No he soltado a mi ángel mucho tiempo, y se me ha vuelto pobre entre los brazos, se hizo pequeño, y yo me hacía grande: de repente yo fui la compasión; y él, solamente. un ruego tembloroso.
Le di su cielo entonces: me dejó él lo cercano, de que él se marchaba; a cernerse aprendió. yo aprendí vida, y nos reconocimos . lentamente...
Aunque mi ángel no tiene ya deber, por mi día más fuerte desplazado, baja a veces su rostro con nostalgia, como si no quisiera ya su cielo.
Querría alzar de nuevo, de mis pobres días, sobre las cimas de los bosques rumorosos, mis pálidas plegarias basta la patria de los querubines.
Allí llevó mi llanto originario y pensamientos; y mis diminutos dolores se volvieron allí bosques que susurran sobre él...
Sí algún día, en las tierras de la vida, entre el ruido de feria y de mercado, la palidez olvido de mi infancia florecida, y olvido el primer ángel, su bondad, sus ropajes y sus manos en oración, su mano bendiciendo; conservaré en mis sueños más secretos siempre el plegarse de esas alas, que como un ciprés blanco quedaban detrás de él...
Sus manos se quedaron como ciegos pájaros que, engañados por el sol, cuando, sobre las olas, los demás se fueron a perennes primaveras, han de afrontar los vientos invernales en los tilos vacíos, sin follaje.
Había en sus mejillas la vergüenza de las novias, que el espanto del alma tapan con púrpuras oscuras ante el esposo.
Y en los ojos había resplandor del primer día: pero sobre todo descollaban las alas portadoras...
Había expectación en la llanura por un huésped que no acudió jamás: aún pregunta tal vez el jardín trémulo: su sonrisa después se vuelve inválida.
Y por los barrizales aburridos se empobrece en la tarde la alameda, las manzanas se angustian en las ramas y les hacen sufrir todos los vientos.
Es donde están las últimas cabañas y casas nuevas que, con pecho angosto, se asoman estrujadas, entre andamios miedosos, quieren saber dónde empieza el campo.
Allí la primavera siempre es pálida, a medias, el verano es febril tras esas tablas: enferman los ciruelos y los niños, y tan sólo el otoño allí tiene algo
de remoto y conciliador: a veces son sus tardes de suave derretirse: dormitan las ovejas, y el pastor con zamarra se apoya, oscuro, en la última farola.
Alguna vez ocurre en la honda noche que se despierta el viento, como un niño, y pasa la alameda, solitario, quedo, quedo, llegando hasta la aldea.
Y a tientas va marchando hasta el estanque y se para después a oír en torno: y las casas están pálidas todas y las encinas mudas...
Rilke.
Todas las cosas morirán, El río azul claramente derrama su corriente bajo mi ojo. Cálido y amplio, el viento del sur arrasa los cielos; Una tras otra, las blancas nubes son derretidas. Cada corazón que esta mañana late con pasión, lleno de precaria alegría, algún día, sin embargo, morirá.
La corriente dejará de fluir, La brisa cesará su canto, Las nubes no flotarán, El corazón ardiente callará, pues todas las cosas morirán. Todas las cosas morirán. La primavera será tempestad; Oh, vanidad! La muerte aguarda en el umbral. Mira! todos nuestros amigos abandonan el vino y la alegría... Nos llaman, debemos ir.
Yace abajo, bien abajo. El la Oscuridad debemos reposar. Las risas alegres permanecen graves; y el canto de las aves, o el viento sobre la colina, no volverán a ser oídos. ¡Oh Miseria! ¡Escuchen todos! la Muerte nos llama mientras derramo mis versos.
La mandíbula cae, La mejilla cálida empalidece, Los fuertes brazos se abaten, El hielo y la sangre se mezclan, La mirada se vuelve rígida; Nueve veces la campana resuena:
Vosotras, almas alegres, adiós. La vieja Tierra nació, como los hombres saben, en años perdidos. Pero la vieja Tierra morirá. Dejad entonces que el cielo ruja y que las azules olas azoten la costa. Nunca veremos a través de la eternidad, todas las sutilezas que nacen, algún día ya no serán, pues todas las cosas morirán.
Lord Alfred Tennyson.
Ah no lo harás en vano
se te helarán los dedos y el corazón y los olores
se te helará la noche y la arrogancia y las rodillas
se te helará la sangre y los crepúsculos y el humo
se te helará el bostezo y el ademán y la lujuria
se te helarán los ojos la madrugada y el esperma
se te helará el ritual y las caricias y los signos
se te helará la luna y el arbolito y la garganta
se te helarán los labios y los disfrutes y la vida
todo está listo no lo harás en vano.
B.
En la linde del bosque no había más sonido que el leve cuchicheo de una larga guadaña hablando con la tierra. No sé qué le diría. Quizás le contaba algo sobre el calor del sol, o quizás algo acerca de aquel vasto silencio, y por esto su voz no era más que susurro. No le hablaba de un sueño nacido de los ocios, ni de oro regalado por algún hada o duende: fuera de la verdad, todo parece frágil para el ferviente amor que alineó gavillas, no sin dejar algunas flores (blancas orquídeas) , y asustó a una serpiente de un verde coruscante. El sueño más hermoso que el trabajo conoce son los hechos. Mi larga guadaña susurró, y 0lvidóse del heno.
R.Frost. _________
Como la voz de un muerto que cantara desde el fondo de su fosa, amante, escucha subir hasta tu retiro mi voz agria y falsa.
Abre tu alma y tu oído al son de mi mandolina: para ti he hecho, para ti, esta canción cruel y zalamera.
Cantaré tus ojos de oro y de onix puros de toda sombra, cantaré el Leteo de tu seno, luego el de tus cabellos oscuros.
Como la voz de un muerto que cantara desde el fondo de su fosa, amante, escucha subir hasta tu retiro mi voz agria y falsa.
Después loare mucho, como conviene, A esta carne bendita Cuyo perfume opulento evoco Las noches de insomnio.
Y para acabar cantaré el beso de tu labio rojo y tu dulzura al martirizarme, ¡Mi ángel, mi gubia!
Abre tu alma y tu oído al son de mi mandolina: para ti he hecho, para ti, esta canción cruel y zalamera.
Verlaine.
Aceite & sangre
En tumbas de oro y lapislázuli cuerpos de santos y santas exudan aceite milagroso, fragancia de violeta.
Pero bajo los pesados cúmulos de arcilla pisoteada yacen cuerpos de vampiros pletóricos de sangre; sus mortajas están ensangrentadas y sus labios están húmedos.
W.B.Yeats.
