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miércoles, 1 de diciembre de 2010

FELICIDADES Mr. ALLEN!!!!



Woody Allen cumple hoy 75 años y su aspecto sigue siendo el mismo que cuando protagonizó en 1968 Coge el dinero y corre, el de un hombre menudo en un envoltorio arrugado; sin embargo, tramas, historias y guiones muestran, año tras año, que este neoyorquino genial, hipocondríaco y judío tiene la mente tan elástica como un joven. De hecho, él mismo considera que todavía le falta por hacer su mejor película: «He hecho muchas películas. Creo que algunas buenas películas, pero nunca he sentido que haya hecho una genial», dijo recientemente en referencia a obras como "Rashomon", "El ladrón de bicicletas", "8 1/2" o "La gran ilusión", consideradas por él como algunas de las cotas más altas del cine.

Le chifla escribir. Lo hace en cualquier papel cuando tiene una idea, que guarda después en un cajón y que más tarde convierte en película. Cada año rueda y estrena una -es así desde 1977- y tiene la suerte de que aunque su presupuesto es ajustado -15 millones de euros por cinta, frente a las típicas superproducciones estratosféricas- los actores hacen lo que sea por estar en ellas. Trabajar bajo su dirección da prestigio, aunque siempre más en Europa que en Estados Unidos, tal y como él mismo ironizó en Un final made in Hollywood (2002).

Ejemplos: Desde Alan Alda a Kathy Bates, pasando por Kenneth Branagh, Michael Caine, John Cusack, Jeff Daniels, Larry David, Jodie Foster, Gene Hackman, Anthony Hopkins, Anjelica Huston, Joe Mantegna, John Malkovich, Charlotte Rampling, Edward Norton, Maureen O'Sullivan, Sean Pean, Sydney Pollack, Tim Roth, Meryl Streep o Naomi Watts. Y actrices de relumbrón como Basinger, Griffith, Hannah, Goldie Hawn, Demi Moore, Julia Roberts, Winona Ryder, Sharon Stone... hasta la misísima Madonna. Ha recibido tres Oscar: dos por la dirección y guión de Annie Hall; y uno por el guión de Hannah y sus hermanas (1986), además de 18 nominaciones, y cinco de sus actores (Michael Caine, Penélope Cruz, Diane Keaton, Mira Sorvino y Dianne Wiest) se llevaron la estatuilla.

Los personajes y las situaciones reales -los diálogos, muchas veces de besugos- los maneja como nadie, con esa atmósfera de día gris que tanto le gusta, adecuada a su carácter judío que se lo cuestiona todo, las complejas relaciones de hombres y mujeres, los tabúes del amor y el sexo, sobre todo el sexo.... son sin duda el eje de su cine....Eso y Nueva York, y el cine mismo, y el aburrimiento de la burguesía, y la conciencia, y los malentendidos... una guía para analizar el siglo XX desde un peculiar diván. Desde la comedia al drama, pasando incluso por el musical. Es el amo.

Visto lo visto, a buena fe que Mr. Allen seguirá intentando, año tras año, incombustible, conseguir "su" película genial. Mientras tanto, los que lo admiramos tenemos una miríada de películas que son literal y realmente "geniales", aunque él no lo sepa (o no lo quiera...) admitir, y una cita anual que siempre asegura un buen, fantástico rato.

Todo lo demás, es sombra y niebla...


"El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas..."

domingo, 28 de noviembre de 2010

El arranque de "Touch of Evil"




Sin lugar a dudas, una de las mejores ( y más famosas...) escenas de apertura de la historia del cine, un prodigio de dominio de la técnica y puesta en escena.
Comienza cuando alguien coloca una bomba en el maletero de un coche. Mientras la cámara se mueve hacia arriba, introduce los personajes. Aunque estamos centrados en la pareja, de modo subliminal, la bomba está todavía en nuestra mente, logrando así un primer objetivo: que el espectador no pierda detalle de aquello que está por suceder. Un alud de contrapicados, travelling y sorprendentes angulares de excelente planificación prosiguen hasta completar la secuencia, en la que se introducen todos los elementos fundamentales en la película. Una joya. Y esa música de Mancini....

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Muere Ingrid Pitt, primera dama del horror...


La cara negativa del día...

Ingrid Pitt, la condesa de Drácula, la gran musa de las películas de terror de la productora británica Hammer, un icono, el mito sexual más potente de mi vida, ha muerto en Londres a los 73 años .

Ingoushka Petrov, más conocida como Ingrid Pitt, nació el 21 de noviembre de 1937 en Polonia. Ella se encontraba en Polonia cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, por lo que presenció como el país fue devastado primero por los Nazis y luego por los soviéticos. De hecho, Pitt y su familia eventualmente fueron encarcelados en un campo de concentración. Posteriormente sería separada de sus padres durante la guerra y, a los diez años de edad, fue llevada a Berlín del Este por la Cruz Roja donde se reuniría con su familia. Tras esta brutal experiencia, Pitt vivió una vida bastante calmada en Berlín lo cual curiosamente no le acomodaba demasiado. Según la misma actriz, una vez que llegó a la ciudad “comenzó la vida rutinaria; teníamos que ir al colegio por lo que ya no experimentábamos ningún tipo de excitante aventura que implicará la búsqueda de comida o el correr a través de los bosques de Polonia. Una vez que llegué a la ciudad, de golpe me encontré con un mundo calmo y extraño; nunca había experimentado nada como eso. Supongo que probablemente estaba demasiado apegada a la vida que tenía antes de viajar a Alemania, por lo que por momentos deseaba escapar a la realidad gris en la que me desenvolvía antes de reunirme con mis padres”.

Fueron precisamente sus ansías por escapar de la realidad lo que llevó a Pitt a interesarse en la actuación. “Siempre quise ser una actriz, aunque la verdad es que en un principio no sabía muy bien de que se trataba porque cuando era niña nunca pude ver una película en un teatro. Pero quería entretener a otras personas, y eso me empujó al mundo de la actuación”, afirmaría la actriz en una ocasión. Pese a que ella estaba feliz con su decisión de dedicarse a la actuación, su madre no se mostró muy contenta con la carrera que se había propuesto seguir. “Todos en mi familia era científicos”, explicaría Pitt en una entrevista, “y ellos esperaban que siguiera sus pasos...”. Pese a la oposición de sus padres, Pitt se mantuvo firme en su decisión y a principios de los sesenta logró convertirse en parte de la prestigiosa compañía teatral Berlin Ensemble, bajo la dirección de la viuda de Bertolt Brecht, Helene Weigel. Aunque logró meterse de lleno en el mundo de la actuación , tuvo que enfrentar una serie de problemas que desafiaron su deseo de vivir bajo sus propias creencias.

Debido a las presiones políticas, Pitt tendría que atravesar la cortina de hierro para llegar a Berlín Occidental. Con respecto a esto, la actriz declararía en una entrevista: “El 21 de noviembre de 1962 tuve que dejar Berlín Oriental. Si tú estabas en cualquier país de la cortina de hierro debías integrar la política a tus estudios, y la verdad es que yo no era capaz de amalgamar la parte artística del teatro con el ambiente político del país en el que vivía. Tarde o temprano terminaría metiéndome en problemas, o involucrando a algunos de mis conocidos. Finalmente todo se redujo a dejar mi hogar o involucrarme en el campo de la política”. Ingrid terminaría cruzando ilegalmente la frontera a nado a través del río Spree. Desde Berlín Occidental, Pitt viajaría a Norteamérica donde además de contraer matrimonio con un soldado norteamericano con quien tendría a su hija Steffanie, estaría de gira junto a una compañía teatral. Cuando esa compañía quebró, ella se mudó a España donde conseguiría su primer papel en un largometraje.

“Fui descubierta por casualidad durante la filmación de una corrida de toros para una película acerca de un turista norteamericano que era fanático de este tipo de eventos”(!!), afirmaría la actriz. Dicha película sería “El Sonido de la Muerte” (1964), del director José Antonio Nieves Conde. Posteriormente obtendría un minúsculo rol en la cinta “Campanadas a Medianoche” (1965), del director Orson Welles, y trabajaría en el Teatro Nacional de España Durante los siguientes tres años, Pitt trabajaría como extra en “Doctor Zhivago” (1965) y “A Funny Thing Happened on the Way to the Forum” (1966), además de obtener algunos roles pequeños en un par de series de televisión. En 1968, la actriz coprotagonizaría la cinta de ciencia ficción de bajo presupuesto “The Omegans”, y además obtendría su primer rol importante en el film bélico norteamericano “Where Eagles Dare” (1968), protagonizado por Clint Eastwood y Richard Burton. Si bien esta película tuvo gran éxito y su participación en ella pudo haber impulsado enormemente su carrera en el cine, su saltó a la fama lo daría dos años más tarde, cuando fue contratada para participar en algunas cintas de la Hammer.

Tras la insistencia de Pitt, James Carreras, uno de los mandamases de la Hammer Films le ofrecería un par de roles en algunas de las cintas del estudio. Según la actriz, Carreras la ayudaría tremendamente dándole trabajo en esas películas en una época en la cual no sabía cómo iba a conseguir dinero para alimentar a su hija.

Gracias a su acento y a su apariencia exótica, Pitt conseguiría uno de los roles protagónicos en la cinta “The Vampire Lovers” (1970). Basado en la clásica historia de terror del escritor Sheridan Le Fanu titulada “Carmilla”, el film gira en torno a una vampiresa sedienta de sangre que busca vengarse de la familia del hombre responsable de la muerte de su clan. La mezcla de terror gótico, erotismo y lesbianismo, permitió que “The Vampire Lovers” fuera todo un éxito lo que inspiraría dos “secuelas” acerca del clan Karnstein tituladas “Lust for a Vampire” (1971) y “Twins of Evil” (1971). Ninguna de las secuelas igualaría en calidad a “The Vampire Lovers”. La "Trilogía Karnstein" no tenía hilo conductor....salvo el desnudo.... A Pitt no le molestaron las escenas de desnudos presentes en “The Vampire Lovers” porque según ella estaban bien integradas en la historia. La actriz aseguraría en una entrevista: “Tanto en ´Vampire Lovers´ como en ´Countess Dracula´ era importante que los personajes se quitaran la ropa en ciertas escenas.”. Que Dios la bendiga!!!


La segunda película de Pitt para la Hammer sería “Countess Dracula” (1971), la cual poco y nada tenía que ver con Drácula sino que estaba basada en las truculentas prácticas de Elizabeth Bathory... lejanamente, claro... ;)

Más tarde, Pitt participaría en la cinta de la “The House That Dripped Blood” (1971), cuyo guión estuvo a cargo del gran escritor Robert Bloch. En dicha película, la actriz interpreta a una estrella de cine que mientras hace de vampiresa en un film, se involucra en un caso real de vampirismo. Según la actriz, esta es su cinta favorita ya que le dio la oportunidad de interpretar un rol cómico. Tras algunos episodios de distintas series de televisión, Pitt conseguiría un pequeño rol en el film de culto “The Wicker Man” (1973).
Durante la década de los setenta, la industria cinematográfica británica tuvo dificultades económicas, lo que terminó afectando a un gran número de profesionales entre los que se encontraba la misma Pitt. En sus propias palabras: “Nadie me daba un maldito trabajo, era tan simple como eso”. Durante este complicado periodo para los profesionales de la industria cinematográfica británica, la actriz se volcó casi de lleno al teatro (ella además ayudó a su segundo esposo, el guionista Tony Rudlin, a producir varias obras teatrales) al mismo tiempo que intentaba comenzar una carrera como novelista.
En 1980, Pitt publicaría la novela “Cuckoo Run”, una historia de espías acerca de una confusión de identidades. Ppoco tiempo después, la actriz pasaría un buen tiempo en Sudamérica investigando acerca la vida del presidente argentino Juan Perón. En 1984, dicha investigación se transformaría en la novela “The Perons”. Ese mismo año, Pitt junto a su esposo Tony Rudlin escribirían el guión de uno de los episodios de la serie “Doctor Who” (1963-89) titulado “The Macro Men”.

