.

"A mí me protegió del extremismo la vida en la ciudad, y la cultura, y los libros", afirmó Aramburu, quien mostró su pesimismo ante el posible fin de la violencia terrorista en el Pais Vasco. "El terrorismo etarra debe terminar por implosión, ya que ETA no es un grupo de gente, sino un mecanismo al que cualquiera se puede incorporar; sólo cabe la esperanza de generar disidencia dentro de ese mundo", aseveró el escritor.

Según Aramburu, 'Los peces de la amargura' es una "opción artística". "No me consta la existencia de un código moral en la obra de un escritor", afirmó el autor, quien, sin embargo, matizó que su mirada de la cuestión vasca "no fue neutral ni apolítica, mostrando sin indulgencia ni aquiescencia a los terroristas".
(Europa Press)


Un padre se aferra a sus rutinas y aficiones, como cuidar los peces, para sobrellevar el trastorno de una hija hospitalizada e inválida; un matrimonio acaba fastidiado por el hostigamiento de los fanáticos contra un vecino y esperan que éste se decida a marcharse; un hombre hace todo lo posible para que no lo señalen, y vive aterrado porque todos le dan la espalda; una mujer decide irse con sus hijos sin entender por qué la acosan.

Es difícil empezar a leer las historias en principio modestas, de una engañosa sencillez de
Los peces de la amargura, y no sentirse conmovido, sacudido –a veces, indignado– por la verdad humana con que están hechas, una materia extremadamente dolorosa para tantas y tantas víctimas del crimen basado en una excusa sin fundamento.



Más que merecido, obligado reconocimiento a una obra excepcional en todos los sentidos.

Ahí van las palabras del Maestro Pérez-Reverte.
Ellas me llevaron a la obra. Y nunca le estaré lo suficientemente agradecido.


LOS PECES DE LA AMARGURA

Es raro que recomiende una novela actual. Ni siquiera las de los amigos, excepto rarísimas excepciones. En primer lugar leo muy pocas. Las novelas las carga el diablo, y cada cual tiene sus gustos. No soy fiable en eso. Otra cosa son novelas de antes, clásicos y asuntos así; cosas que a uno le parecen poco conocidas, o injustamente olvidadas. También, muy rara vez, un autor joven o nuevo que me deslumbra, como ocurrió en su momento con Las máscaras del héroe de mi hoy vecino Juan Manuel de Prada, o cada vez que Roberto Montero, alias Montero Glez, saca libro nuevo –acaba de publicar su premiada Pólvora negra–. A veces algún lector me pide una lista de títulos; pero procuro escurrir el bulto, en especial cuando se trata de novela posterior a la primera mitad del siglo XX, excepto Anthony Burgess, Le Carré, Pynchon, O’Brian y alguno más. Todos guiris, como ven. En España, mis labios están sellados. O casi. Por una parte, no estoy muy al tanto. Por la otra, no me gusta ser responsable de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo. Bastante tengo encima con lo mío.

Hoy, sin embargo, debo saltarme la norma. Y lo hago porque ni conozco al autor ni creo que me lo tropiece nunca. Se llama Fernando Aramburu, es más o menos de mi quinta, vasco de San Sebastián, y creo que vive en Alemania. Todo esto lo sé por la solapa del libro, que salió hace año y medio, pero que me regaló ayer mi compañero de la Real Academia Carlos Castilla del Pino. Se titula Los peces de la amargura, y lo hojeé más por cortesía que por otra cosa. Pensaba dedicarle media hora pero me lo zampé en una tarde, hasta la última página, tras haberme removido doscientas veces, conmovido e inquieto, en la butaca. Luego me levanté pensando: «Mañana me toca escribir lo de XLSemanal, y así de caliente tengo dos opciones: desahogar esta mala leche, y que algunos lectores vascongados se acuerden de mis muertos, o escribir un artículo hablando de este puto libro». Así que ya ven. Me decido por el libro.

Son varias historias escritas de forma muy limpia, sin adornos. Al grano. Prosa seca y cortada, casi documental. Todas ocurren en el País Vasco, en pueblos o ciudades. Vida doméstica que allí es cotidiana: un padre que se aferra a los peces de su acuario para soportar la desgracia de su hija mutilada en atentado terrorista, la madre de un joven preso de ETA, la mujer de un policía municipal hostigada en un pueblo, el compañero de juegos que luego lo será de atentados, la cobardía vecinal ante el que ha sido marcado como enemigo de la patria vasca... No son historias contadas desde un solo punto de vista. Todo cabe en ellas: los motivos y las sinrazones, los verdugos y las víctimas cuyos papeles pueden trocarse en un momento. La memoria y el presente, el miedo, la vileza, la desesperanza, la derrota, la supervivencia. Sobre las doscientas cuarenta y dos páginas del libro –ya he dicho que se lee en una tarde– planea todo el tiempo una sombra densa de tristeza. De la amargura que contiene el título de esta obra singular.