Oda
Oigo, patria, tu aflicción, y escucho el triste concierto que forman, tocando a muerto, la campana y el cañón; sobre tu invicto pendón miro flotantes pendones, y oigo alzarse a otras regiones en estrofas funerarias, de la iglesia las plegarias, y del arte las canciones.
Lloras, porque te insultaron los que su amor te ofrecieron ¡a ti, a quien siempre temieron porque tu gloria admiraron; a ti, por quien se inclinaron los mundos de zona a zona; a ti, soberbia matrona que, libre de extraño yugo, no has tenido más verdugo que el peso de tu corona!
Doquiera la mente mía sus alas rápidas lleva, allí un sepulcro se eleva contando tu valentía. Desde la cumbre bravía que el sol indio tornasola, hasta el África, que inmola sus hijos en torpe guerra, ¡no hay un puñado de tierra sin una tumba española!
Tembló el orbe a tus legiones, y de la espantada esfera sujetaron la carrera las garras de tus leones. Nadie humilló tus pendones ni te arrancó la victoria; pues de tu gigante gloria no cabe el rayo fecundo, ni en los ámbitos del mundo, ni en el libro de la historia.
Siempre en lucha desigual cantan tu invicta arrogancia, Sagunto, Cádiz, Numancia, Zaragoza y San Marcial. En tu suelo virginal no arraigan extraños fueros; porque, indómitos y fieros, saben hacer sus vasallos frenos para sus caballos con los cetros extranjeros.
Y aún hubo en la tierra un hombre que osó profanar tu manto. ¡Espacio falta a mi canto para maldecir su nombre! Sin que el recuerdo me asombre, con ansia abriré la historia; ¡presta luz a mi memoria! y el mundo y la patria, a coro, oirán el himno sonoro de tus recuerdos de gloria.
Aquel genio de ambición que, en su delirio profundo, cantando guerra, hizo al mundo sepulcro de su nación, hirió al ibero león ansiando a España regir; y no llegó a percibir, ebrio de orgullo y poder, que no puede esclavo ser, pueblo que sabe morir.
¡Guerra! clamó ante el altar el sacerdote con ira; ¡guerra! repitió la lira con indómito cantar: ¡guerra! gritó al despertar el pueblo que al mundo aterra; y cuando en hispana tierra pasos extraños se oyeron, hasta las tumbas se abrieron gritando: ¡Venganza y guerra!
La virgen, con patrio ardor, ansiosa salta del lecho; el niño bebe en su pecho odio a muerte al invasor; la madre mata su amor, y, cuando calmado está, grita al hijo que se va: "¡Pues que la patria lo quiere, lánzate al combate, y muere: tu madre te vengará!"
Y suenan patrias canciones cantando santos deberes; y van roncas las mujeres empujando los cañones; al pie de libres pendones el grito de patria zumba y el rudo cañón retumba, y el vil invasor se aterra, y al suelo le falta tierra para cubrir tanta tumba!
¡Mártires de la lealtad, que del honor al arrullo fuisteis de la patria orgullo y honra de la humanidad, ¡en la tumba descansad! que el valiente pueblo ibero jura con rostro altanero que, hasta que España sucumba, no pisará vuestra tumba la planta del extranjero!
B. L. García
"Ara nun diran, menda maiteak ara nun diran zolaiak Baserri eder zuri zuriak iturri eta ibaiak. Endayan nago zoraturikan zabal zabalik begiak: Ara España... lur oberikan ez da Europan guztian"
"He aquí los campos y montes queridos los hermosos caseríos, las fuentes y los ríos. Estoy loco de contento en Hendaya, con los ojos muy abiertos: Ahí está España, mejor tierra no la hay en Europa entera".
José María Iparraguirre Balerdi
Desiderata (Max Ehrman1872-1945) Go placidly amid the noise and haste, and remember what peace there may be in silence. As far as possible without surrender be on good terms with all persons. Speak your truth quietly and clearly; and listen to others, even the dull and the ignorant; they too have their story.
Avoid loud and aggressive persons, they are vexations to the spirit. If you compare yourself with others, you may become vain and bitter; for always there will be greater and lesser persons than yourself. Enjoy your achievements as well as your plans.
Keep interested in your own career, however humble; it is a real possession in the changing fortunes of time. Exercise caution in your business affairs; for the world is full of trickery. But let this not blind you to what virtue there is; many persons strive for high ideals; and everywhere life is full of heroism.
Be yourself. Especially, do not feign affection. Neither be cynical about love; for in the face of all aridity and disenchantment it is as perennial as the grass.
Take kindly the counsel of the years, gracefully surrendering the things of youth. Nurture strength of spirit to shield you in sudden misfortune. But do not distress yourself with dark imaginings. Many fears are born of fatigue and loneliness. Beyond a wholesome discipline, be gentle with yourself.
You are a child of the universe, no less than the trees and the stars; you have a right to be here. And whether or not it is clear to you, no doubt the universe is unfolding as it should.
Therefore be at peace with God, whatever you conceive Him to be, and whatever your labors and aspirations, in the noisy confusion of life keep peace with your soul.
With all its sham, drudgery, and broken dreams, it is still a beautiful world. Be cheerful. Strive to be happy.
Maurice Ravel compuso la Pavana como pieza para piano solista en 1899. Ricardo Viñes tocó el estreno en París, el 5 de abril de 1902. Ravel orquestó la obra en 1910.
Durante su época de estudiante Ravel asistió a menudo a veladas que se realizaban en los hogares de los patrocinadores musicales parisinos. Estas reuniones incluían interpretaciones informales de las composiciones nuevas. Uno de los patrocinadores a cuyo salón asistió Ravel fue la princesa Edmond de Polignac, que encargó una modesta obra para piano solista. Ravel sin duda compuso la obra apresuradamente y sin pensar mucho en el futuro de la misma. Era música de salón escrita para el presente, no para la posteridad.
Se sintió sorprendido, molesto, con la posterior popularidad de esta modesta composición. Se convirtió en su primera obra ampliamente conocida. Era interpretada con frecuencia por pianistas aficionados. Si hubiera escrito una rutilante pieza de exhibición para el piano, tan sólo los solistas virtuosos la hubieran tocado y las interpretaciones hubieran sido mejores. Pero la música de salón está dirigida a los aficionados y de este modo la obra fue tocada, por lo general mal, en incontable número de ocasiones. Como su popularidad eclipsó la de sus obras más sustanciales, Ravel llegó a indignarse con la Pavana. Escribió despectivamente sobre ella años más tarde: "Hasta tal punto es una cuestión de historia antigua que es hora de que el compositor se la entregue a los críticos. Ya no veo sus virtudes desde esta distancia, pero, ¡ay de mí!, puedo percibir sus faltas demasiado bien. La influencia de Chabrier es demasiado vivida y la estructura es bastante pobre. Las notables interpretaciones de esta obra cuestionable y convencional han contribuido, creo, en gran medida, a su éxito."