Además de dedicarse a la literatura, durante la década de los ochenta Ingrid Pitt trabajó esporádicamente en el cine y la televisión. Probablemente la película más importante que filmaría durante este periodo sería “Who Dares Wins” (1982), en la cual interpretaba a una terrorista alemana que se veía involucrada en la toma de rehenes al interior de una embajada norteamericana. La actriz además trabajaría en “Wild Geese 2” (1985), “Underworld” (1985) y “Hanna´s War” (1988), y en algunos de los episodios de la serie “Doctor Who”. En la mayoría de estas producciones le tocó interpretar a villanas, las cuales por lo general se las arreglaban para morir horriblemente en algún momento de la cinta. Contrario a lo que se podría pensar, a Pitt le gustaba interpretar estos roles ya que se sentía más identificada con las villanas que con las heroínas. Tras estar por más de una década alejada del cine, Pitt regresaría a la pantalla grande con la cinta “The Asylum” (2000). Tras participar con roles secundarios en algunos films de bajo presupuesto y recuperarse de una grave enfermedad, Pitt obtendría un rol en la cinta “Sea of Dust” (2008), la cual se presentaba como una suerte de tributo a la obra de la Hammer y de Mario Bava.

Ingrid Pitt
asistía frecuentemente a convenciones de fanáticos del cine de terror, escribía en una columna de cine, y continuaba con su labor como novelista. Era alabada por su labia y su proximidad con sus fans.
Más allá de las más de diez novelas que escribió (incluyendo una autobiografía), su larga carrera en el teatro y sus múltiples apariciones en el cine y la televisión, Ingrid Pitt siempre será recordada por sus papeles en el cine de terror británico de los setenta, lo que le valió el título de la vampiresa más inolvidable de la historia del cine.


Hoy me entero de su muerte, y no puedo dejar de mirar ese póster que lleva 15 años colgado en mi habitación, junto al de Marilyn, y , tras sentir una lágrima recorrer mi cara, esbozar una siniestra sonrisa...





En realidad, y esto daría para muuuchos posts.... las mujeres de la Hammer, las Hammerettes, son un género aparate....apasionante....

MUJERES DE LA HAMMER!!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Corrida de toros en "Calabuch"

En Homenaje al gran Berlanga.
No he querido poner una escena de las "típicas", y he encontrado esta que me encanta.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Adiós, cineasta genial!



Adios, Maestro genial!!!
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JESÚS RUIZ MANTILLA - Madrid - 13/11/2010
Llevaba tres años apartado del mundo, su último plano lo rodó en 1999, junto al Mediterráneo, en Peñíscola. Fue para París Tombuctú, una película coral, en la que no regateó el tema de la muerte. La misma que le sorprendió esta madrugada a las cinco, en su casa de Pozuelo. Ya lo había dado todo en el cine. Ya había pasado por méritos propios a la historia del arte universal.

La última vez que apareció en público fue en julio de este año. Acudió en silla de ruedas a la inauguración de la Sala Berlanga, en Madrid. A los presentes se les quedó grabado un gesto. Parece que andaba despistado, no conocía ya a muchos de los que le rodeaban. Pero sentía. Con la mano se dibujó unas lágrimas en la cara.

Es lo menos que podía tributarle el mundo del cine.Una sala con su nombre, donde volver a contemplar sus propias obras maestras: de Bienvenido Mister Marshall a Plácido, pasando por la genialidad de El verdugo, la serie que comenzó en La escopeta nacional, la visión tan descarnada y absurda de la guerra que da en La vaquilla.

Con élc muere un estilo, una voz, la visión de un país, una cultura, una filosofía propia sobre el género humano, zurcida a dúo con otro genio, el guionista Rafael Azcona. Fue fetichista, director de una colección de literatura erótica que ha marcado época, como la sonrisa vertical. Pero ante todo fue el cronista y la conciencia -buena y mala- de un país enfangado por los traumas de la guerra, el notario de una supervivencia colectiva.

Amante de la improvisación, en su última etapa no se hartaba de decir que los guiones eran los Goebbels de las películas, que confiaba en una naturalidad instantánea, un rayo de inspiración que a veces cuadraba mal con su obsesión por los planos secuencia, pero que cuando funcionaba le resultaba redonda. Valenciano, mediterráneo, obsesionado por la sensualidad, su cine fue una manera de hablar, una manera de plantar cara al absurdo de la vida con humor y tragedia, con piedad y comprensión. La obra de un poeta visual, descarnado y tierno, radical y piadoso.

Berlanga, que nació en Valencia el 12 de junio de 1921 en el seno de una familia burguesa y era nieto de un gobernador de su ciudad e hijo de un diputado de la Unión Republicana (Frente Popular), ha fallecido "de mayor" y "tranquilamente", según un miembro de su familia. Su capilla ardiente se abrirá a las 19.00 en la Academia de Cine (calle Zurbano 5, Madrid). La capilla permanecerá abierta hasta la medianoche y mañana de 10.00 a 13.00, momento en el que el féretro saldrá hacia el cementerio, según un portavoz de la Academia. Será enterrado mañana a las 15.00 en el cementerio madrileño de Pozuelo de Alarcón. El cineasta y académico fue Premio Príncipe de Asturias en 1986, Premios Nacional de Cinematografía (1981) y la Medalla de Oro de Bellas Artes (1983).


sábado, 23 de octubre de 2010

Increible: Remake USA digno de "Déjame entrar"!!

Antes de que el aterrado Jonathan Harker plasmara en su escalofriante diario lo que podía ocurrir si el dueño de un castillo de Transilvania fijaba su interés, su capricho, su voracidad, sus colmillos y su necesidad de sangre humana en tu patética persona, antes de que Stoker inventara con excelente literatura la imagen definitiva de Drácula, la gente de cualquier época ha concentrado su miedo en príncipes o sicarios de las tinieblas que te buscaban la ruina a perpetuidad si decidían morderte en la yugular. Al hacerse uno mayor descubre que los vampiros no solo existen en la literatura, el cine y el subconsciente colectivo, sino que abundan en la vida cotidiana. No les mata la luz, ni las balas de plata. No les espantan las cruces ni los ajos. No destrozan gargantas. Tampoco precisan magnetismo ni inspirar terror. Pero mantienen intacta su capacidad para convertir en guiñapos, en muertos vivientes, a sus innumerables víctimas, para machacar el cuerpo y el alma de los infelices que están bajo su vasallaje.

En el cine se han ocupado de su temible y patética existencia desde los directores más prestigiosos a los más cutres. Incluso en las épocas de mayor realismo, los vampiros nunca han dejado de estar de moda. Y se hacen muchas edulcoradas tonterías en su nombre. El éxito apabullante entre militantes góticos, adolescentes de múltiples pelajes y condiciones, incluido el pijerío romántico, de la saga Crepúsculo (solo he visto con infinita pereza la primera y la segunda aventura del Romeo dentudo y su incomprendida Julieta) o de la serie de televisión True blood (que seguí con relativo interés en su nacimiento, al venir firmada por Alan Ball, inventor de la magnífica A dos metros bajo tierra, pero de la que he desertado para siempre en su segunda e impresentable temporada), confirman que lo de ponerse ciego de sangre ajena sigue fascinando mayoritariamente.

En género tan previsible y fórmula tan manida puede ocurrir a veces que aparezca auténtico lirismo, un tratamiento insólito, que haya niños solos, tristes y acorralados que solo pueden comunicarse y encontrar calor con otra desolada criatura, descubrir su monstruosidad genética y seguir amándola. Ocurrió con la desasosegante, alucinada, trágica y hermosa película sueca Déjame entrar, creadora de una atmósfera onírica y tono sombrío, transmisora de horror y de piedad, realizada con elementos mínimos. El eco que creó una producción condenada al malditismo fue minoritario, pero también duradero. Era imposible que ningún espectador quedara indiferente hacia la angustia de esos niños insomnes.

El cine americano ha hecho el remake de esa pesadilla sueca. Y siempre tienes prejuicios hacia los remakes, la lógica aconseja no readaptar lo que es inmejorable. Pero en este caso les ha salido muy bien. El director Matt Reeves inyecta vida propia a una historia que ya ha sido contada. No es el saqueo de un clásico pensando en la taquilla. Está hecha con respeto, talento y emoción. La historia de amor entre esos dos marginados resulta tan inquietante y conmovedora en un suburbio de las afueras de Estocolmo como en la América de Reagan.

CARLOS BOYERO . 22/10/2010.

No me esperaba yo esto del Sr. Boyero, ese ser humano tan desconcertante...

-La original sueca: Una de mis películas favoritas.




-La versión 2010. Fabulosa.

sábado, 9 de octubre de 2010

Frankenstein, 2ª parte.

Frankenstein: de la literatura gótica al cine de terror

La novela "Frankenstein" surgió de una forma tan curiosa como conocida. Aunque muchos lo han llegado a considerar una leyenda, lo cierto es que la autora la narró como verídica en el prólogo de su obra en la edición de 1931.

Corría el verano de 1816 en Villa Diodati, una mansión que Lord Byron tenía cerca del lago Ginebra, en Suiza, y Mary Godwin, junto con su amante y posterior marido el poeta Percy Bysse Shelley, su hermanastra Jane Clairmont (de nombre artístico Claire), su amigo el poeta Lord Byron y el amante y médico personal de éste John Polidori (aunque hay quien incluye en la reunión a más personajes: Hobbhouse, Scrope, Rossi y Davies), pasaban el tiempo una noche tormentosa leyendo un libro alemán sobre historias de fantasmas. Influenciados por el ambiente, Lord Byron les propuso que cada uno de ellos escribiera una narración de horror. Sorprendentemente ni Byron ni Shelley, escritores de profesión, lo hicieron, mientras que Mary desarrolló lo que posteriormente fue su "Frankenstein o El Moderno Prometeo" y Polidori su conocida novela vampírica.
Sobre esta reunión se realizó una película titulada "Gothic" (1986) de Ken Russell, considerada 'de culto' por algunos cinéfilos y que pasó casi desapercibida, donde se mezclaba la historia, el sexo, las drogas y el terror. Al año siguiente repitió este intento Ivan Passer con su "Haunted Summer" y el español Gonzalo Suárez con su premiada película "Remando al viento".

Tras la edición del libro, fueron frecuentes sus representaciones teatrales con mayor o menor acierto, pero la primera película que se recuerda apareció en 1910, un "Frankenstein" de escasos 15 minutos, dirigida por un tal J. Searle Dawley, y producida por la Edison Kinetogram Company. El "Frankenstein de la Eddison".
Posteriormente hubo algún intento de repetir la experiencia con resultados mas que dudosos pero de los que se tienen pocas referencias, como fue la americana "Life Without Soul" (1915) de Joseph Smiley que para americanizarla más (algo quizá demasiado frecuente en la tierra de las barritas y estrellitas) llegó a cambiar algo tan revelador como es el nombre del doctor y le llamó Frawley, o la italiana "Il monstro de Frankenstein" (1920) de Eugenio Testa, adaptación muy libre de la novela, que se considera perdida.



Pero la película que relanzó la obra de Mary Shelley, la universalizó y, a la vez, la deformó y marcó la iconografía del monstruo como símbolo del terror durante décadas, abriendo caminos a los mitos erróneos y mezclando nuevos elementos en el terror cinematográfico, navegando entre el miedo y la lástima, fue la famosa "Frankenstein" (1931) de James Whale.
Producida por la Universal y, tras un baile previo de directores y actores, terminó siendo una de las películas más famosas de la historia del cine. La actuación de Boris Karlof como la criatura (como le gustaba al gran actor llamar al monstruo) y el experto maquillaje de Jack Pierce, marcaron un hito en la caracterización de los personajes terroríficos. Además, esta fue la primera vez que se introdujo en el cine americano (y de aquí a casi todo el mundo) a un nivel superior el inmenso valor de la iluminación y el juego de luces y sombras en las producciones que buscaban el miedo y el terror (que aprendieron, hay que decirlo, de directores expresionistas alemanes como Murnau o Robert Weine).
Pese a su éxito comercial, fue duramente criticada por distorsionar la novela hasta lo indecible. Los guionistas que preparaban su secuela, "La novia de Frankenstein (1935), decidieron reiniciar la historia con la famosa reunión de Villa Diodati, revivir al monstruo y humanizar a la criatura (aquí la actriz Elsa Lanchester hizo un sorprendente doble papel, en el de Mary Shelley y en el de la 'novia' de la criatura, con un original peinado que marcó un hito).
Pese a no conseguir mayor credibilidad en la fidelización a la obra original, es considerada la mejor película de toda la saga.