Créanme: no hay discurso de político, información de prensa, análisis de experto, obra monumental por volúmenes, telediario ni retórica alguna que logre transmitir de forma tan contundente, estremecedora, el hecho de haber vivido y vivir la realidad vasca. La de verdad. La que nunca hay cojones para expresar en voz alta. No la simpática de boina, tapeo y partida en el bar, ni la idílica rural de valles y colinas verdes, ni la oficial de discursos mirando al tendido. Los peces de la amargura cuenta la verdad de un mundo, de una tierra y de una gente con miedo, con odio, con cáncer moral en el alma. De algo a lo que el silencio de tantos años, el paraguas de las complicidades cruzadas, la cobardía y la infamia, siempre presentes y nunca desnudas, no han hecho sino pudrir y enquistar como un absceso. Sin que le tiemble el pulso, desgranándolo con mucha calma página a página, el autor nos habla precisamente de todo aquello de lo que allí no se habla, no se debe mirar y no se toca: el miedo de una esposa, el silencio de una madre, la desesperación de la ausencia, la impotencia de la víctima, el veneno de los obtusos y los malvados, la ausencia de caridad de los fanáticos, la infame ruindad cobarde, insolidaria, que nos caracteriza a la mayor parte de los seres humanos.

No sabía mucho hasta ahora, como digo, de Fernando Aramburu ni de este libro –no hay tiempo ni ganas para todo–, excepto que su autor es escritor solvente y respetado por algunos de mis amigos. Tampoco sé si le caigo bien o mal, o si ha leído alguna de mis novelas. Me importa un rábano. Pero merece esta página más que yo. Por eso hoy se la dedico. Para que conste.

El Semanal 18 de mayo de 2008

jueves, 27 de noviembre de 2008

"Las aventuras del buen soldado Svejk"

Leer "Las aventuras del buen soldado Svejk" es, en cualquier caso, ya sea la novela original, ya alguna de sus versiones para el teatro, una gran fiesta para el espíritu; y más aún en una versión teatral, pues la irrisoria grandeza del personaje llega a nosotros en toda su pureza y con todos los reflejos propios de una creación que bien puede considerarse genial, y que destacó a su autor, el escritor checo Jaroslav Hasek, a la primera fila de los escritores europeos.

Son "las aventuras de un idiota", en la expresión de Mónika Zgustová (la traductora de la edición que he leido), pero de un idiota capaz de revelar con enorme fuerza las idioteces de un sistema, los horrores del militarismo denunciados no mediante la rebelión frontal a su tiranía sino obedeciendo escrupulosamente las órdenes que de ese sistema proceden. En ello reside la clave de la genialidad del personaje, que en seguida se situó por derecho propio entre los grandes tipos de la literatura. Para el gran novelista Bohumil Hrabal, declarado admirador de esta novela, Svejk "es un personaje tan enigmático que creo que nadie lo comprende del todo"; es "un enigma", condición que comparte con Hasek.

El escritor Eduardo Mendoza confesó haberse quedado "embobado" ante este "clásico" y sorprendido por "la estructura infantil del libro, es decir una novela hecha para adultos pero a la manera de un cuento infantil".

Hasek se sitúa en la senda de la novela picaresca del Lazarillo de Tormes, pero en la novela checa el lector se encuentra con "un pícaro pasado por guerras, por pogromos y con espías".

La novela narra la historia de las aventuras de un veterano soldado Checo llamado Josef Švejk durante la 1ª Guerra Mundial.La historia comienza con el asesinato de Francisco Fernando de Austria en Sarajevo. Tras un periplo por tribunales, calabozos y manicomios, este entrañable pícaro moderno acaba enrolado en las filas del ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial. Allí dará muestras de su infinita inocencia, verborrea aplastante y sentido común, armas suficientes para hacer frente a la estupidez supina de los estamentos militares. En esta fase va viviendo diversas aventuras a medida que se acerca al frente de batalla.