Ravel estaba aludiendo no sólo a las extravagantes interpretaciones descriptivas de la obra producidas por los críticos sino también, sarcásticamente, a las torpes interpretaciones instrumentales qué por lo general se daban de la obra. Una de estas ejecuciones mucho menos que notable fue dada por un niño, que la tocó pesadamente en toda su extensión, en un tiempo desesperadamente lento y sin ningún sentido del lirismo. El compositor le dijo al pianista: "Escucha, hijo, lo que escribí es una Pavana para una Infanta Difunta, no una Difunta Pavana para una Infanta."
El mismo Ravel tocaba la pieza, pues deseaba impedir que fuera tocada exclusivamente por aficionados. Por una razón similar decidió orquestar la Pavana, unos once años después de haberla compuesto. Sin embargo, el éxito de la composición siguió obsesionándole, ya que rápidamente se convirtió en una de las más populares de las obras orquestales, como lo sigue siendo.
La Pavana era fácil de orquestar. Como es una danza cortesana, que a menudo se tocaba en el laúd, Ravel utilizó una gran cantidad de escritura para piano en staccato para sugerir ese instrumento. Esta música fue transferida a cuerdas en pizzicato, que pueden sugerir el sonido del laúd mejor que el piano. Conviene escuchar, por ejemplo, el acompañamiento de cuerdas a la melodía del corno de la apertura.
Al llamar la pieza "pavana", Ravel estaba aludiendo a la forma solemne de danza. El resto del título, sin embargo, no tenía ningún significado en especial. A pesar de las fantasiosas historias que aparecieron intentando vincular una historia dolorosa a la pieza, el compositor no dejó de sostener que se había sentido meramente atraído por los sonidos alterativos del nombre pour une infante defunte.
Afortunadamente, los grandes pianistas la adoptaron y las orquestas de todo el mundo siguen interpretándola. Y los aficionados seguimos llorando su melodía. Ciertamente, no creo que exista un título mejor para una pieza así.
Yo ya me despedía.... y palpitante cerca mi labio de tus labios rojos, «Hasta mañana», susurraste; yo te miré a los ojos un instante y tú cerraste sin pensar los ojos y te di el primer beso: alcé la frente iluminado por mi dicha cierta.
Salí a la calle alborozadamente mientras tu te asomabas a la puerta mirándome encendida y sonriente. Volví la cara en dulce arrobamiento, y sin dejarte de mirar siquiera, salté a un tranvía en raudo movimiento; y me quedé mirándote un momento y sonriendo con el alma entera, y aún más te sonreí... Y en el tranvía a un ansioso, sarcástico y curioso, que nos miró a los dos con ironía, le dije poniéndome dichoso: -«Perdóneme, Señor esta alegría.»
Cuando leí este poema por primera vez, hace años, tenía en mente esta música. Es curioso que precisamente este resorte se haya disparado hoy, dentro de mi cabeza.
lunes, 5 de enero de 2009
¡Ya vienen los Reyes!
Ya empiezo a prepararme para mi día favorito del año. Si el tiempo no lo impide (crucemos los dedos!) esta tarde estaré con mis primos viendo la cabalgata de mi pueblo. Como siempre, y que sea por muchos años. Adoro este día. Me encanta ver la carita de ilusión y de felicidad de los crios...y sonreir. Y darle la espalda a la carroza de Papá Noel. Maldito hi*%#**ta!! Este año será sin Carlos, que está en Bosnia. Ya sabes tio, que estás en nuestro corazón. Me comeré un trozo de roscón a tu salud!
Y la carta...pues lo que más deseo es salud para todos. Y un poquito de amor, que ya va tocando.
Ya sabéis, hay que acostarse pronto, que esta noche vienen los Reyes!!!!!
Queridos Reyes Magos. Este año he sido muy, muy bueno...
Oh, dejame repetir ese nombre cien veces, mil veces. Por tres días ha vivido en mi interior, oprimiéndome y quemándome... Eternidad en tus brazos... Cielo, infierno, todo, todo en tí y de nuevo en tí... Oh, déjame loco, insano... La común, prudente estrecha realidad, ya no es suficiente por más tiempo, debemos vivir con toda nuestra vivencia, amor, y toda nuestra congoja! ¿Me crees capaz o no, de sacrificio, de virtud, de moderación, de religiosidad? Esto es para vivirlo!!! El día en que puedas decirme con toda tu alma, con todo tu corazón, toda tu mente: "Franz, permitámonos borrar olvidar, olvidar para siempre, cada cosa incompleta, penosa, y acongojante en el pasado; permitámonos ser todo para el otro, porque ahora te entiendo y perdono tanto cuanto te amo" ese día, y puede ser pronto, volaremos lejos del mundo, y viviremos, amaremos y moriremos el uno por el otro solamente.
Liszt fue un intrépido y galante Don Juan. Se cuenta que tuvo al menos 25 intrigas amorosas (comprobadas juar!!), aunque no llegó a casarse. Del primero de sus grandes amores, la condesa d’Agoult, nacieron cuatro hijos: un hombre y tres mujeres. Una de ellas, a la que pondrían por nombre Cósima, se casaría en segundas nupcias con Wagner.
Como a cualquiera en las mismas circunstancias, la reunión me hacía ilusión y me daba miedo, luego me puso nervioso. En 1968 acabé el preuniversitario y salí del colegio Estudio, en el que había permanecido desde los cuatro años. Hace una semana, a instancias de uno de los pocos compañeros con los que mantengo amistad, José Manuel Vidal, que además es mi cardiólogo desde hace un decenio, unos cuarenta miembros de aquella promoción fuimos a su casa y nos vimos las caras, en algún caso por primera vez en cuarenta años. Mercedes Cabrera, la Ministra de Educación, y yo teníamos la ventaja de que esa cara se nos ve en la prensa de vez en cuando y era difícil que le diéramos un susto a nadie. Da temor encontrarse con cincuenta y siete años a quienes dejamos de ver con dieciséis o diecisiete. De hecho dudaba que fuera aconsejable. A algunos los había vuelto a ver hacía veinte, con motivo de una reunión similar, pero eso es también mucho.