Posteriormente vino algo a lo que el cine ya nos tiene acostumbrados, la explotación de los éxitos. Así surgieron películas como "La sombra de Frankenstein" (1939) de Rowland V. Lee que introducía a otro actor famoso como era Bela Lugosi en el papel de ayudante del doctor, o "El fantasma de Frankenstein" (1942) de Erle C. Kenton donde Lon Chaney Jr intentaba hacer el papel de la criatura con poco éxito.
Y , al agotarse el filón, se hicieron películas con el doble, el triple o el quíntuple de monstruos pensando erróneamente que el terror en el espectador aumentaría de la misma forma; surgió así "Frankenstein y el Hombre Lobo (1943) de William Neil, "House of Frankenstein" que conocimos aquí como "La zíngara y los monstruos" (1944), "La mansión de Drácula" (1945) o "Abbot y Costello contra los fantasmas" (1948), fenómeno que acabó degenerando el género pero dio películas aceptables que hoy muchos cinéfilos disfrutamos en gran medida (yo entre ellos).


De forma similar a lo sucedido con otras películas de terror, la productora británica Hammer recogió el testigo agotado por la Universal. El director londinense Terence Fisher (Grande!!!) fue el encargado de versionar de nuevo (versión tan nueva que era prácticamente una nueva historia) a la criatura en "La maldición de Frankenstein" (1957), caracterizada por estar protagonizada por 2 titanes: Christopher Lee y Peter Cushing como La criatura y el barón Frankenstein. El monstruo va abandonando su destino atormentado para convertirse en un ser agresivo, sin ética ni moral, y las actrices provocan sexualmente a la vez que la violencia alcanza cotas nunca vistas; fue además la primera versión en color de la historia.
Este inmenso director repitió al año siguiente con "La venganza de Frankenstein" y la Hammer abandonó al monstruo durante unos años hasta que lo retomó con "El Mal de Frankenstein" (1964) siendo el director Freddie Francis y obteniendo una de las peores películas al tener a Kiwi Kingston como el monstruo, ya que era un luchador pero no un actor, que no aportó absolutamente nada nuevo. Fisher tuvo que volver de nuevo con "Frankenstein creó a la mujer" (1966) donde desarrolla la teoría de la transferencia de almas, "El cerebro de Frankenstein" (1968) donde se produce una escena de violación que disgustó mucho a su director, y ya enfermo la que fue su última película, "Frankenstein y el monstruo del Infierno" (1973) con un Neanderthal con el cerebro transplantado. La Hammer agotó sus ideas con "El Horror de Frankenstein" (1970) de Jimmy Sangter, en parte un remake de una anterior con cierta dosis de humor negro y sexo. Malas?, Si, pero Hammer.


Mientras tanto en la américa de la postguerra, el Rock n´Roll y la cultura de la gran ciudad, buena parte del cine de terror se articuló alrededor de la juventud que llenaba los cines al aire libre, surgiendo las películas de teenagers que abarcaron prácticamente todos los monstruos clásicos conocidos. Así surgió "Yo fui un Frankenstein adolescente" (1957) de Herbert L. Strock o "El Frankenstein adolescente contra el Hombre Lobo adolescente" (1959). También aprovecharon un precoz futuro al hacer en 1958 un "Frankenstein 1970". Incluso consiguieron hacer algo tan malo como la pésima "Frankenstein y el monstruo del espacio" (1964) de Robert Gaffney, aunque posiblemente lo peor de lo malo fue un terrible "Jesse James y la hija de Frankenstein" (1965), que compitió por este título con el absurdo japonés "Frankenstein Conquista al Mundo" (1965).

Durante los años 70 el mito parecía agotado; junto a las olvidables "La maldición de Frankenstein" de Jesús Franco y "Frankenstein a la italiana" de Armando Crispino, la Universal buscó nuevos caminos y relanzó la historia en forma de comedia con la divertida "El jovencito Frankenstein" (1974) de Mel Brooks, una de las mejores comedias de la historia del cine (para el que escribe).
Quizá esta fue la clave ya que se desarrollaron obras que se sumergían en áreas poco trilladas; así aparece la archifamosa comedia músico-terrorífica "The Rocky Horror Picture Show" (1975) de Jim Sherman, donde un travesti de medias negras y rimmel llamado Dr. Frank-N-Furter (interpretado por un fantástico Tim Curry) fabrica a un rubio, musculoso y superdotado monstruo..., o la creadora de la línea gore del terror "Carne para Frankenstein" (1974) de Paul Morrissey y supervisada por Andy Warhol que obtuvo unos famosos y nauseabundos resultados.

En los años 90 Roger Corman desarrolló un guión junto con Brian Aldiss basándose en una novela de éste último, "Frankenstein desencadenado" (1973), donde el cine de terror da la mano a la ciencia ficción de los viajes en el tiempo, mostrándo claramente que la destrucción es posible si partimos de un progreso científico irresponsable y descontrolado. Más recientemente han aparecido obras que intentaban acercarse a los orígenes y a la realidad de la novela de la misma forma que ya lo intentó previamente Jack Smight con su "La verdadera historia de Frankenstein (1973), nos referimos a "Frankenstein: la Historia Real" (1992) de David Wickes y la cara producción de Kenneth Branagh con su "Frankenstein, de Mary Shelley" (1994) donde un actorazo como Robert de Niro encarna a la criatura; Una película que considero notable como obra gótica, con un trabajo de dirección artística fenomenal. Y una música fabulosa de Patrick Doyle.

El cine de terror actualmente.....,mmmmm, se dirige hacia otros campos mientras Frankenstein y su mito se diluyen entre clásicos fotogramas. Posiblemente de las películas modernas podríamos destacar dos. Una de ellas se basa en la novela "El padre de Frankenstein" de Christopher Bram. Relata la relación entre un director de cine retirado (James Whale, creador del más famoso Frankestein, al que revive maravillosamente Ian McKellen) y su jardinero (Clay, interpretado por un correctísimo Brendan Fraser); una película que en ningún momento nos acerca al miedo pero que nos relata perfectamente una realidad histórica del mundo del cine; hablamos naturalmente de "Dioses y Monstruos" (1998) de Bill Condon, un film de los que ganan enteros en cada visionado. La otra película, más reciente todavía, es "May" (2002) de Lucky McKee, donde se retoma el susto adolescente y donde una inquietante Angela Bettis hace de "doctor Frankenstein" intentando crear un amigo a medida con los miembros de todos aquellos que le han maltratado alguna vez; retoma modernamente la estructura del creador y su obra que caracterizó a la novela de Mary Shelley.Merece la pena el visionado.

En esta escueta historia del cine hemos visto lo lejos que están las películas de la obra original en la que se basan. Bien es cierto que Frankenstein ha desarrollado todo un mito donde el médico, alma mater del monstruo, se convierte gracias a su obra en otro monstruo, siendo difícil en ocasiones distinguir quién es quién...
Por ello será interesante ver lo que nos ha dejado como punto ético de referencia intentando marcar los límites de la ciencia médica, las posibilidades reales que tiene la medicina en el desarrollo de la vida artificial con los transplantes de órganos y el ensamblaje de miembros, y la participación que puede tener en la admirable y, a la vez, tenebrosa "creación" de vida humana...


La medicina ante el mito de Frankenstein

La obra de Mary Shelley se ha interpretado desde varios puntos de vista. Desde la psicología femenina como una interesante expresión de la autora por sus miedos y terrores ante la maternidad, ante la posibilidad de traer una vida al mundo, donde sobrevuela el miedo al hijo imperfecto y a las responsabilidades que plantea. Otros prefieren hacer dobles lecturas ya sea desde el punto de vista político o el sociológico, que poco o nada nos interesa ahora. Nosotros intentaremos verlo desde el prisma de la ciencia médica, ya que se ha desarrollado hasta alcanzar el status de mito, de objetivo futuro o de seria advertencia...
Es indudable que la novela ha seducido de muchas formas a muchas personas. Algunas de éstas, mentes jóvenes en pleno desarrollo, han visto nacer en su interior esa chispa que poco a poco los ha orientado hacia las ciencias de la naturaleza, hacia la investigación científica o directamente hacia la medicina, sorteando consciente o inconscientemente las dudas morales que pueden plantearse y viendo sólo un camino abierto hacia un futuro prometedor y repleto de descubrimientos todavía ocultos. Así lo afirmaba, por ejemplo, sir Ronald Ross (1857-1932), que fue premio Nobel de Medicina en 1902 por haber descubierto el parásito de la malaria, y que siendo un buen aficcionadoa la literatura llegó a escribir un pequeño cuento satírico sobre el tema que nos ocupa titulado "El vivisector".

El primer referente médico que encontramos en Frankenstein tiene mucho que ver con la ética y la moral. "Jugar a ser Dios" es el argumento principal de muchas películas donde aparecen médicos .Y el doctor Víctor Frankenstein es el principal representante de esto, el que quiso emular al Creador; sus aspiraciones iniciales ("¡ Cuán grande sería mi gloria si me era posible acabar para siempre con la Enfermedad y hacer al hombre invulnerable contra toda muerte que no fuese violenta!") se desviaron hacia objetivos que iban más allá de mantener y cuidar la vida, objetivos que fijaba en la creación de esa vida que quería proteger.

El nombre del doctor es hoy, por derecho propio, símbolo de la ciencia desviada de sus objetivos, de la superación personal al pisar terrenos resbaladizos que pueden atentar contra el ser humano y su humanidad, provocando lo que algunos llaman el síndrome de Frankenstein. Pero la obra nos habla de la locura soñadora y la ambición desmedida, pero también de la crisis de conciencia y el arrepentimiento posterior, para finalizar con una dura penitencia de la que no hay escapatoria posible.

En la novela vemos a un médico solitario en su investigación y sin ayudantes (en las películas hay personajes para todos los gustos, ayudantes como Fritz, Hans, Ludwig o Igor), y no hay datos sobre la tecnología aplicada (en las películas hay probetas y matraces con líquidos placentarios más o menos sugerentes, cables y turbinas con mucha electricidad estática, salida del cielo como hizo Benjamín Franklin o derivada de un estanque lleno de anguilas eléctricas). En la actualidad el trabajo científico es caro y suele desarrollarse en grupo, por lo que es más difícil plantear una 'locura' visionaria de altos riesgos (aunque, por desgracia, es imposible descartar la existencia de un grupo de científicos obsesionados con su labor...).

El gran filósofo inglés Bertrand Russel (1872-1970) ya dijo que "La ciencia, en cuanto a tal, no nos puede proporcionar una ética. Tan sólo nos puede indicar los medios para alcanzar determinados objetivos, así como las metas imposibles de alcanzar". Para solucionar esto habrá que recurrir a la filosofía ética, ya que toda nueva teoría científica no es buena o mala por sí misma, y lo que le dará ese valor será el cómo se emplee. Por esta razón, en la actualidad, y para evitar en parte el llamado factor Frankenstein, el trabajo es supervisado por la comunidad científica en general o directamente por los comités de ética de las propias instituciones (confeccionados prácticamente en todos los hospitales actuales)...

La criatura creada por el doctor Frankenstein se ha comparado con una máquina, formada por una serie de piezas ensambladas y dirigidas por un motor, el cerebro. Pero el cerebro de la criatura está vacío, es decir, no tiene mente, conocimientos ni recuerdos, hasta que poco a poco y de forma autodidacta va aprendiendo y se convierte en un ser terrible y vengativo (y eso que sus lecturas fueron "Los sufrimientos del joven Werther" de Goethe, "El paraíso perdido" de Milton y "Vida de hombres ilustres de Grecia y Roma" de Plutarco). Hoy en día la ciencia cibernética e informática están evolucionando tan rápido que muchos temen llegue el día en que se desarrolle una máquina capaz de pensar por su cuenta y que, como el monstruo de Frankenstein, se rebele contra su creador...Ciencia ficción hoy, no?

De los antiguos autómatas hemos pasado en la actualidad a los robots. En el año 1920, el escritor de origen checoslovaco Karel Capek, publicó su novela "RUR" (Russum’s Universal Robots). Esta obra trata de dos pequeños seres artificiales de forma humana que responden perfectamente a las órdenes de su creador, aunque al final acaban rebelándose contra él (de forma similar al Frankenstein original). Para referirse a estos seres, el autor les llamaba robots, derivación del vocablo checo 'robota', que significa “trabajo obligatorio”. Y es así como surge la palabra robot para referirse a los autómatas mecánicos de aquellas épocas. A partir de esta novela, se generalizó el nombre y ahora se les llama robots a todo tipo de autómatas.