Su forma especial de atender a las órdenes de sus superiores y la forma de ejecutarlas hace quedar siempre en duda al lector acerca de su posible estupidez/sabiduría, su capacidad dual ante el mundo inventa un estilo que con el tiempo se ha venido a denominar con la palabra "švejking".

La historia se centra en el transcurso del primer año de guerra, lo que permite a Švejk unirse a diversas aventuras satíricas en diferentes lugares. Todas ellas forman parte de una larga anábasis hasta unirse a los frentes de batalla. La novela está inacabada y rompe la trama de forma inesperada antes de que Švejk tenga oportunidad de participar en las trincheras.

El escritor "Predice los Estados totalitarios, nazi y comunista, que llegarían después y esas trazas de profecía se ven también en Las aventuras del buen soldado Svejk", según Zgustova.

El antimilitarismo es otro de los ejes que atraviesa la novela. Ha sido ejemplo en muchos países durante el siglo XX y XXI. Incluso es un espejo para los grupos culturales contrarios a la guerra de Irak.

La desaparición prematura del autor, que incluso tuvo que dictar la última parte de ella, dejó a Svejk errante pero sin llegar a combatir en el frente. "Aunque abierto, quizá el mejor final para añadir una nueva dimensión a la novela", nos dice la traductora. Puede ser...aunque me encantaría saber cual es el camino final de este entrañable personaje, inolvidable.

Estatua en Eslovaquia.

"Las aventuras del buen soldado Svejk"
, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2008. Traducción de Monika Zgustova.


Y para la peña con más posibles, hay edición ilustrada.
¿He dicho ya que es genial?

Memorable!.

«Si me pidieran que eligiera tres obras de este siglo que formaran parte de la literatura universal, Las aventuras del buen soldado Svejk sería una de ellas.»
Bertolt Brecht

martes, 18 de noviembre de 2008

"El niño robado" de Keith Donohue.

Hace unas horas terminé este libro...y puedo decir que hacía mucho tiempo que no quedaba prendado de esta manera...
(al menos con una novedad...cada vez que releo a Melville, Conrad o Poe me siento rejuvenecer y tengo ganas de salir corriendo a la calle y gritar...pero eso es otro-vergonzante tema. juas)


Es un moderno cuento de hadas para adultos q se basa en un mito de la Europa nórdica: los trasgos, unos duendes que se apropian de la vida de los niños adoptando su apariencia.
En el verano de 1949 el pequeño Henry es secuestrado, y suplantado por un trasgo impostor que toma su lugar en el mundo. Con el paso del tiempo, Henry, ahora llamado Aniday, aprende a convivir con otros trasgos que esperan su turno para apropiarse de la vida de algún humano, mientras su doble se convierte en músico y se conforma con una vida mediocre. Ni el Henry humano ni el duende impostor se sienten cómodos con su existencia y, cuando se encuentran de nuevo, treinta años después, los dos personajes apenas recuerdan nada, pero tienen la sensación de vivir atrapados entre dos mundos.

Una narración exquisita, una fábula literaria universal, en la que la sutil combinación de fantasía y realidad invita a la reflexión sobre la vida. Keith Donohue elabora con maestría un relato mágico, en ocasiones dramático y conmovedor, acerca de la infancia, la pérdida de la inocencia ligada a la adolescencia y el ingreso en la madurez...
Un cuento de hadas que es mucho más que eso...

IMPRESCINDIBLE.


miércoles, 15 de octubre de 2008

Cristina F. Cubas: "Parientes pobres del diablo"

Cristina Fernández Cubas es, probablemente, una de las mejores escritoras de este pais.
Supongo que megusta tanto por su dominio y absoluta maestría en el campo del relato, la novela corta...el cuento, vamos.
No hay nada más dificil de escribir que un buen cuento. Y la escritora catalana no tiene uno malo, se lo aseguro a vuestras mercedes. Aunque en materia novelística no se queda corta, y obras como "El año de Gracia" y "El columpio" así lo corroboran.
Pero es que sus cuentos!!..
"Mi hermana Elba", "El ángulo del horror", "Con Ágata en Estambul"...y el libro que vengo a recordar hoy que me entero que publica reunidos todos los cuentos: "Parientes pobres del Diablo"...Libro que marcó un mes decisivo en mi vida y que dejó grabadas a fuego cientos de imágenes en mi retina y mi memoria.