Fue muy agradable y divertido, y, tras unos segundos de desconcierto, todo el mundo resultó reconocible. Había que hacer una corrección de enfoque, acoplar la cara infantil o juvenil que uno guardaba en la memoria a la del hombre o la mujer maduros que tenía ahora uno enfrente. A los pocos minutos, en el peor de los casos, se obraba una superposición y, por así decir, uno conseguía “encajar” las dos imágenes, la del pasado remoto y la del presente, sin que ésta borrara aquélla del todo ni aquélla desmintiera del todo a ésta. Nadie preguntaba mucho por la vida actual de cada cual, más allá del “Qué tal te va” impuesto por la educación. Esa vida actual en realidad no interesaba, a ninguno nos importaba saber a qué se dedicaba el otro, si tenía hijos, mujer o marido, porque en seguida se congeló el tiempo y empezamos a tener la sensación de que la vida verdadera era aquella, la de estar todos juntos sin profesión ni ataduras, en la vaga y eternizada expectativa de la infancia, y de que cuanto había ocurrido y venido después de separarnos era accidental y secundario, una especie de desviación de lo natural, o de error, o acaso un larguísimo sueño que tocaba a su fin al reencontrarnos aquella noche, como si pensáramos: “Este es mi lugar. Estos son mis compañeros primeros, con los que eché a andar por el mundo y con los que conviví a diario durante trece años fundamentales; aquí están las primeras chicas que me gustaron, mis primeros enemigos con los que me pegué en el patio para luego hacer siempre las paces; aquí están mis primeros amigos a los que procuré ser leal, aquí mi primera representación del mundo, en la que aprendí ya casi todo”.
Era curioso ver y sentir el afecto espontáneo con que nos tratábamos todos (hasta los que no nos caíamos muy bien en el colegio), con una natural tendencia a abrazarnos, a pasar una mano cariñosa por el brazo, a que las mujeres, cuando la noche ya estuvo avanzada y tomamos asiento, apoyaran sus cabezas cansadas en los hombros de los hombres en quienes confiaban, como si fuéramos hermanos. Allí nadie podía ser un farsante, y no había ministra ni escritor que valieran, ni médico, arquitecto, abogado, ingeniero, periodista o psiquiatra. Nadie era nada más que el que siempre fue en clase. “Ellos me conocen bien”, pensé, “nunca podría engañarlos: todos sabemos cómo es cada uno, aquí no cabe ningún fingimiento”. Oh, y me sentí tan cómodo, tan a salvo y tan a resguardo. Hablé con la primera niña -niña entonces- que me gustó, a los cuatro años, María José Gancedo, simpatiquísima; y con la segunda, a los seis, Margarita Castillo; reconocí a Marín y a Peña, y el primero montó un DVD con viejas fotografías que nos sumergió aún más no en el pasado, sino en el tiempo que está siempre ahí, esperándonos; a Onís y a Tatay, antaño pendencieros y que hoy organizan safaris; a Lambea y a Suárez-Carreño, y a los cariñosos Gamero, Salgado y Ruiz-Bravo; a Marianne, Suseta, Asun y María Rosa, a Carmen Bernis y a Lola Lantero, ahora rubia casi platino; estaba Mercedes, también muy simpática, sin guardaespaldas por una vez porque allí era donde menos los necesitaba. No puedo nombrarlos a todos. Dos han muerto: mi mejor amigo de la primera infancia, Bauluz, y África, de la que alguien contó cómo en otra reunión, a la que no asistí, se despidió de Gonzalo Domínguez Torán con un beso casi cincuentón en la boca, y le dijo: “Tenía esto pendiente desde la niñez. Ahora ya me quedo tranquila al respecto”. Brindamos por ellos y por otros ausentes: Inés Ortega, Liven Porter, Javier Fernández del Riego, Paloma Agrasot, Rafael López Barrantes, algunos no habían podido venir desde América.
Preferí no quedarme hasta el final. No quería irme cuando ya no hubiera más remedio y por ende sentirme “expulsado” de la verdadera vida, de la más auténtica, de aquella en la que no hay disimulos y todo es diáfano. Me rondaban dos pensamientos contradictorios, o eran sentimientos: por un lado, “Si siguiéramos aquí un día tras otro, sería una pesadilla”. Por otro, y era más fuerte, “Que no se acabe, por favor, que no se acabe esto”. Por eso me fui, cuando aún quedaban muchos y muy animados. Para acabar yo la experiencia feérica, de abolición o más bien compresión del tiempo, y que no fuera otro quien me la terminara, ni siquiera el anfitrión delicado y generoso. Porque, como dijo alguien, volvimos a ser nosotros, sólo que disfrazados de mayores. Nuestros muchos años, nuestras profesiones y fracasos o logros, nuestras mujeres o maridos e hijos, pasaron a no ser más que eso, disfraces que se ponen los niños.
JAVIER MARÍAS
El País Semanal, 4 de enero de 2009. :-)Preciosa esta semana, Sr Marías!
jueves, 1 de enero de 2009
¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!!!!!
Espero de corazón que este sea El Año, con mayúsculas.
Que no nos dejemos vencer, que sólo capitulemos ante el amor, que cada día sea un motivo y no una excusa, que cada momento sea sincero, porque para ser eterno, todo debe ser bello y cierto.
Mi semblante sumiso en la extirpación de las palabras, Mis manos esparcidas en el horror. Todo en sombras, arisco, fluyente y transido De los fríos sudores que he sangrado en mi noche.
Mis ojos asesinados transpiran su lodo contra los muros. Mis fláccidas axilas de ningún modo me han sostenido. ¿Para qué frecuentar vuestras opulentas moradas? Os dejo en gran duelo, nativos fantasmas.
Escuchadme: no puedo dejar de ajustarme A la onda musical de vuestros sospechosos escarceos. Pero pálido en su furor inminente, Como el ala erguida bajo sus profundidades de huracán, Enhiesto y bien plantado, Él solo me esperaba. ¿Y la vejez cercana en torno de mis lágrimas? En la canícula de este adormecido vientre- Incubo mis entrañas, mi suerte y mi dolor.
Impelido sobre la tormenta y el pulso de mis venas, Respiro hacia adelante y mi destino me precede. Con toda mi pesantez, en Él me he sumergido. .
Estrepitosamente, he gritado los gritos en mi boca: ¡Aquí abajo, el Inminente! Detenidas por el rumor de su potencia, Las heridas aguas vierten los juramentos a sus plantas.
Señor enhiesto sobre los rayos de su armadura, Fulgente en el acero de su inmovilidad, Para la batalla en dondequiera, Él solo me esperaba. Voces como piedras gruñen bajo la luna.
Él no me detiene ni menos el ala rumorosa Del astro de los muertos, suspendido sobre mi tienda. ¡Su ejército? ¿Acaso replegado y sordo en la espera? ¡Cómo! ¿Acaso pensaba hurtarlo y arrebatarlo por azar A la gran águila de mis miradas?