Existe un miedo a los robots debido a la evolución tan acelerada que se ha proyectado en muchas de las novelas de ciencia-ficción. Y aunque muchas de estas novelas no están tan fuera de la realidad, no debe temerse al desarrollo de la ciencia robótica, sino todo lo contrario, ya que estos existen para poder facilitar las tareas de los humanos. En la obra de Isaac Asimov, "Yo robot" (1940), éste postula tres leyes (que ya se han hecho clásicas) que los robots deberán de seguir para proteger a los seres humanos.

Aunque la creación de autómatas no pertenece al campo de la medicina, sino al de la mecánica o la electrónica, este ejemplo es importante ya que de él se deriva lo que suele llamarse el complejo de Frankenstein, término acuñado también por Isaac Asimov y que nos habla de la desconfianza y el temor que despertaría en los seres humanos una máquina que los superara (imagen que vemos en el célebre computador HAL de la película "2001, una odisea en el espacio" de Stanley Kubrick, y en alguna más moderna como "Yo, robot" que plantea algo similar pese a desvirtuar la novela en la que se basa).

Además debemos tener en cuenta que en la actualidad la medicina y la robótica se dan la mano cada vez más, desarrollando nuevos implantes y prótesis que resulten más fieles a los miembros u órganos que sustituyen (quizá, quién sabe, se produzcan finalmente situaciones como las que describe Crichton en su novela "El hombre terminal")

Y esto nos lleva directamente al tema de los transplantes, pues los primeros médicos en realizarlos fueron rápidamente acusados de ser médicos sin moral, violadores de la humanidad con el único objetivo de obtener logros personales (como el Dr. Frankenstein). De esta forma acusaron al doctor sudafricano Christian Barnard (1922-2001) al realizar en 1967 el primer transplante cardíaco. Hoy la situación ha dado un giro de 180º, y no sólo se aceptan los transplantes de corazón, hígado o riñones, sino que además se considera ético y moral con la humanidad hacerse donante de los mismos.

Cuando se utilizaron para transplantar órganos no vitales, volvieron a surgir las controversias y las acusaciones frankensteinianas. Así sucedió con el Dr. Owen, médico australiano que transplantó en 1998 la mano derecha de un donante muerto, o con el doctor Duberward, que un año después repitió la operación con el brazo derecho. Actualmente aceptamos con más facilidad estas situaciones y, frente a la sorpresa inicial, las asumimos como "correctas" desde la ética médica. Aceptamos transplantes, implantes mecánicos, pues su objetivo es salvar vidas humanas; pero aquí aparece una pregunta que nace de lo más oscuro de nuestro inconsciente, que nos recuerda a la imagen que tenemos de Frankenstein, y que asemeja al guión de una película de terror: ¿aceptaríamos, en un hipotético futuro, un transplante de cuerpo entero o, dicho de otra forma, un transplante de cerebros? ¿aceptaríamos un implante biomecánico corporal completo adaptado a una cabeza humana...?

La Ciencia no ha llegado todavía a crear vida, pese a los arduos intentos de ciertos laboratorios para crear una especie de 'sopa primordial' de donde se supone salió el primer ser vivo de este planeta (concepto que tuvo su origen en una especie de jalea lodosa que se encontró en 1858 en el fondo del océano Atlántico a la que llamaron Bathybius y que resultó ser uno de los grandes chascos de la ciencia).

En los campos que trabajan directamente con ADN sólo o formando parte de seres unicelulares, es donde se renueva el mito del Frankenstein creador y terrible. Hablamos de la genética y la reproducción asistida, aunque habitualmente (salvo casos puntuales) no se habla de la existencia de una maldad intrínseca o consciente en los médicos que trabajan en ello, pero si de la sospecha de una incapacidad moral para distinguir lo que está bien de lo que está mal.

La asociación de Frankenstein con la genética es hoy en día algo habitual, pese a los indudables beneficios que podría reportar para la humanidad en un futuro no muy lejano; recordemos por ejemplo los carteles de 'No Frankenfoods' que aparecen con relativa frecuencia en las manifestaciones ecologistas contra los alimentos transgénicos. Las 'criaturas' de la genética serían, no sólo alimentos modificados, sino también gérmenes que podrían abrir las puertas a plagas incontrolables (de lo que nos advierten películas clásicas como "La amenaza de Andrómeda" basada en la novela original que Michael Crichton escribió durante su primer año de sus estudios de medicina, hasta las más recientes como "28 días después") y a terribles guerras biológicas. El miedo a que los seres humanos puedan manipularse de forma parecida (como aparece en la película de serie B "Trans-Gen, los genes de la muerte" del año 1987) ha llevado a que se establezcan una serie de controles bioéticos internacionales que vigilen los distintos proyectos internacionales en este campo (p.e "genoma humano")


Las modernas técnicas de Reproducción Asistida cada vez han entrado más en la controversia bioética, desde las decisiones sobre la vida o la muerte embrionaria a los diagnósticos preimplantacionales y sus consecuencias, pasando por la selección de sexos, etc... Pero las cuestiones que más polvareda han levantado y más 'síndrome de Frankenstein' han creado son (quizás influenciadas por la obra de Aldous Huxley "Un mundo feliz" del año 1932) la clonación y el uso o manipulación de células madre, sin olvidarnos de las graves desviaciones de estas técnicas como serían la creación de quimeras, la partenogénesis o la ectogénesis. Curiosamente el cine ha tratado estos temas tan serios y de tanta actualidad de muy diversas formas: como una comedia en la horrible "Mis dobles, mi mujer y yo" (1996) donde Michael Keaton aparece multiplicado, como una aventura donde Arnold Schwarzenegger es duplicado por error en "El sexto día" (2000), o de forma algo más terrorífica en la película de Robert de Niro "El enviado" (2004). Ninguna de las 3 merecen la pena....

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"He intentado en vano conseguir de Frankenstein los detalles de la creación de su monstruo. Pero en este punto se ha mostrado impenetrable.

- ¿Está usted loco, amigo mío? - me ha preguntado -. ¿Se deja llevar por su insensata curiosidad? ¿También quiere crear para el mundo otro demonio como aquel? Tome ejemplo de mis angustias y no trate de aumentar las suyas"...

Tomado de la novela original.

Frankenstein, 1ª parte.

Frankenstein siempre será para muchos ese monstruo anónimo que sólo heredó de su padre el apellido.
Un ser nacido contra su voluntad, como todos nosotros, pero que asumió su existencia e intentó vivir y morir bajo sus reglas. Pero también se ha convertido en un paradigma de la ciencia por excelencia, la frontera oscura y tenebrosa que quiere, o debe, establecer los límites a la investigación científica.

La creación de la vida: los antecedentes del monstruo

El famoso monstruo creado en un laboratorio científico y formado por restos de cuerpos humanos, tiene su origen en la obra literaria de una mujer, Mary Godwin Wollstonecraft (1797-1851), más conocida como Mary Shelley debido a que adoptó posteriormente el apellido de su marido, el poeta romántico Percy Bysshe Shelley, y que tituló "Frankenstein o El Moderno Prometeo" (1818).
Mucho se ha discutido sobre los antecedentes reales de esta obra y sería interesante conocerlos para introducirnos, con un correcto punto de vista, en este artículo.
La idea general y más extendida es que existen tres fuentes en las que bebe la idea del ser artificial: la tradición clásica, el esoterismo y los avances científicos de la época.El primer dato lo podemos encontrar en el propio subtítulo de la obra: 'El Moderno Prometeo'.

* En la cultura grecolatina existe la figura mitológica de Prometeo, un titán hijo de Jápeto y la oceánida Climene (según Hesiodo). La leyenda mitológica cuenta que Prometeo formó a los hombres modelándolos con el barro de la tierra e infundiéndoles posteriormente la vida.
Según los diversos autores, su hermano Epimeteo o la diosa Atenea, distribuyeron las diversas características entre los seres vivos otorgando al hombre el temor de la liebre, la sutileza de la zorra, la ambición del pavo real, la ferocidad del tigre y la fuerza del león.
Como Prometeo encontró al hombre sin abrigo, sin calzado y desnudos frente a las inclemencias del tiempo, decidió robar la sabiduría de las artes de Hefeistos así como el fuego de su taller, lo que permitió a éstos evolucionar rápidamente. La tendencia de Prometeo a ser más amigo de los hombres que de los dioses, hizo que una vez engañara al mismo Zeus durante el sacrificio de un buey con el fin de favorecer a sus protegidos; Zeus enfadado, decidió castigar a los hombres privándoles del uso del fuego. Entonces Prometeo, en rápida respuesta, decidió procurárselo nuevamente y robó la semilla del fuego de las ruedas del carro del Sol y lo trajo de vuelta a la Tierra. Zeus, cada vez más enfadado y envidioso del bienhechor de la raza humana, lo hizo encadenar en una piedra de un monte del Cáucaso jurando que nunca lo desencadenaría; alli un águila le devoraba continuamente el hígado durante el día, el cual se regeneraba por las noches para que el ave volviera a devorárselo al llegar la aurora. Este castigo terminó cuando Hércules mató con una flecha al águila, liberando al prisionero del castigo (Zeus no se indignó por ello, pues el orgullo de las proezas realizadas por su hijo hizo que no protestara)
El mito de Prometeo, en su esencia más simbólica, ha llegado hasta nuestros días y ha sido versionado por muy diversos autores, como Hesíodo, Esquilo, Platón, Goethe, Giordano Bruno, Francis Bacon, Rousseau, André Guide o Albert Camus, entre muchos otros. Hoy sigue vigente como mito de transgresión y de redención mediante el dolor.

En la obra de Mary Shelley, el doctor Frankenstein actúa como un Prometeo moderno, se rebela contra su dios, desafiándolo al dar vida a la materia inerte y obviar las leyes de la naturaleza. La astucia y la inteligencia del doctor buscarán el desarrollo del progreso humano y para ello deberá pagar un alto precio, quedando al final como un héroe en su rebelión científica y como un ser patético en su destino final. Su inmediato arrepentimiento al ver su obra terminada le diferencia del Prometeo mitológico, pero su lenta agonía en el dolor de ver destruidos a sus seres más queridos es similar al suplicio que devora las entrañas del titán encadenado.

* El esoterismo
es un amplio campo en el que voy a agrupar, con el único objetivo de no disgregarnos mucho, los métodos cabalísticos, alquímicos o nigrománticos, revestidos a veces con la túnica de la astrología o de la ciencia.
La influencia que el esoterismo tuvo en la autora de la novela, parece que se debió al interés que su padre, William Godwin, puso a los largo de su vida en estos temas, ya que publicó una novela sobre la búsqueda de la piedra filosofal en 1799 y un ensayo, publicado postumamente, sobre las artes ocultistas de Agrippa, Paracelso o Alberto Magno titulado
"Lives of the Necromancers" (1834).

En las leyendas hebraicas nos encontramos con uno de los primeros seres inanimados que cobran vida: el 'Golem'. Según relataban, el rabino Judah Loew Bezalel del ghetto de Praga descubrió en el siglo XVI la manera de animar una figura humanoide de arcilla y de tamaño natural para que actuara como sirviente y como defensor del pueblo judío; el método de animación era cabalístico, escribiendo en su frente el nombre secreto de Dios, la palabra Emeth (verdad), pudiendo ser destruido si se borraba la primera letra de forma que la palabra resultante fuera Meth (muerte). Este relato popular cobró vida en el cine con "El Golem" (1914) de Paul Wegener y con la novela que con el mismo nombre publicó en 1916 el escritor austríaco Gustav Meyrink (1868-1932); Wegener basándose en ella la rehizo en 1920 y la codirigió con Carl Boese bajo el título de "El Golem: cómo vino al mundo", película de gran influencia en el cine de Frankenstein, e inclusó rodó entre ellas una que se considera perdida -la que sería la primera secuela de la historia del cine- titulada "El Golem y la bailarina".