Un comerciante que sufre en África los efectos de una extraña maldición al alojarse en un pequeño hotel en apariencia tranquilo y confortable. Un joven de buena familia decide emplear su tiempo y sus viajes en investigar una casta humana nacida para el mal, perfecta encarnación de lo diabólico. Una anciana suspicaz, temerosa de que sus familiares la ingresen en una residencia, atribuye a un «simpático» moscardón su alteración de rutinas y el reencuentro con viejas compañeras de colegio, con las que revive ?¿o transforma?? escenas del pasado...
Como el mejor Henry James...o lo que es lo mismo, como la mejor literatura que se ha escrito.

Pues eso...
Parientes pobres del diablo
Imprescindible.

jueves, 7 de agosto de 2008

Pilar Pedraza

Pilar Pedraza (Toledo, 1951), la indiscutible reina de la literatura macabra patria, discurre por senderos alejados de las modas y círculos litera­rios; esta “Dama Oscura”, toda luz y sonrisas, acaso paradigma de la literatura gótica en España, se desplaza de punti­llas por el panorama narrativo dejando una profunda y sólida huella en la literatura fantástica de terror y en la novela y el cuento góticos.
La coherencia y solidez de su obra, su estilo barroco y luminoso a la vez, así como la recurrencia a temáticas alejadas de lo circunstancial, que apelan a los valores constantes del inconsciente y de la cultura, constituyen los pilares de su obra.
Desde joven Pilar Pedraza reside en Valencia, en cuya Universidad es profesora de Artes a cargo de la cátedra de Historia del Cine. Es autora de las novelas “Las novias inmóviles” , "La fase del rubí” , “Las joyas de la serpiente” , “La pequeña Pasión” , “Paisaje con reptiles” , “Piel de Sátiro” , “La perra de Alejandría” , de varios libros de cuentos entre los que destaca la magnífica colección de relatos de terror “Arcano Trece” , y de los ensayos “La bella, enigma y pesadilla” , “Máquinas de amar” , “Espectra” , etc, así como de la traducción del latín del clásico de la literatura esotérica: “El sueño de Polifilo” . Pilar Pedraza es una autora fiel a sus lectores, a sus convicciones y a su propia obra, una Dama Oscura cuya imagen refulge en el espejo de las letras góticas, cuyas palabras son capaces de generar escalofríos al aficionado más avezado del terror y el género gótico en general.

Una escritora imprescindible, de culto, la gran creadora de atmósferas inquietantes.
Seguida por un grupo de admiradores incondicionales cada vez más numeroso, ha consolidado una obra singular y extraordinaria al margen de las corrientes y modas imperantes en nuestras letras.


Odia:
"La cultura reducida a consumo y propaganda política; me duele como ciudadana, sobre todo porque sé lo que hay detrás de muchas cosas, y la enorme cantidad de mentiras y chapuzas que es capaz de producir el sistema, sobre todo con gobiernos de derechas. Como persona individual, me las arreglo para gestionar mi propia cultura y compartirlo con mis amigos y mis estudiantes, si se dejan."

Le gusta: "
Sade, Zola, Meyrink, Valle Inclán, góticos y fantásticos, Saki, Kafka, Poe, Thomas Mann, Panero, Alfonso sastre, Cunqueiro, Highsmith, Sontag y Monterroso."


"...estaba condenado, como todos, a no verse a sí mismo más que en el espejo, que devuelve la imagen tergiversada sutilmente"
La fase del rubí

Una grande entre las grandes.

Obras:

Narrativa

  • Las joyas de la serpiente (1984)
  • Necrópolis (cuentos) (1985)
  • La fase del rubí (1987)
  • Mater Tenebrarum (cuentos) (1987)
  • La pequeña pasión (1990)
  • El gato encantado (1992)
  • Las novias inmóviles (1994)
  • Paisaje con reptiles (1996)
  • Arcano 13, cuentos crueles (2000)
  • Piel de sátiro (1997)
  • Fantástico interior : antología de relatos sobre muebles y aposentos (2001)
  • La perra de Alejandría (2003)
  • El síndrome de Ambrás (2008)

Ensayo

  • Barroco efímero en Valencia (1982)
  • Tratado de arquitectura de Antonio Averlino "Filarete" (1990)
  • Metrópolis, Fritz Lang: estudio crítico (2000)
  • La bella, enigma y pesadilla (1991)
  • Federico Fellini (1993)
  • Máquinas de presa : la cámara vampira de Carl Th. Dreyer (1996)
  • Máquinas de amar. Secretos del Cuerpo Artificial (1998)
  • "La mujer pantera": Jacques Tourneur (1942) (2002)
  • Espectra. Descenso a las criptas de la literatura y el cine (2004)