¿Qué calor me asfixia en estos sudores? Mis dientes se estremecen, rojos de carne de la posesión. ¿Se deshacen mis músculos bajo las rocas implacables? La selva me grita: ¡cuidado! Sacudiendo de despecho su milenario follaje Sobre mi cuerpo jadeante. ¡Oh lágrimas, qué hundimiento Y qué polos de oprobio alcanzados en esta ruina!
Él solo me esperaba. Sus pájaros carnívoros recorren mi silencio. ¡Así sea! Si he sufrido la verde huella de sus ojos. .Centella de tormenta, Él se precipita de súbito En la ruta escabrosa de su blanco viaje.
Él partió con el gran viento de alas de la noche . Y me he quedado inerme y desnudo en la desesperanza, Toda de cal y de ceniza, mi carne, bajo el remolino De su vuelo ensordecedor.
Mi corazón, de soslayo, en la hondura de la Medianoche. ¡Helo aquí yacente en la hez y en la vergüenza, Sucio de excremento bajo la resina de mis ojos Palpitantes, perdido en la tiniebla, la bilis, El amarillo polvo y el desprecio!
"No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mi y a través de mi. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo."
Yo no sé durante cuánto más tiempo tendrá sentido que escribamos artículos los que los hacemos, pero me temo que es un género al que le queda poca vida. Tal vez desaparezca sólo a la vez que los periódicos, al menos los de papel impreso, pero también es posible que le llegue antes su hora, dado el número creciente de lectores que no sabe entenderlos o -lo que es aún más deprimente- no está dispuesto a entenderlos, no le da la gana de hacerlo. Entre los que no saben se cuentan cada vez más jóvenes, como ponen de manifiesto los informes PISA y demás encuestas sobre la enseñanza, según las cuales va siempre en aumento la proporción de estudiantes incapaces de comprender un texto breve, no digamos de resumirlo. Y es de suponer que, cuando dejen atrás sus estudios y ni siquiera tengan que ejercitarse ni examinarse, los comprendan aún menos, por lo que la población adulta futura será analfabeta en la práctica: sabrá leer palabras sueltas, pero no las entenderá combinadas, y sobre todo no entenderá los conceptos, los razonamientos ni las argumentaciones, ni podrá detectar una contradicción ni una incongruencia. Habrá excepciones, claro está, y serán ellas las que manejen el cotarro, porque en contra de lo que muchos jóvenes y pedagogos creen -que no sirve de nada aprender lo que no va a utilizarse profesionalmente-, quienes tengan una cabeza estructurada seguirán siendo los sobresalientes del mundo. El que sepa latín -”una pérdida de tiempo”- y matemáticas -algo “casi innecesario”, con las máquinas calculadoras- sacará una ventaja insalvable a sus especializados contemporáneos.
Pero ya ahora abundan quienes no se sabe por qué leen artículos, cuando lo que buscan y hacen es convertirlos en lemas o proclamas o slogans. Los que escribimos estas piezas intentamos, en términos generales, contar, decir y explicar, razonar, argumentar, criticar, exponer una cuestión y matizarla, analizar, llamar la atención sobre aspectos de la realidad que nos parecen inadvertidos, examinar pros y contras de algún asunto, y desde luego influir, persuadir, convencer y crear dudas. Ustedes leen nuestras columnas en pocos minutos y a menudo distraídamente, y así debe ser: lo que se opina en un diario también tiene mucho de pasatiempo para el lector. Pero eso no quita para que los articulistas nos esmeremos en lo que decimos y dejamos de decir, dediquemos varias horas a componerlas y algunos hagamos un borrador o dos antes de la versión definitiva. No siempre, pero con frecuencia, uno procura afinar y no expresar las opiniones de manera gruesa ni demasiado tajante; pensamos -mal o bien- sobre las cosas, no soltamos lo primero que se nos ocurre, damos vueltas a nuestras convicciones y a veces descubrimos que hay cuestiones sobre las que es difícil tener una opinión, porque son complejas o desconcertantes: nos limitamos a exponer nuestra perplejidad y nos abstenemos, por tanto, de emitir una conclusión a la que no hemos llegado. Incluso a veces hacemos virguerías para matizar una postura o para que no se entienda algo distinto de lo que uno ha querido decir.
Cada vez hay, sin embargo, un mayor número de lectores de artículos que cogen la pieza y no leen lo que ésta dice, sino que van a la búsqueda de lo que, según ellos, viene a decir. No les interesa nada lo que hay en el texto, sino el lema o slogan que deciden “extractar” de él, y que seguramente no está en él. En el fondo éste les parece “paja”, y hacen caso omiso de las salvedades, las matizaciones, las argumentaciones y los razonamientos, para resumir: “Ya, lo que viene a decir este tío es que no hay que tener ordenador ni usar e-mail“. O: “… que no se deben abrir las fosas de la Guerra Civil”. O: “… que las amas de casa son unas petardas”. O: “… que la famosa cúpula de Barceló es una estafa y un despilfarro”. O: “… que hay que ponerle la placa en el Congreso a la Sor Maravillas esa que no la conocía ni Dios”. Es decir, por mucho que uno trate de no simplificar un asunto, a menudo se encuentra con que no pocos lectores se lo simplifican a uno, lo quiera o no. A veces es desesperante, se lo aseguro, por muy curtido que uno esté y aunque sepa que son gajes del oficio. Una de las principales causas de que suceda esto es la cerrilidad política: hay lectores que, si uno se aparta un ápice de lo que ellos quieren leer, lo toman ya como un agravio y lo meten a uno en el saco de “los enemigos”. Otros le reprochan que no haya señalado algo que justamente sí ha señalado, lo cual siempre me deja estupefacto. Hay quienes se fijan en una sola frase que no les gusta y omiten la existencia de todas las demás, y quienes buscan como locos alguna hoja por la que coger el rábano. Y demasiados no están dispuestos ni siquiera a atender y enterarse, a sentir curiosidad por la visión de “este tío o esta tía”, y, por así decir, leen sólo lo que deciden leer, esté ello escrito o no. Cada vez más gente desea únicamente reafirmarse en lo que ya piensa, o indignarse si no lo encuentra, y al pie de la letra además. Gente que se adentra en una pieza más o menos compleja para sacar de ella una conclusión simplona o falsa. ¿Qué futuro, pues, le aguarda a este modesto género? Yo me imagino que este mismo artículo de hoy será resumido por unos cuantos así: “Marías se queja de que no lo entienden”. O aún peor: “Marías desprecia a sus lectores y los llama simples”. En fin, pues qué se le va a hacer.
El Cuarteto nº 8 de Shostakovich es una de sus mejores obras. Escrita en apenas tres días, en una época feliz y de intensa creatividad surgió como un homenaje a sí mismo: "Pensé que que, una vez muerto, nadie dedicaría una obra a mi memoria. Así decidí escribir yo mismo esa obra. Se podría poner en cubierta: "En memoria del compositor de este cuarteto".