La nigromancia y la alquimia también intentaron la creación de seres vivos. Según parece ser, Cornelio Agrippa (1485-1535) deja entrever en su obra "De Occulta Philosophia" (1535) su interés y experimentación combinando diferentes artilugios con la magia negra para lograr la vida artificial.
Otro nigromante, David Christianus, decía que era posible fabricar un ser humano en miniatura con un huevo de gallina negra si se le extraía parte de la clara y se sustituía por un poco de esperma, y así, tras sellar el huevo e incubarlo en estiércol durante la primera luna de mayo, surgiría a los treinta días una diminuta figura cuasihumana.
Paracelso (1493-1541) decía ser capaz de crear un homúnculo, y en su obra "De natura rerum" daba su ingenua fórmula: "Debéis empezar por hacer lo siguiente: colocad abundante cantidad de semen humano en un alambique, selladlo y guardadlo durante cuarenta días en estiércol de caballo hasta que empiece a desarrollarse, vivir y moverse. Entonces habrá adquirido ya forma humana pero será transparente e insustancial. Durante cuarenta semanas ha de ser alimentado cuidadosamente con sangre humana y conservado en el mismo lugar cálido y luego se habrá convertido en un niño auténtico y vivo tal como un niño nacido de mujer sólo que mucho más pequeño".
Se dice también que cierto conde austríaco, Francisco José Kueffstein (1752-1818), retomó las ideas paracelsianas y mezclándolas con creencias rosacrucianas resucitó la idea del homúnculo. Cuentan que visitó en Italia al abate Geloni que producía estos seres fácilmente y se trajo a Viena una colección de ellos en diversos frascos, pero estos seres al crecer se volvieron exigentes, soberbios y de malos modales, por lo que el conde, atendiendo a las súplicas de su esposa, destruyó su colección de seres artificiales.

En la novela de Mary Shelley, el doctor Frankenstein opta por abandonar la vía esotérica y reforzar la vía científica, pues al revés que la primera, pese a prometer muy poco siempre se podían obtener grandes resultados.

* La ciencia y los avances científicos
del siglo XIX, han sido otro aspecto importante para conocer el caldo de cultivo de dónde surgió la criatura del doctor Frankenstein.
Durante muchos años estuvo presente el concepto de la llamada generación espontánea, la cual teorizaba que cualquier ser vivo podría surgir sin la acción de sus progenitores. Los egipcios ya pensaban que los ratones y las ranas se engendraban en el propio limo del río Nilo. Aristóteles (384-322 a.C.) creía en ella y afirmaba que "Cualquier cuerpo seco que se vuelva húmedo o cualquier cuerpo húmedo que se vuelva seco, produce animales mientras los pueda alimentar". Prestigiosos médicos como Ambroise Paré (1517-1590) o célebres naturalistas como el padre Athanasius Kircher (1601-1680) profesaron la misma creencia.


Pese a que William Harvey (1578-1657) publicó en 1651 un tratado en el que afirmaba que todo ser vivo debe proceder de otro ser vivo, o que Lázaro Spallanzani (1729-1799) demostró con sus experiencias con infusorios lo absurdo de esta idea, tal idea fantástica volvía constamente al público, ya en 1859 a manos de un naturalista francés llamado Félix Archimède Pouchet, de su colega inglés Henry Charlton Bastian, o del profesor francés Stephane Leduc, que en 1910 todavía predicaba la generación espontánea bajo el método pseudocientífico de "imitar las condiciones físicas en que nació la vida".

Alejadas de este concepto también estaban las teorías eléctricas científicas de la época.
Aunque Tales de Mileto en el 600 a.C. ya experimentaba con la electricidad haciendo que unas briznas de hierba seca fueran atraídas por un trozo de ámbar que antes había frotado con su túnica, no fue hasta 1752, cuando Benjamín Franklin (1706-1790) arrebató de los cielos, como si de un moderno Prometeo se tratara, el fuego en forma de rayo gracias a su famoso experimento de la llave y la cometa, que la fuerza eléctrica comenzó a tener valor para la ciencia. Posteriormente Luigi Galvani (1737-1798), profesor de anatomía en la Universidad de Bolonia en Italia, en su libro "De Viribus Electricitatis en Motu Musculari" (1792) presentó sus experiencias en las patas de las ranas iniciadas en 1786, sobre el estímulo del sistema nervioso mediante descargas eléctricas y convencido de haber descubierto la electricidad animal.

Parece ser que Mary Shelley conocía las teorías de un médico y filósofo naturalista llamado Erasmus Darwin (abuelo de Charles Darwin) que establecía analogías entre el fluido eléctrico y el fluido nervioso. También se cree que la figura del Dr. Frankenstein estuvo basada en la personalidad de un físico y filósofo escocés llamado James Lind (1736-1812) que había sido el tutor científico de su marido cuando estudiaba en Eton, que había filosofado sobre la naturaleza del principio vital, el galvanismo y los procedimientos de reanimación de personas ahogadas o asfixiadas. Pero aunque Mary conocía estas teorías (en 1815 soñó con su hija muerta a la que sostenía junto al fuego y que frotándola vigorosamente le devolvía la vida; además se casó con Shelley dos semanas después de la muerte de Harriet, su primera esposa, que se ahogó en 1816 y que, como era habitual en esa época, la intentaron reanimar con sales aromáticas, frotamientos vigorosos, electricidad y respiración artificial), es indudable que estaba más interesada en sus consecuencias morales que en los detalles científicos de las mismas.

Finalmente, comentar otra línea de interés en el campo científico que no pertenecía directamente a la medicina sino a la mecánica, que pudo dar a la autora del libro la idea del montaje por piezas de la criatura. Nos referimos a la creación de seres artificiales mecánicos, los llamados autómatas.
En 1500 a.C., Amenhotep, hermano de Hapu, construyó una estatua de Memon, el rey de Etiopía, que emitía sonidos cuando la iluminaban los rayos del sol al amanecer. King-su Tse, en China, inventó en el año 500 a.C. una urraca voladora de madera y bambú y un caballo de madera que saltaba. En el año 206 a.C., fué encontrado el tesoro de Chin Shih Hueng Ti consistente en una orquesta mecánica de muñecos... Personajes como Alberto Magno (1204-1272) con su "hombre de hierro", Roger Bacon (1214-1294) con su "cabeza parlante" o Leonardo Da Vinci (1452-1519) con su "león mecánico", se interesaron por la mecánica aplicada a la creación de autómatas; incluso René Descartes inventó en 1640 un autómata al que se refería como “mi hijo Francine”.
Posiblemente fue Jacques de Vaucanson (1709-1782), nacido en Grenoble, el más asombroso creador de autómatas; realizó un pato de cobre, que graznaba, chapoteaba en el agua, bebía, comía y digería la comida por disolución y que finalmente era conducida por unos tubos hacia el ano donde había un esfínter que permitía evacuarla; por instigación de Luis XV, intentó construir un modelo humano con corazón, venas y arterias, pero murió antes de poder terminar esta tarea. Los autómatas se hicieron cada vez más complejos: Robert Houdini construyó una muñeca que escribía, Thomas A. Edison una muñeca que hablaba...


En la 2ª parte, la literatura y el cine....

domingo, 3 de octubre de 2010

Tony



Nominado al Oscar en una ocasión, casado en seis, protagonista de clásicos de la talla de Con faldas y a lo loco, Los vikingos o Fugitivos, famoso vividor, temido galán....El actor ha fallecido a los 85 años de edad.
RIP, Tony.

viernes, 12 de febrero de 2010

Un Óscar por favor!!!!

La dama y la muerte
Javier Recio Gracia.



:)

jueves, 11 de febrero de 2010

A propósito de "El hombre lobo"...

Un tema apasionante...así que mejor por partes...
La zoomorfosis es la metamorfosis de ciertos animales en otros, y de ahí se deriva la creencia en la capacidad de algunos hombres para transformarse en animales (sería una antropomorfosis) ya sea voluntariamente, mediante prácticas mágicas o por influjos no controlados, y que se encuentra extendida por todo el mundo.
El animal en el que el hombre se transforma es elegido según la zona geográfica donde vive y por el simbolismo que tiene en su ámbito cultural, correspondiendo habitualmente a los más fieros y dañinos, expresión básica del salvajismo de la naturaleza (en Europa Meridional es el lobo, aunque en la Europa del Norte es el oso; en America Septentrional ambos, el lobo y el oso, mientras que en América Meridional es el jaguar; en Africa Septentrional es la hiena y en Africa del Sur el león, el leopardo o el cocodrilo; en Asia Oriental la zorra; en la India el tigre...).
Estas ideas dieron lugar a muchas leyendas sobre humanos animalizados que en ocasiones se mezclaban con datos reales. Así nos encontramos con los berserkers u hombres-oso de los pueblos escandinavos, fieros y sangrientos luchadores que, bajo la influencia de ciertas drogas, se cubrían con pieles de oso para luchar embriagados contra sus enemigos, creyendo que así participaban de la naturaleza de la fiera hasta el punto de creerse transformados. También han sido famosos los hombres-león y los hombres-leopardo africanos, personas que disfrazándose con las pieles y atributos de dichos animales, actuaban la mayoría de las veces como sociedad secreta dentro de su comunidad, con el fin de luchar contra sus enemigos o hacer cumplir sus leyes y normas mediante actos vengativos e incluso llegando con cierta frecuencia al asesinato.
De igual forma que se atribuye un antropomorfismo en los dioses (por el que adoptan la forma o cualidades del ser humano), con mayor razón pueden presentar un zoomorfismo y transformarse en animales; el mito de Osiris nos relata que éste adoptó la forma de un lobo para ir a socorrer a Isis y a su hijo Horus en su lucha contra Seth, aunque el gran hito en esto de las transformaciones animales viene de la India en la figura de Vishnú y sus avatares, ya que asumió la forma de un pez, de una tortuga gigante, de un jabalí o de un monstruo mitad hombre mitad león. Tampoco se queda atrás el dios griego Zeus que, por motivos menos espirituales que Vishnú y más relacionados con su sacra entrepierna, se transformó en toro, cisne, águila o serpiente..
En el ámbito de la mitología también nos encontramos con quienes se han considerado descendientes o primos lejanos de los animales. Diversas tribus griegas como los misios declaraban ser descendientes de ratones, los arcadios de los osos, a los ofiógenes se les emparentaba con las serpientes y los mirmidones creían ser hormigas metamorfoseadas en hombres. Otros pueblos se preciaban de descender de los lobos como los licios, los dacios, los arcanos del Mar Caspio, los orkas frigios, los licaones de Arcadia, los lucenses españoles o los lucanos e irpinos de Italia...

Y es esta última, la figura del lobo como animal de referencia en la transformación zoomórfica del ser humano, la que en realidad me interesa ahora.