Traducción

  • Sueño de Polífilo (1999)
  • La fuga de Atalanta: alquimia y emblemática (1989)
Mis favoritas:
Arcano Trece: Libro de relatos donde se reúnen una buena cantidad de sus cuentos, 13 relatos cuyo tema principal es la muerte (el decimotercer arcano mayor del Tarot), agrupados en tres apartados: La carreta de las osamentas (tres relatos que se inscriben en la tradición barroca y gótica), Eros melancólico (una serie de siete relatos virulentos, con grandes dosis de humor negro, emparentados con la fantasía macabra clásica al estilo de Bierce y Meyrink), y La muerte sobre ruedas (tres historias de ambiente contemporáneo, pero no menos inquietantes). Nuestra autora reelabora los principales mitos del género: el vampiro, la mujer pantera, la aprendiza de bruja, el monstruo de laboratorio, la venta del alma al diablo...



La Perra de Alejandría: La protagonista ubicua de esta novela es la ciudad de Alejandría, la más inquieta y cosmopolita del orbe mediterráneo a comienzos de la era cristiana. Allí, escenifica magistralmente un tiempo convulso, inicio de la decadencia de la gran metrópoli, rubicón del auge del cristianismo que habría de acabar con siglos de tolerancia y eclecticismo cultural.

En La perra de Alejandría, esta crisis de civilización se encarna en personajes como el cínico Elpidio, líder local de la secta del perro, quien, aunque cuenta con casa y familia, vive en la calle, siguiendo el ejemplo del gran Diógenes; Críspulo, el ambicioso y despiadado obispo cristiano de Alejandría, dispuesto a todo para arrinconar las creencias paganas e imponer la «fe única»; Melanta, hija del astrónomo Filoteo y profesora en el Museo, iniciada en la secta órfica y capaz de suscitar la epifanía del dios más libre del Olimpo: Dioniso; Teófila Lágida, gran dama y presidenta de las cofradías dionisiacas; o Mihal Gospod, conocido como Bárbaro, príncipe dacio en el exilio afiliado a la secta del perro (los cínicos), verdadero hilo conductor de los terribles episodios que narra esta novela.

La ciudad de Alejandría se prepara y engalana para celebrar las fiestas dionisiacas. Una mañana aparece muerto El Rubio, misterioso personaje que vive en la calle como un indigente, aunque es considerado en secreto por los cofrades dionisiacos como una encarnación del dios, ensartado en un grueso y largo palo. Este crimen -en el que se puede ver un macabro reverso de la crucifixión cristiana- achacado a la guardia del obispo, provoca una tormenta de episodios sangrientos y venganzas que acabará de un modo sorprendente, fantástico e inquietante, al más puro estilo de la autora.

Espectra: La turbia imagen de la Mujer muerta, tema central de este singular ensayo, es anterior al cine. El arte se ha servido de ella desde tiempos inmemoriales y se ha vertido mucha tinta sobre su fascinación por parte de escritores y filósofos. El psicoanálisis creyó identificarla con la madre muerta.

En esta ocasión Pedraza ha dirigido su perspicaz visión hacia la Mujer muerta “que yace en nuestro interior y sobre todo a la révenante, que vuelve una y otra vez, porque los muertos nunca mueren del todo, especialmente Ella”. Vampiras, empusas, lamias, aparecidas, mujeres de cuadro, zombis, resucitadas pueblan esta particular “galería de espectros”, oscuro reflejo de nuestra imaginación más mórbida.

“Espectra es la madre de todos los fantasmas, esa vampira que nos seduce, esa difunta que nos atormenta, la bella niña que duerme en una caja de cristal, la amazona que muere entre los brazos del héroe que la ama, la esposa añorada por su viudo hasta la locura, la mujer astronauta de Solaris, la que resucita, la que grita en la noche el nombre de su hija... La hemos creado y tenemos que aprender a vivir con ella...”, explica Pilar Pedraza sobre su obra.

Espectra, más que un ensayo es un descenso por las criptas de la literatura y el cine, con humor y mucho amor hacia lo fantástico.



Todas merecen la pena. "Paisaje con reptiles", llena de brujería, erotismo y crueldad enmarcada en una isla tropical, "Piel de Sátiro", en la que se describle una de las mejores escenas que he leido nunca (la rebelión del subsuelo, que comienza a vomitar hacia el exterior toda la basura e inmundicia) o sus grandes ensayos sobre la mujer, la misoginia y la muerte.