En una carta a Isaak Glikman, Shotakovich define la obra: "El tema principal del Cuarteto está formado por las notas re-mi bemol-do-si, es decir, mis iniciales [D. SCH según el alfabeto musical alemán]. En el cuarteto utilizo temas de mis obras y el canto revolucionario "Torturado hasta la muerte en la cárcel". Mis temas proceden de la Sinfonía nº 1, Sinfonía nº 8, Trío nº 2, Concierto para violonchelo, de Lady Macbeth. Existen referencias a Wagner (Marcha fúnebre de El Ocaso de los dioses) y a Chaikovsky (Segundo tema del Primer Movimiento de la Sinfonía nº 6), sin olvidar mi Sinfonía nº 10... El carácter pseudotrágico de este cuarteto está en que al escribirlo derramé tantas lágrimas...".
Hace mucho frío, pero nunca bastante para frenar a la infantería, que derrite la nieve de los montes. Y la escarcha de los ríos difíciles. Y el hielo que oprime a los corazones en desgracia.
La infantería no es la materia; es el ligero y tenue soplo que vivifica. La infantería no es la masa; es la compañía. La infantería no es, a veces, ni el concierto; es siempre la arrebatada canción del solitario centinela, que canta para que el Cabo de Guardia sepa que está vivo.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore que cuando el hombre se cansa, aún le faltan muchas horas y muchas leguas para cansarse. Porque el secreto de la infantería - nosotros estamos hablando naturalmente, de la Infantería Española - es el de sacar fuerzas de flaqueza y hacer de tripas corazón. Que nunca más noble destino tuvieron ni nada mejor pudieron servir.
Ningún oficio más bello que el de infante, que lleva su casa a cuestas como el caracol y se pelea porque no admite jaques: como el león y como el gallo y el toro. Sin medir las fuerzas, que no fuera noble presentar las batallas ganadas y sin mirar atrás, porque detrás no hay nada, absolutamente nada.
Sólo el que ha sido soldado de infantería sabe lo que es sentirse amo del mundo a pie y sin dinero.
El "Concierto para Violín" es una obra para llorar. Fue iniciado por Alban Berg en abril de 1935 y concluido el 11 de agosto de ese mismo año. Louis Krasner fue el solista del estreno, que fue dirigido por Hermann Scherchen en el Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea, celebrado el Barcelona, el 19 de marzo de 1936. La obra se convirtió en el propio réquiem del compositor que falleció tres meses antes de su estreno víctima de una sepsis (según se dice, tras la picadura de una abeja...). Louis Krasner, violinista norteamericano que ejecutó algunas de las composiciones contemporáneas más avanzadas, se interesó por la música dodecafónica durante la década del treinta. Empezó a pensar en un concierto compuesto especialmente para él por uno de los tres grandes compositores dodecafónicos, Arnold Schoenberg o uno de sus dos discípulos, Alban Berg o Antón Webern. Krasner conocía la música de Berg y pensó que, de los tres, este era la mejor opción debido a que su estilo lírico se adaptaba mejor al violín.
Después de hacer discretas averiguaciones acerca del violinista, Berg estuvo de acuerdo en encontrarse con él. El compositor no estaba especialmente interesado en el proyecto, porque en ese momento se encontraba profundamente involucrado en la composición de la ópera Lulú y porque dudaba de su habilidad para componer un concierto virtuoso. Krasner lo convenció de que él no estaba interesado en una obra sobresaliente y vacía, sino en algo sustancial que siguiera la tradición de los conciertos de Brahms y de Beethoven. Krasner argumentó que una obra lírica para solista ayudaría a que el público comprendiera que la música dodecafónica no era cerebral, ni obtusa, ni matemática. Además, el encargo era lucrativo y Berg estaba pasando por dificultades financieras. Aceptó el encargo con cierta perturbación; sólo era la segunda vez que iba a escribir por un honorario. Poco después de que Berg acordara escribir el concierto, sucedió algo que produjo un profundo impacto sobre la obra. El compositor era amigo de Alma Mahler Gropius y de su familia. Alma, viuda del compositor Gustav Mahler, se había casado después con el arquitecto Walter Gropius. Tenía dos hijas, Anna Mahler y Manon Gropius. Berg se sentía especialmente ligado a Manon. Mutzi, como la llamaba, tenía 18 años cuando fue atacada por la polio. Como su madre comentara posteriormente:
"Alban Berg amó a mi hija desde que nació como si fuera suya. Ella se hacía más y más hermosa a medida que crecía. Cuando Max Reinhardt la conoció, me pidió que le permitiera interpretar el papel del primer ángel en Grosses Weltíheater en Salzburgo. Pero antes de que pudiera hacerse ningún arreglo al respecto, ella fue atacada por la parálisis infantil. De modo que permaneció en cama a lo largo de un año y murió el día de Pascua de 1935. No hizo el papel del ángel sino que, en realidad, se convirtió en uno. Después de su muerte, Berg no pudo terminar su propia ópera, Lulú. Compuso el Concierto para Violín y lo dedicó a la memoria de Manon."
Berg deseaba que el concierto reflejara en primer lugar la personalidad de Manon y luego su sufrimiento, muerte y transfiguración. Probablemente no es simple coincidencia que su idea fuera similar a la que subyace tras la Muerte y Transfiguración de Strauss. Ya que esta fue la única obra de Strauss que Berg respetó (los dodecafonistas tenían estas cosas...)
Mientras trabajaba en el concierto, Berg escribió a Willi Reich(el editor de sus obras) pidiéndole algunos corales de Bach. Berg deseaba incluir un coral debido a Manon. Reich envió la música y Berg descubrió que uno de los corales comenzaba con las últimas cuatro notas de la serie tonal con la que él estaba trabajando. Pudo así integrar el coral en el concierto de una manera lógica sin que la súbita aparición de la tonalidad en una obra dodecafónica pareciera arbitraria. El coral que eligió es ¡Es istgenug! ("¡Es suficiente!"). El texto dice: "¡Es suficiente! ¡Señor, si es Tu gusto, libérame de mi yugo! ¡Mi Jesús llega: ahora buenas noches, ¡oh mundo! ¡Estoy ascendiendo hacia la casa del cielo, seguramente allí estaré en paz; mi gran dolor queda aquí abajo. ¡Es suficiente, es suficiente!"
La obra de Berg comienza de un modo elemental: el solista toca las cuatro cuerdas abiertas del violín. Es como si el concierto creciera desde estos sonidos básicos del violín. La segunda parte del primer movimiento refleja la felicidad de Manon y su vivacidad. Hay secciones marcadas scherzando, wienerish (de un modo vienes), y rústico; hay ritmos de vals y figuras propias del canto tirolés y hay una verdadera canción folclórica de Carintia.