El término "licántropo" tiene su origen en Licaón, rey de Arcadia, que según las diferentes versiones de Pausanias, Platón y Ovidio, fue transformado en lobo por Zeus en castigo por haber intentado comprobar su divinidad invitándole a un banquete en el que sirvió un asado preparado con el cadáver de un niño.
A este tenebroso y peludo ser se le ha denominado de diversas formas. El término hombre-lobo desciende del latín lupus hominarius, aunque en el latín clásico se le llamaba versipellis (el que cambia de piel). En inglés se denomina werewolf (de wer, hombre y wolf, lobo, aunque antiguamente significaba ladrón); en francés se llama loup garou (que deriva de loup garwolf, cuyo significado es un redundante lobo hombre-lobo); en ruso eran volkodlak (de volk, lobo, y dlak, pelo); los servios les llamaban vulkodlak, los letones vilkacis, los lituanos vilkatas, los escandinavos vargulfr, los griegos brucolakas, los rumanos pryccolitchs, los portugueses lobarras, los gallegos le llamaban lobishome y los vascos gizonochoa (traducción literal de hombre lobo)...
Pese al amplio territorio geográfico en el cual los hombres lobo hicieron su aparición, el origen de la superstición nunca ha sido aclarado del todo. En los Balcanes y los Cárpatos se utilizaba indistintamente el término vrykolakas para referirse a los hombres lobo y a los seres resucitados de la tumba, es decir, los vampiros; y en realidad una epidemia de licantropía precedió a la que ya hemos conocido de vampirismo (se decía que los licántropos que no morían de forma definitiva eran los que posteriormente se convertían en vampiros).
El rey húngaro Segismundo (1368-1437) hizo que la Iglesia, en el concilio ecuménico de 1414, reconociera oficialmente la existencia de los hombres lobo. Este hecho, junto con una serie de condiciones sociales y sanitarias, hizo que en la Europa del siglo XVI la maldición del hombre lobo adquiriera enormes proporciones, implicando en ello a las autoridades eclesiásticas que tuvieron que iniciar una investigación oficial. Entre el año 1520 y mediados del siglo XVII, se enumeraron unos 30.000 casos de licantropía en toda Europa, especialmente en Francia, Serbia, Bohemia y Hungría.
Casos famosos han sido los de los franceses Pierre Bourgot y Michel Verdung en 1521, el de Gilles Garnier en 1573, el de un sastre de Chalons condenado a la hoguera en 1598, o los de la familia Gandillon o el vagabundo Jacques Roulet y sus familiares en el mismo año. Aunque son dignos de conocer y la lectura de las actas originales son sorprendentes, no vamos a adentrarnos en ellos pues escapan al objetivo de esta serie.
Dentro del caos de opiniones sobre la licantropía una de las que tuvo mayor fuerza durante la Edad Media, fue la que la atribuía al demonio o a sus subalternos. El demonólogo Lancre asumía, por ejemplo, que el animal preferido por el diablo para transformarse era el lobo, pues "el lobo es el enemigo mortal del cordero, en cuya forma fue figurado Jesucristo". Así existieron tendenciosas obras, que intentaban ser más o menos serias a la hora de tratar el tema, la más terrible fue el "Malleus Maleficarum" (1486) de los frailes dominicos Heinrich Kramer y James Sprenger, y la misma línea siguieron obras como "De la Démonomanie des Sorcières" (1580) donde el inquisidor y doctor francés Jean Bosin opinaba que "el diablo puede real y materialmente metamorfosear el cuerpo de un hombre en el de un animal y causar con ella la enfermedad"; esta teoría también fue defendida por Claudio, prior de Laval en Maine, cuya obra se tituló "Diálogos de la licantropía", o por Francesco Guazzo en su "Compendium Maleficarum". Por otra parte, el médico Jean de Nynauld en su "De la Lycanthropie, transformation et extase des sorciers" (1615) opinaba que el fenómeno de los hombres lobo se debía a una intoxicación por diferentes drogas o venenos. Posiblemente el intento más serio de acercarse al tema, tanto desde el punto de vista histórico como folklórico, es el llamado "El libro de los Hombres Lobo" (1865) del historiador, sacerdote, teólogo, novelista y folklorista inglés Sabine Baring-Gould (1834-1924).
Indudablemente ha sido el poco definido origen de la licantropía lo que ha dado lugar, ya sea directa o indirectamente, a múltiples opiniones referentes al tema. Si las resumimos un poco podremos ver tres tendencias básicas en cuanto a la explicación del porqué una persona puede convertirse en lobo. Una de ellas engloba a las transformaciones voluntarias (vestirse con la piel del animal, utilizar determinado objeto cedido por el diablo en persona, frotarse con ungüentos o beber pociones mágicas, etc); otra hace referencia a las transformaciones inducidas por otras personas (ya sean magos, brujas o personajes similares) y que podría ser aceptada conscientemente o de forma involuntaria y que se asociaría a una maldición; y la última, que recogería las transformaciones espontáneas (aunque en el fondo también son inducidas de alguna forma, aunque no por personas) como sería el clásico influjo de la Luna, pasar por encima del cuerpo de un lobo, beber agua donde ha bebido el animal, comer su carne o sus órganos, recibir la mordedura de un lobo, e incluso circunstancias más complejas como una herencia familiar o ser el séptimo hijo varón de un matrimonio...
Y quizá lo que más a contribuido a ofrecernos una versión especial del tema (en gran parte inventada sobre la marcha) ha sido, sin ninguna duda, el llamado cine de terror...
El cine ha desarrollado muchos de sus guiones bebiendo en las fuentes literarias originales, y la literatura de todo el mundo ha recurrido a la transformación del hombre en animal como linea argumental a desarrollar. Pero, sorprendentemente, no existe ninguna obra de referencia representativa e importante sobre este tema, tal y como ha sucedido con nuestros dos monstruos anteriores, el "Drácula" de Stoker o el "Frankenstein" de Shelley.
A pesar de todo tampoco podemos dejar de comentar algunas obras interesantes con referencias antropomórficas como son los clásicos "La Odisea" de Homero (siglo VIII a. de C.), donde la maga Circe convierte en cerdos a la tripulación de Ulises, "Los nueve libros de historia" del griego Herodoto (siglo V a.C.) donde comenta las costumbres del pueblo de los neurianos, o "El Asno de Oro" de Apuleyo (123-180) donde la transformación de un joven de Corinto en un asno le hace vivir múltiples peripecias. Otras famosas obras, con similares argumentos son "La corza blanca" (1863) de Gustavo Adolfo Bécquer, una de sus más famosas 'leyendas' donde animal y mujer amada se funden en una tragedia romántica; el relato del belga Jean Ray "La princesa Tigre" (1887), en el que recoge una clásica leyenda brasileña; o con un tono más moderno, angustioso e intimista, "La Metamorfosis" (1912) de Franz Kafka, donde su personaje va cambiando hasta convertirse en un horrible insecto.
Referencias más explícitas a la licantropía las podemos encontrar en el "Satyricón" de Petronio (siglo I), donde se describe la historia de Nicero, testigo ocular de la transformación voluntaria de un soldado en lobo; así como en la obra de Colin Sutherland Menzies "Hughes, el hombre lobo" (1838), en "El lobo blanco de las montañas Hartz" (1839) de Frederick Marryat, o "Wagner, el hombre lobo" (1846) de G.W.M.Reynolds, una clara referencia al mito que apareció como relato seriado en revistas baratas de la Inglaterra victoriana. Otras interesantes referencias también las encontramos en "El jefe lobo" (1857) de Alejandro Dumas, en el especial y diferente "Hugo, el lobo" (1859) de la pareja Emile Eerckmann y Alexandre Chatrian o, más particularmente en la aventura de John Silence, el investigador de lo oculto creado por Algernon Blackwood, llamada "El Campamento del Perro" (1908) donde surje la licantropía psíquica, o en "La Marca de la Bestia" (1932) de Rudyard Kipling donde se describe una dramática transformación a consecuencia de una maldición religiosa; incluso podemos encontrarnos, sin entrar en la literatura actual, con el interesante "Le gâloup" (1960), escrita por el etnólogo y folklorista francés Claude Seignolle...
En diversos relatos clásicos, ya sean griegos o romanos, así como en relatos históricos sobre licantropía, el hombre-lobo era una persona que se convertía en un verdadero lobo, en un feroz animal peludo que caminaba a cuatro patas e imposible de distinguir inicialmente de un lobo normal. En la Edad Media comenzó a surgir la imagen del lobo semihumanizado en su postura, pues a pesar de su claro aspecto animal podía manifestarse como un bípedo ocasional. Las únicas referencias que se hacían a los hombres-lobo con apariencia humana eran, como las del pintor Cranach el Viejo (1510-1515), cuando se hacía referencia al hombre como salvaje, un ser antropófago poseído por la locura.
La industria cinematográfica, en su aportación al terror, y por necesidades impuestas por las antiguas técnicas de efectos especiales y la enorme capacidad de los profesionales de la caracterización, nos mostró otra imagen bien diferente del hombre-lobo y que ha quedado grabada en nuestras mentes para siempre. Nos referimos al hombre animalizado, al ser mitad animal y mitad humano, al monstruo que dejó gran parte de sus orígenes mitológicos y tradicionales para renacer en un nuevo ambiente creencial, inventado prácticamente de principio a fin, y que hoy ha sido asumido por muchos como lo real...
Este nuevo monstruo peludo vive básicamente en la tragedia, es un hombre condenado, con una extraña enfermedad (la mayoría de las veces infecciosa y de fácil transmisión) y de la que sólo puede liberarse mediante la muerte. El monstruo es, en pocas palabras, un hombre maldito. Torturado con el sufrimiento de la transformación física y atormentado por saber que, como animal, es capaz de los crímenes más terribles y espeluznantes...
La primera película que recrea a este personaje fue una obra muda de 1913 titulada sencillamente "The Werewolf" dirigida por Henry MacRae, aparecieron posteriormente "The fox woman" (1915) y "The wolfman" (1915), pero no fue hasta 1932 cuando surgió la primera película sonora de licántropos, "Le loup-garou", de origen franco-alemán y dirigida por Pierre Bressol.
Otras películas probaron el guión licantrópico sin éxito: "The Wolfman" (1924) de Edmund Mortimer (la primera película americana en tratarlo) o "Wolf Blood" en 1925 donde una transfusión es el origen de la tranformación de un hombre en bestia, hasta que llegó "Werewolf of London" (1935) y dirigida por Stuart Walker, que se tradujo fatalmente en España como "El lobo humano", primera aportación al tema de la productora americana Universal, una versión totalmente particular del libro de un guionista de Hollywood, Samuel Guy Endore (1900-1970), titulado "El Hombre Lobo de París" y que bebía directamente de las fuentes de la obra de R.L.Stevenson, película que no tuvo mucho éxito pese a lo interesante que resulta el conjunto final.
La película que hoy todos conocemos como la que fue capaz de relanzar la figura del monstruo es "The Wolfman" (1941) realizada por George Wagner para la Universal; el guionista era Kurt Siodmak quien, por diversas presiones de los productores, cambió y modificó el guión original hasta inventar toda una nueva mitología a su alrededor: el bastón con puño de plata, la mordedura en forma de estrella de cinco puntas, la repugnancia hacia el acónito, e incluso la famosa luna llena... El papel principal del famoso personaje Larry Talbot fue interpretado por el hijo de un experto en esas artes y que, pese a no alcanzar ni de lejos su maestría, bordó un papel de hombre maldito, nos referimos a Lon Chaney Jr, que actuó en la película junto a otros famosos secundarios como Bela Lugosi o María Ouspenskaya. La habilidad de Jack Pierce consiguió con la caracterización del monstruo abrir el camino a las famosas transformaciones cinematográficas.
Después del inesperado éxito que despertó el segundo hombre-lobo de la Universal, diversas compañías se dedicaron a explotar el filón de las transformaciones animales. La RKO optó por un personaje femenino y un animal diferente, así surgió en 1942 "Cat People" de Jacques Tourneur (libremente traducida en nuestro país, algo a lo que ya nos tienen muy acostumbrados, como "La mujer pantera"); es una historia donde se mezclan el terror y las debilidades del ser humano, un amasijo de amor, celos y violencia, una historia de seres marginados que retoma el mito desde un punto de vista diferente, y donde la protagonista aclara algo nuevo e importante: "Sea lo que sea lo que hay en mí, -dice- es inofensivo cuando soy feliz"; una película bien llevada donde las transformaciones no se ven, sino que se insinúan mediante rugidos e inquietantes juegos de sombras. Posteriormente y, en vista del éxito cosechado, se hizo una continuación "La maldición de la mujer pantera" (1944) dirigida ahora por Robert Wise, aunque con los mismos actores y que no obtuvo el reconocimiento esperado. En los años 80 se volvió al tema con un remake de la primera película que derivaba en una historia totalmente nueva, "El beso de la pantera" (1982) dirigida por Paul Schrader y protagonizada por una atractiva Nastassja Kinski. Finalmente, "El hombre leopardo" (1943), fue otra de las películas fallidas de la RKO que intentó recoger ganancias de su anterior éxito sin conseguirlo, y ello pese a utilizar al mismo Jacques Tourneur como director.