La primera parte del segundo movimiento es intencionalmente áspera y disonante a fin de describir la enfermedad de Manon. Luego se entona el coral de Bach como recuerdo de la muerte de la joven. Después de dos variaciones del coral, se recuerda la canción folclórica de Carintia con gran pathos y el trabajo termina tiernamente con el solo de violín elevándose hacia su registro más alto, que de este modo simboliza el ascenso de Manon al cielo.
Este retrato de Manon es lo que podría llamarse el programa público del concierto. Existen evidencias considerables en el sentido de que Berg también intentó un significado adicional y privado. En el Concierto para Violín, como en la mayoría de sus otras obras de madurez, se entregó a la numerología mística. Las marcas de los tiempos y las longitudes de las frases y de las secciones a menudo están determinadas por tres números "mágicos", el 23 (que fue su propio número fatídico), el 10 (que usó en varias obras para simbolizar a Hannah Fuchs-Robettin, la mujer con la que tuvo un affaire secreto durante los últimos 10 años de su vida) y el todavía no explicado número 28. Los cálculos que aparecen en los márgenes del manuscrito de Berg confirman su preocupación respecto de estos tres números. En particular, las variaciones sobre el coral de Bach están estructuradas de acuerdo a las longitudes de los compases de 10,23 y 28. ¿Por qué usaría Berg símbolos de su amor por Fuchs-Robettin en un concierto concebido como recuerdo a la memoria de Manon Gropius?...
Otro rompecabezas, según el erudito en Berg, Douglas Jarman, se refiere al texto (no oído) de la canción folclórica de Carintia que Berg cita. Ya que las palabras del coral de Bach son apropiadas para el concierto y ya que en otras obras de Berg los textos origínales de las citas siempre se refieren al significado de la música, ¿no es razonable suponer que el texto de la canción folclórica sea relevante? Sin embargo, las palabras de esta inocente canción nada tienen que ver ni con Hannah Fuchs-Robettin ni con Manon Gropius. Ellas hablan de una joven llamada Mizzi. Como suele suceder, hubo una Mizzi en la vida de Berg. Cuando tenía 17 años, el compositor tuvo un affaire con Marie Scheuchl, cuyo apodo fue Mizzi. Berg y Mizzi tuvieron una hija que nació en 1902.
Quizá la canción folclórica se refiere no sólo a la inocencia de Manon sino también, más secreta y específicamente, al primer amor de Berg. Quizás el secreto número 28 se refiere a Mizzi Scheuchl o a la hija ilegítima de ambos. Tal vez Berg identificó a su única hija, para la cual nunca pudo ser un verdadero padre, con Manon Gropius, a la que amó "como si hubiera sido su propia hija". Como el compositor puede haber presentido que el concierto sería su última obra, es probable que incluyera en él referencias ocultas a su verdadera hija y a su otra hija, así como también a sus amores primero y último, el que se recuerda (en una canción folclórica oída "como desde lejos") como una implicación debida a la inocencia de la juventud y el otro (tal como está simbolizado en las longitudes de la frase de las variaciones del coral en "Es Suficiente") teñido con el pathos de la muerte inminente.
Temiendo lo peor, Berg trabajó rápidamente. Sin embargo consultaba a menudo con Krasner. Más que hacer que Krasner ejecutara pasajes en los que el compositor había estado trabajando, Berg le pedía que improvisara durante horas. El compositor no parecía estar escuchándole, pero cada vez que el violinista se detenía, entraba en el cuarto y le urgía a continuar. De esta manera, Berg aprendió qué tipo de artificios técnicos llegaban a Krasner con más facilidad. Aun así, cuando el concierto estuvo terminado, el solista consideró que algunas partes eran demasiado difíciles. Berg estaba a punto de revisarlo, cuando Krasner le pidió que le concediera tiempo para trabajar sobre estos desafiantes pasajes. El violinista descubrió que podía dominarlos y al final nada se modificó.
La salud de Berg no era buena. Según su esposa: "Alban, en cama, enfermo y torturado por el dolor, trabajaba frenéticamente y sin interrupción para concluir la composición de su Concierto para Violín, Rehusando detenerse ni para comer ni para dormir, movía inexorablemente la mano afiebrada. 'Debo continuar', respondía a [mis] súplicas, 'no puedo detenerme, no tengo tiempo'."
El concierto quedó terminado en agosto. Berg tenía 50 años. En diciembre debió ser llevado al hospital. A pesar de las dos operaciones, no mejoró. Él trataba de mantener el buen humor por el bien de su esposa. El 23 de diciembre anunció: "Hoy va a ser un día decisivo." Murió poco después de la medianoche del día 24. Su máscara mortuoria fue tomada por Alma Mahler. El Concierto de Violín se convirtió en su propio réquiem.
Berg nunca escuchó el concierto que Krasner interpretó por primera vez en Barcelona en Marzo al año siguiente. El amigo más íntimo del compositor, Antón Webern, debió haber sido el director, pero este se encontraba demasiado perturbado por la muerte de Berg como para realizar los ensayos. Pasó los dos primeros de los tres ensayos programados trabajando sobre la apertura del concierto y dedicando largo tiempo a explicar detalladamente (en su español titubeante) las intenciones de Berg. Por último, Webern renunció, dejando a Hermán Scherchen un único ensayo para preparar las partes del concierto que los músicos ni siquiera habían leído todavía. Dos años más tarde, Webern le escribió a Scherchen: "¡Y pensar que absolutamente nadie me comprendió! Nadie comprendió cómo me sentía yo inmediatamente después de la muerte de Berg y que sencillamente no estaba a la altura de la tarea de dirigir el estreno de su última obra."
Para mí, Berg logró varias cosas. Su obra constituyó la manera más fácil de meterle mano al dodecafonismo, lo que sin duda me ha traido muchas alegrías. Su invención melódica lo hace inolvidable y, además, compuso dos óperas maestras. Pero ante todo, su concierto "a la memoria de un Ángel" es una cúspide del arte de este siglo, que envuelve la imperecedera música en un halo dramático y misterioso irresistible. Que uds. lo disfruten. :-)
Sabes que estás solo, pues no hay nadie que acompañe el son de tu corazón, ni una canción que eleve tu ánimo, de azul a violeta.
Sobre el ostinato, dos notas de las que penden tus recuerdos; puedes elevar una sinfonía un concierto de ternuras y un amanecer de tristezas que huirán, al fin. Sin confianza no hay nada, nada...sólo acero y más acero. Sin verte sé qué piensas, sé que miras a través del ojo del tornado en el que se ha transformado tu vida, y en esa tierra que no es la tuya, aunque estés cerca, el frio cercena los huesos como la vida repta sin descanso, buscándote... Y yo persigo tu mirada a través de las palabras que a veces tienes a bien regalarme, desde el teléfono, en la pantalla de sueños un mensaje que tritura lo que sueño y lo que vivo; palabras que matan pero que son conducidas por tu voz sanadora en un extraño y triste vaiven que alucina mis sentidos y trastorna mis lunas y que han quedado como el último resquicio, una dosis de compasión para continuar por esta senda tenebrosa.
¡Qué dificil es vivir queriéndote tan lejos tan frio tan...imposible!
No quiero terminar de escribir lo que resta sin un beso tuyo, amor de mi alma; sin una caricia....No hay nada que hacer. Aquí los espero, caricia, beso no me moveré de este lugar. Estaré donde siempre y como siempre; No tardeis.
Cuando escribo esto, aún falta una semana para que el Real Madrid juegue contra el Barcelona. Hace unos años gané una porra en un diario barcelonés, aunque no me dieron nada por ello: fui el único que acertó que el Madrid perdería 0-3 ante su eterno rival, en Chamartín. No sé si este año se me solicitará otro pronóstico para el Camp Nou, pero, si así fuera, me temo que tendría que vaticinar un 5-0 a favor del Barça. Cuando ustedes lean esto el resultado ya será viejo, y nada desearía tanto como haberme equivocado. Pero mi equipo está tan desastroso, y el contrario juega tan bien últimamente, que casi ningún merengue puede escapar ahora mismo al pesimismo más absoluto. Si el Numancia y el Málaga (dos recién ascendidos) nos han metido tres goles cada uno, y el Real Unión (un Segunda B) seis en dos partidos de Copa, en realidad creo que me quedo corto con ese 5-0 por parte de Messi, Eto’o, Xavi y compañía. Algo muy grave pasa en el Madrid, y va más allá de las actuales circunstancias. El equipo ha ganado las últimas dos Ligas, lo cual debería tener a la afición contenta y confiada, e incluso en la idea de que se ha iniciado un ciclo bueno que podría traer más títulos. Nada de esto sucede, sin embargo, y no creo que haya en la historia muchos precedentes de equipos triunfantes deprimidos y atemorizados. A los viejos madridistas nunca nos ha bastado con ganar sin más, menos aún de manera injusta o inmerecida. Chamartín es un estadio en el que se silba a los jugadores propios con el resultado a favor, si lo hacen mal, y en el que se aplaude a los rivales cuando han demostrado ser mejores (hace poco a Del Piero, antes a Ronaldinho o al Ajax al completo, hay muchos casos). Es también un lugar en el que se tiene poca paciencia con los futbolistas verdaderamente “nuestros”, es decir, de la cantera, y buena prueba de ello son los mil años que le ha costado a Guti, el de mayor calidad de la plantilla, ser aceptado y considerado imprescindible. Pero a la vez es un sitio en el que se necesitan esos jugadores “nuestros”. El Madrid ha combinado siempre grandes astros extranjeros con excelentes productos de la casa, y cuando éstos han sido la base del equipo ha habido un suplemento de incondicionalidad por parte de los aficionados, a los que no se engaña fácilmente: un club no es admirable porque disponga de dinero para comprar a las estrellas foráneas de turno; lo es también porque tiene ojo, porque sabe ver las posibilidades de niños y adolescentes y los cuida, los prepara y los lanza. Ahora se rememora a la Quinta del Buitre, al cumplirse veinticinco años de su aparición. Durante el tiempo en que el esqueleto del Madrid fueron Chendo, Sanchis, Martín Vázquez, Míchel y Butragueño, los madridistas los adoraron y los apoyaron más que nunca. No sólo porque fueran magníficos futbolistas y renovaran y alegraran el panorama, sino porque eran “nuestros críos” y deseábamos que triunfaran personalmente, además de para el equipo. Eso en cuanto a los adultos. Los niños se reconocían en ellos y veían posible emularlos.
En el fútbol actual se olvida demasiado a menudo el elemento de sentimentalidad que es consustancial a este deporte. Si quien es del Madrid, del Barça, del Atleti o del Bilbao no deja de serlo nunca, es en gran medida porque lleva la vida entera sintiendo que quienes saltan al campo son no “los nuestros”, pero sí “nuestros”, por nacimiento, formación o adopción. Y no se adopta a cualquiera venido de fuera, no es tan sencillo. En tiempos recientes nunca se sintió como “nuestros” a Figo ni a Ronaldo ni a Robinho ni casi a Beckham, ni desde luego a Mijatovic (que no se entiende a santo de qué ha adquirido tanto poder en el actual esquema del club, y encima para mal ejercerlo). Algo más a Laudrup, a Zidane y antes a Valdano, a los que, por así decir, se reconoció en seguida como propios. Depende de muchos factores, de la manera de ser, del estilo futbolístico, hasta de caer en gracia. Pero todos estaban arropados por muchachos aún jóvenes que en verdad eran de casa: Raúl, Guti y Casillas, últimamente. Los tres siguen en activo, pero los dos primeros ya divisan su retirada. Y mientras el Barça mantiene ese hilo vital de la continuidad e incorpora a canteranos todas las temporadas, el Madrid ha dejado marchar desde a Urzaiz y Eto’o hace años hasta a Mata, Negredo, Granero, Parejo y De la Red ahora (recomprado este último a golpe de talonario), que destacan en sus respectivos Valencia, Almería, Getafe y Queen’s Park Rangers, un Segunda División inglés en el que se foguea absurdamente el favorito de Di Stéfano -que no suele regalar elogios-, en vez de estar aquí en danza. En contra de la leyenda, los madridistas no nos conformamos con los extranjeros (menos aún si son tan horribles como Diarra o Drenthe): junto a Di Stéfano y Puskas tuvimos a Marquitos, Santisteban, Zárraga y Gento; y antes de Stielike, Breitner y Netzer tuvimos a Pirri, Serena, Grosso y el incomparable Velázquez. La mezcla ha sido esencial, como lo ha sido para cualquier club de verdadera altura. No creo que aquí nos sirviera el modelo Chelsea, Inter o Arsenal, en los que apenas hay jugadores locales. El Madrid ha sido otra cosa, y siempre hemos tenido sobre la hierba “críos nuestros”. Si Mijatovic o Schuster no lo entienden, más vale que se vayan (postdata: el segundo ya se ha ido). Y si es el Presidente Calderón el obtuso, que abandone, con mayor motivo. Y ya que Del Bosque está ocupado, ojalá vuelva Valdano.