La Universal, siguiendo su política de exprimir sus éxitos de terror, mantuvo al monstruo en sus nuevas producciones aunque, ya sea por falta de buenos guiones o de nuevas ideas, pasó directamente a compartir películas con otros famosos monstruos de la gran pantalla como las ya mencionadas en capítulos anteriores: "Frankenstein y el Hombre Lobo" (1943), "La zíngara y los monstruos" (1944), "La mansión de Drácula" (1945) o la humorística "Abbot y Costello contra los fantasmas" (1948). La única obra que escapó a este círculo estrafalario de la Universal fue "La loba de Londres" (1946) una obra melodramática dirigida a un público femenino.
Cuando nuestro personaje no dio más de sí mismo, se produjo una aproximación del terror a la juventud del momento (de forma similar a lo sucedido con otros monstruos). De esto se encargó Gene Fowles con "Yo fui un Hombre Lobo adolescente (1957), donde aparece un jovencísimo Michael Landon luchando contra la maldición de la Luna llena; luego se hizo "El Frankenstein adolescente contra el Hombre Lobo adolescente" (1959) intentando perseverar en el tema aunque sin el éxito esperado; en los años 80 se volvió a retomar a la juventud con una tonta comedia, "De pelo en pecho" (1985) donde aparecía un joven Michael J. Fox de protagonista.
"La maldición de Hombre Lobo" (1960) de Terence Fisher, fue la aportación de la británica Hammer al tema de la licantropía, donde Oliver Reed sufría la maldición ante las cámaras. A partir de entonces se produjo cierto desinterés por parte de productores y realizadores; pese a ello se produjo alguna película aunque poco importantes en general como "El terror de los lobos" (1961) de Richard Benson.
Desde finales de los años 60 a los 80, fue el español Jacinto Molina, más conocido como Paul Naschy, el que mantuvo la bandera de la licantropía como eje del cine de terror, creando al ya clásico personaje de Waldemar Daninsky. Comenzó como actor y terminó asumiendo el papel de director; se inició con "La Marca del Hombre Lobo" (1968), donde se aplicó un sistema visual en 3D para atraer la atención del público, y llegó a realizar 11 películas sobre el mismo tema de las que podríamos destacar "La Noche de Walpurgis" (1970) o "El retorno del Hombre Lobo" (1980), en su última película "La Bestia y la espada mágica" (1983) Waldemar se enfrenta a condesas sangrientas, muertos vivientes, al hombre de las nieves y al Dr. Jekyll, una extraña mezcla que desvirtuó finalmente el tema del licántropo evidenciando una falta total de buenas ideas. Durante esa época también se hizo alguna película aunque poco importante como fue "El hombre lobo de Washington" (1973) o "La leyenda del hombre lobo" (1975), y otras que debieron su éxito más al suspense policíaco que al terror como la producción argentina "La Bestia debe morir" (1952) basada en la novela de Nicholas Blake, así como su remake francés de 1969 e inglés de 1974. Por otra parte, la también argentina "Nazareno Cruz y el lobo" (1974) de Leonardo Fabio, nos acercaba al folklore mas clásico donde un séptimo hijo varón sufre la maldición y debe enfrentarse al final con el diablo.

Pero coincidiendo con el agotamiento del Waldemar de Naschy, a principios de los 80 surgieron nuevas películas que revitalizaron el mito por muy diversos motivos. Una nueva orientación la ofreció "Aullidos" (1980) de Joe Dante que, basándose en una novela de Gary Brandner, huye del hombre lobo solitario y nos muestra una comunidad organizada de licántropos; esta fue una película de culto y abrió toda una saga con, hasta el momento, siete secuelas (casi todas ellas prescindibles). Otra película a destacar resultó ser "Lobos Humanos" (1980) de Michael Wadleigh, una interesante obra donde se invierte el mito y nos muestra una raza diferente a la humana, que convive con ella y que, de forma algo sangrienta, lucha por la libertad y nos pide su respeto. Pero quizá la que más fama obtuvo fue "Un Hombre Lobo americano en Londres" (1981) que, con guión de su director John Landis, marcó la entrada del nuevo cine americano entre los licántropos; su mayor éxito se debió a la transformación del actor David Naughton en lobo, lo que marcó un hito en el cine de terror y le valió un Oscar por los logrados efectos especiales del habilidoso Rick Baker. Posteriormente se intentó una segunda parte con "Un Hombre Lobo americano en París" (1997) que pese a tratar el tema de las comunidades licantrópicas, no tuvo el éxito esperado.
Aunque durante esa época se volvió ocasionalmente al clásico hombre lobo, con bala de plata incluida, como en "Miedo Azul" (1985) basada en la obra de Stephen King, también surgieron obras más originales como la estética "En compañís de lobos" (1984) de Neil Jordan, que retomaba en cierta medida el cuento de Caperucita Roja.
Entre las obras más recientes podemos destacar la irregular "Lobo" (1994) de Mike Nichols, donde se sufre con el cambio experimentado por el personaje principal ( Jack Nicholson,al que le viene muy bien el papel de persona normal capaz de mantener una agresividad oculta dispuesta a liberarse si la vida le da una oportunidad) y que, al contrario que el arquetípico personaje de la Universal, éste es capaz de asumir e incluso disfrutar en con nuevo papel. Otras películas intentaron aprovechar el tirón de ésta pero tuvieron poco interés, entre ellas tendríamos "Werewolf" (1995), "Luna Negra" (1996) o "Licántropo" (1996).
El resto de películas modernas han padecido las tendencias típicas del cine americano. Unas se sitúan entre la acción, el terror y el esperpento gore como "Dog Soldiers" (2002) de Neil Marshall, con la historia de un grupo de hombres lobo que acosan a una patrulla de soldados. Otras destacan por sus efectos especiales y mixturas argumentales como "Underworld" (2003), con un mundo en el que viven tres razas distintas (los humanos, los vampiros y los licántropos), o "Van Helsing" (2004) con vampiros, hombres lobo y lo que se le tercie al guionista.
Visto el cúmulo de despropósitos imaginativos que el cine ha desarrollado alrededor de nuestro monstruo peludo, deberíamos revisar los conceptos que la ciencia y la medicina en particular nos pueden aportar en este tema...

...y la medicina???
Mmmm...La ciencia ha intentado ver a los llamados hombres lobo desde muy diversos puntos de vista. Unos desde el punto de vista patológico, atribuyéndoles una serie de característica específicas ya sea por alteraciones físicas o trastornos psíquicos, y otros desde un punto de vista sociológico, tema que arranca desde las más antiguas leyendas europeas. Aprovechemos el momento y démosles un breve repaso...
* En la Edad Media, época en la que los hombres lobo pasaron a ser parte de las creencias populares y a integrarse en las vidas de muchas personas, se produjeron grandes hambrunas y epidemias que desorganizaron la vida social y estimularon a su vez la religiosidad extremista, reafirmándose el valor de los inocentes y persiguiendo hasta la muerte a los impuros cuyos pactos con el demonio suponían que traían la tragedia a las tierras de Dios.
* El factor epidemiológico: Muchos investigadores han querido ver la realidad del hombre lobo en una epidemia de rabia, dando a entender que los afectados por la llamada rabia furiosa serían aquellos considerados popularmente como seres humanos transformados en fieras o, en este caso particular, en lobos. Pero aunque resulte en cierto grado una explicación atractiva (el lobo contagiando al hombre por un mordisco) no explicaría muchos de los casos que se dieron entonces, ni los prolongados periodos en los que los licántropos actuarían, ni la supervivencia de sus víctimas heridas, etc.
De la misma forma, otra enfermedad que se ha relacionado con estos personajes ha sido la porfiria, debido a determinadas características físicas de estos enfermos. Alguno lo asocia a la variedad llamada porfiria cutánea tarda, más frecuente en hombre y con cierta asociación con el alcoholismo, donde es frecuente que la piel se vuelva áspera y seca, oscureciendo su tono y con un hirsutismo como reacción orgánica defensiva del sol más frecuente en la frente y los pómulos. ...Una teoría muy traída por los pelos (y nunca mejor dicho)...
Debido a las condiciones sociales antes comentadas, la gran proliferación de hombres lobo también se ha atribuído a un fenómeno de histeria colectiva. Posiblemente existió un fenómeno de este tipo tal y como la historia nos ha demostrado en muchos de los casos conocidos de brujería. En este sentido es de destacar el caso conocido como 'La Bestia de Gévaudan' sucedido entre 1764 y 1767 en la región francesa de Lozène, donde más de cien personas fueron atacadas y devoradas por un misterioso animal; frente a esta realidad se desató una ola de histeria colectiva y se achacó a un loup garou lo que derivó en un grave problema de orden público y el mismo rey Luis XV tuvo que intervenir enviando a su caballería de élite para destruir a la bestia. Pese a que finalmente se dio muerte a un enorme animal con grandes garras y colmillos, la controversia sobre el hombre lobo no cesó. Se han escrito diversos libros sobre el tema e incluso se realizó en el año 2000 una película sobre el caso titulada "El Pacto de los Lobos", interesante interpretación de su director Christophe Gans donde con una bella estética realiza una compleja mezcla de terror, aventuras y política.
* Personajes peludos han sido con frecuencia malinterpretados como hombres lobo, aunque en este caso más por su morfología que por sus características sanguinarias.
Un amplio grupo de estos los encontramos en la historia de los llamados 'fenómenos humanos' y, por desgracia, asociados la mayoría de las veces a la exhibición circense o a un coleccionismo arcaico y de dudoso gusto por parte de nobles y monarquías por suerte obsoletas. El más antiguo conocido hace referencia a un canario nacido en 1556 llamado Petrus Gonsalvus, que tenía todo el cuerpo y la cara cubiertos de vello. Por orden del rey Enrique II de Francia, se transladó a París donde tuvo una exquisita educación y tuvo 4 hijos, todos con el mismo aspecto de su padre. Tras una gira por Europa de toda la familia, el duque Albretch IV de Babiera asombrado por su aspecto encargó realizarle un retrato de tamaño natural, obra que regaló posteriormente al archiduque Ferdinand del Tirol y que expuso en su Castillo de Ambras, en Innsbruck, Austria. Posteriormente la artista Lavinia Fontana de Zappis realizó otro famoso cuadro de su hija Antonietta. Al ser el primer caso detallado del que se tuvo noticia, este tipo de hipertricosis universal congénita es conocida como el Síndrome de Ambras -una de las llamadas enfermedades raras con inversión en el cromosoma 8 (p11.2q23.1)-, que curiosamente nos ofrece una imagen muy similar al clásico hombre lobo cinematográfico.

Barbara Urselin fue otro famoso caso de grave hipertricosis del que también existe testimonio gráfico. Nació en 1629 en Kempten, Alemania, y fue exhibida de muy pequeña por sus padres a cambio de dinero como "La Mujer Cubierta de Pelo" (The Hairy-Faced Woman); posteriormente se casó y su marido continuó con este dudoso negocio recorriendo toda Europa. También se tiene constancia pictórica del siglo XVII, obra de Stefano della Bella, de un tal Horacio González, un hirsuto hombre lobo español que viajó a Roma en peregrinación para rogar el milagro de un cambio de aspecto.

Otros famosos personajes peludos fueron Adrian Jeftichejev, conocido en 1873 como "El Hombre Salvaje de los Bosques de Kostroma" y que se exhibía como el fruto de las relaciones entre un oso y una campesina, de carácter arisco y de pésimo humor agravado por una hepatopatía debida a su aficción al vodka, así como su hijo ilegítimo Fedor, conocido posteriormente por el nombre de Theodore Petroff y por el sobrenombre de "Jo-Jo, el Niño con Cara de Perro", "El Skye Terrier Humano" o "El Hombre Caniche", y que gracias a su ingenio y buen carácter fue muy querido por el público y la prensa que lo visitaba en el circo. Tras su muy llorada muerte en 1904, el circo buscó un fenómeno similar encontrando a Stephan Bibrowski, conocido como "Lionel, el Hombre León", que había nacido en 1891 de padres normales; personaje culto y divertido, falleció en 1931 tras una exitosa carrera como showman.
Entre 1888 y 1889, una familia de birmanos que huyeron de su país durante la guerra civil, hizo una gira por Estados Unidos; el padre llamado Shwe-Maong, peludo como los casos anteriores, fue regalado de niño al rey como curiosidad y divertimento de palacio; tras casarse, tuvo cuatro hijas, una de ella peluda y que posteriormente tuvo un hijo normal y una hija también peluda. Y si revisamos la literatura médica, nos encontraremos ocasionalmente con este síndrome: un hombre chino en 1937, un alemán en 1958, otra alemana en 1964, un niño griego en 1993 y toda una familia mexicana con 21 miembros afectados y que son conocidos como "Los Niños Lobo". Este tipo de fenómenos han interesado poco al cine; que nosotros recordemos existe una película "Wolf Girl: La mujer lobo" (2001) que trata de una chica hirsuta llamada Tara Talbot (apellido que nos remite al famoso hombre lobo de la Universal) que vive y trabaja en un circo cuyo único deseo es ser considerada como cualquier otra chica normal.
La medicina también ha encontrado otro tipo de hirsutismo congénito diferente al que hemos visto; en este caso también puede afectar a todo el cuerpo pero se asocia a un prognatismo facial, hipertrofia gingival y alteraciones dentales. Este síndrome de hirsutismo con fibromatosis gingival se ha asociado más a una imagen de oso o de mono, que a un perro o a un lobo, pero no podemos evitar introducirlo aquí por su similitud.
Ejemplos famosos de este síndrome ha sido el trágico caso de Julia Pastrana, una india mexicana que nació en 1834 en las montañas de Sierra Madre; a los 20 años se puso a trabajar como fenómeno profesional exhibiéndose por la región y los EEUU. Era una mujer baja, de 137 cm de altura, con una gran hipertrofia gingival que formaba unas grandes encías llenas de protuberancias, con la frente muy peluda y unos bigotes y barba muy llamativos. Se le presentó como "El Híbrido Maravilloso" o "La Mujer Oso", y muchos creyeron que era el resultado de los bestiales amoríos de un humano y una osa o un orangután. Su vida, por desgracia, estuvo rodeada por los poquísimos escrúpulos de su mánager, que se casó con ella para poder seguir explotando el filón de la curiosidad humana; la dejó embarazada y llegó a vender entradas para asistir al parto. Julia dió a luz en 1860 a un niño tan peludo como ella pero, debido a lo dificultoso del alumbramiento, falleció a los tres días y la madre dos días después. El marido continuó aprovechándose de ambos y los mandó embalsamar (aunque en realidad fue un puro trabajo de taxidermia) y siguió exhibiéndolos por el mundo. Tras muchas peripecias las exhibiciones terminaron en 1976 cuando unos ladrones destruyeron parcialmente sus momias; desde el año 1990 sus restos se encuentran en el Instituto de Medicina Forense Rikshospitalet de Oslo, donde sólo están disponibles para estudios científicos. El director Marco Ferreri se inspiró en Julia para realizar en 1964 "La donna scimmia" y que interpretaron Ugo Tognazzi y Annie Girardot.

Otra caso que podríamos incluir en este grupo sería el de Krao, una niña hirsuta con un pelo corporal negro, lacio y lustroso, con prognatismo facial, nariz chata y orejas grandes, ágil de movimientos y muy flexible. Al igual que otras personas de características similares fue exhibida desde 1883 por Europa y EEUU como "La Mujer Simio" junto con una falsa historia familiar que la trasformaba en una especie de eslabón perdido, aunque nació en realidad en Bangkok de padres normales.
Existe un famoso caso español, la llamada "Osa de Andara", una mujer velluda de Cantabria estudiada en 1875, descrita con pelo crespo, de frente aplastada y estrecha, nariz chata, pómulos prominentes y labios parecidos a un hocico. Algún autor afirmó, con pocos visos de realidad, que era una pastora llamada Joaquina López que huyó a las cuevas de Andara avergonzada por su imagen; otros, por el contrario, han intentado ver en esta mujer un resto de la raza neandertal...
Todos estos últimos casos nos llevan necesariamente a comentar el tema del llamado Hombre Salvaje que, de alguna forma, puede relacionarse con los llamados hombres lobo solitarios.
Aquí es conveniente distinguir las teorías sobre el verdadero Hombre Salvaje de aquellas que hacen referencia a los "prehumanos supervivientes" (que incluirían al neandertal o a los australopitecos, con toda la gama de yetis del Himalaya, al almasty caucásico, al bigfoot y al sasquatch americanos, al yowie australiano, al maricoxi brasileño, al hibagón japonés, al moehau neozelandés, al agogwe africano o al toonijuk de los esquimales entre otros muchos), y las que hacen referencia al "atavismo", por el cual reaparecen en el organismo algunos de los caracteres de los antepasados, posiblemente debido al retorno de un gen mutante a su forma originaria (y aquí podríamos incluir las crónicas y leyendas de pueblos 'con cola' como la raza de los geriboku japoneses, los kia pon chinos, los orang ekor malayos, los batak berekor camboyanos, los niam niam africanos o los qweqwete bosquimanos; aunque recordemos de paso que este signo de atavismo ha servido para despreciar a algunos pueblos y marcarlos con la imagen de bestialidad, lo que hicieron los japoneses al llamar a sí a los ainos por vestir ropas de animales).
La imagen del Hombre Salvaje, un ser de aspecto humano, que vive desnudo en cuevas o bosques y que tiene todo el cuerpo recubierto por una espesa capa de pelo, aparece en la mitología de todo el mundo y representado en una cantidad ingente de obras gráficas. La mayoría de las veces se les describe como personajes solitarios, aunque también se ha hablado de poblaciones enteras de estos seres. Se les ha considerado libres de convencionalismos, viviendo sus deseos libre y espontáneamente, donde especialmente el deseo sexual se libera y que nos llevaría a la clásica relación entre la vellosidad corporal y el vigor o el deseo sexual (fenómeno éste muy relacionado con las historias de hombres lobo) de amplia difusión en muchas culturas.
Uno de los aspectos más curiosos del hombre salvaje lo constituye el hecho de poder ser también un asilvestrado, una persona que abandona por su propia voluntad la civilización y opta por la soledad y el ascetismo (en este sentido han sido famosos algunos santos de los primeros siglos: San Onofre, San Pafnucio, San Juan Crisóstomo o Santa María Magdalena...; un fenómeno similar a lo que Buñuel nos mostró en su película "Simón del desierto").
Este concepto del hombre asilvestrado nos lleva necesariamente a citar los casos de los llamados Niños Salvajes y que muchos han relacionado con hombres animales y especialmente con los hombres lobo. El naturalista Carl von Linneo ya describió en su "Systema Naturae" (1758) al homo sylvestris (hombres ferales u hombres salvajes), basándose en 9 niños abandonados que sobrevivieron en la selva gracias a los animales, y que caracterizaba como hirsutos, mudos y cuadrúpedos, y a los que actualmente podríamos añadir una cierta insensibilidad al frío o al calor, gran visión nocturna y olfato muy desarrollado, aunque estos casos se han mostrado sexualmente indiferentes. Cuando el magistral escritor Rudyard Kipling (1865-1936) publicó en su "Libro de las Tierras Vírgenes" (1894) las aventuras de Mowgli, un pequeño criado y educado por los lobos de la India (relato que modernizaba en cierta forma la leyenda de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma que fueron amamantados por una loba), se reabrió el debate de la existencia real de los niños salvajes. Aquí posiblemente deberíamos distinguir dos tipos: los criados por animales y los que sobrevivieron por su propia cuenta.
En el primer grupo estaría, entre otros muchos casos, el de Rama y Kamala de 1920, las famosas niñas lobo de Midnapore en la India, que fueron cuidadas por una camada de lobos y que bebían, comían, gruñían y actuaban como sus padres adoptivos; el de un niño sirio que fue cuidado por lobos en 1946, o el de Ramu en 1954, el niño lobo de Lucknow que fue abandonado por sus padres por su retraso mental y criado por una loba. El cine poco nos ha mostrado sobre ellos si exceptuamos las abundantes, deformadas y aventurescas historias del famoso personaje de Edgar Rice Burroughs que nos mostraron una falsa idea sobre estos niños desde el cine mudo con "Tarzán de los monos" (1918) hasta "Greystoke" (1984).
El segundo grupo, que se nos escapa del tema que tratamos, ha sido mucho más versionado en el cine, donde nos encontramos con "El pequeño salvaje" (1969) de François Truffaut, basado en la historia de Victor, un niño de 12 años encontrado en el siglo XVIII en los bosques franceses de Aveyron y que fue educado por el médico Jean Itard; "El enigma de Kaspar Hauser" (1975) de Werner Herzog, que se hacía eco del famoso caso del niño hallado en Nuremberg en 1828; o más recientemente "Nell" obra de 1994 donde se teoriza sobre la reeducación de una niña de estas características. Existen casos más recientes que han permitido a los científicos estudiar un fenómeno que la ciencia del renacimiento ya teorizaba sobre ellos y proponía incluso un ensayo con seres vivos; estos han permitido que psicólogos y linguistas estudiaran la situación de los niños que han vivido abandonados por sus padres como es el caso de 'Genie' una niña californiana a la que su padre encerró durante doce años negándole toda comunicación y condenándola al silencio.
Y dejo para lo último lo que, a mi modo de ver, es la mejor explicación médica de los casos de hombres lobo: una enfermedad mental.
Durante el siglo XVI, diferentes actos que incluían los ataques sexuales, los asesinatos y el canibalismo, fueron atribuidos a seres humanos capaces de transformarse en lobos. Tanto era así, que el término "licantropía" acabó relacionándose con terribles situaciones en las que predominaba un excesivo sadismo e incluso una abominable antropofagia.
La posibilidad de encontrarse frente a una enfermedad mental se llegó a plantear en la época de mayor recrudecimiento de los ataques de los hombres lobo. El sastre de Chalons en Francia, que fue condenado a la hoguera en 1598, no sólo relató unos terribles actos durante su proceso sino que incluso se jactó de ellos, lo que ya podía hacer sospechar que fuera en realidad un enfermo. otros hombres lobo se llegaron a librar de la tortura y la hoguera como fue un vagabundo débil mental llamado Jacques Roulet, que juró que sus crímenes los realizaba bajo la forma de un lobo; el tribunal debió sospechar de una enfermedad, ya que lo internó en el hospital de Saint Germain aux Prés. El niño licántropo de Aquitania, Jean Grenier, también era un retrasado mental con apetitos caníbales, y terminó sus días encerrado en el monasterio franciscano de Burdeos.
Un famoso hombre lobo en España (ya que se considera el primer asesino en serie español) fue Manuel Blanco Romasanta más conocido como "El Hombre Lobo de Allariz" que confesó haber asesinado, despedazado y devorado a trece personas en los bosques de Galicia entre los años 1846 y 1852; gracias a los estudios de un médico francés la reina Isabel II le conmutó la pena capital por la cadena perpetua terminando sus días en la cárcel. Este caso fue llevado al cine por Pedro Olea en "El bosque del lobo" (1970) con una gran actuación de José Luis López Vázquez, y más recientemente en "Romasanta: La caza de la bestia" (2004) de Paco Plaza.
La compulsión por la sangre que presenta el sádico implica, muchas veces, un impulso sexual mal dirigido, que los convierte en asesinos voluptuosos que violan a sus víctimas y terminan devorando su carne, regocijándose en las mutilaciones o en los coitos postmortem y que les lleva, en ocasiones, a conservar alguna parte de sus víctimas como si fuera un fetiche. Estos enfermos entremezclan el placer sexual con el placer de comer, donde el deformado impulso amoroso le lleva a introducir y a asimilar en sí mismo al cuerpo amado. Cuando a este tipo de violencia asesina fuertemente relacionada con el sadismo sexual y el canibalismo, se asociaba además el convencimiento de que la personalidad se transformaba en la de otros animales (especialmente el lobo, debido a su ferocidad), los médicos comenzaron a hablar inicialmente de una insania lupina o locura lobera, una psicosis lúpica o una lupomanía. Actualmente mucha gente prefiere hablar de la licantropía como una enfermedad psiquiátrica, pese a no estar incluída en el DMS-IV (la monomanía por la cual el enfermo cree adoptar la forma de un animal, sin que se asocie el sadismo violento, sexual y caníbal, sería simplemente un zoomorfismo paranoico).

La realidad es que este tipo de enfermedad mental, la llamemos como la llamemos, es de muy difícil clasificación al ser enfermos incapaces de separar lo real de lo imaginario mientras conviven temporalmente con una violenta, feroz y 'supuesta' transformación de la personalidad. Esto ha dado lugar a que en la actualidad la psiquiatría hable de una conducta histérica transitoria, una hipocondria delirante, una psicosis alucinatoria o simplemente de una esquizofrenia aguda. Visto de esta forma el fenómeno licantrópico, sería fácil relacionarlo con muchos asesinos en serie actualmente conocidos: el ruso Andrei Chikatilo 'el carnicero de Rostv', el inglés Reginald Christie 'el monstruo de Rillington Place' o los americanos Albert Fish 'el Maníaco de la Luna' o Edward Gein 'el carnicero de Plainfield'.
El lobo es un animal simbólico de lo salvaje y lo libre de la naturaleza, que nos muestra una imagen estereotipada como expresión de lo peligroso y lo destructivo, del poder depredador. El poeta romano Plauto (254-184 a.C.) dejó escrito un clásico proverbio "Homo homini lupus", y que posteriormente popularizó Thomas Hobbes (1588-1679) en su "De cive, epistola dedicatoria": 'El hombre, es un lobo para el hombre', y éste con afán depredador (y pido perdón a los lobos) nos lo ha demostrado muchas veces a través de la historia.
Terminaré con unos famosos versos que pronunciaba María Ouspenskaya en la clásica película de la Universal, y que nos recuerdan que nadie está libre de la maldición, pues en nuestro interior se oculta una bestia dormida que puede salir en cualquier momento:
"Even a man who is pure of heart
And says his prayers by night
Can become a wolf when the wolfbane blooms
And the moon is full and bright".
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"Incluso el hombre puro de corazón
que reza sus oraciones por la noche
puede convertirse en lobo cuando florece el acónito
y la Luna llena brilla"...