lunes, 22 de noviembre de 2010

Alfonso Costafreda: algunos poemas....

Costafreda arribó a Madrid a fines de la década de 1940, para estudiar Derecho. Es en esta época que comienza a escribir. En Madrid, entabló amistad con varios poetas de la llamada generación del 50, como Blas de Otero y Vicente Aleixandre. En 1948 se desplazó a Barcelona, donde trató con autores como Gil de Biedma, Carlos Barral y Josep Maria Castellet.
En 1943 se publica su primer poema, Selva de vida, en la revista Espadaña.
Debido a su labor como funcionario y traductor de las Naciones Unidas tuvo que alejarse de España, lo que le confirió a su obra características particulares dentro de este grupo de poetas.

Se suicidó en Suiza en 1974, donde desde 1955 se encontraba trabajando para la OMS.

Lo diferente de Costafreda se advierte ya en el marco de sus relaciones más cercanas: Barral, Ferrater, Goytisolo, Gil de Biedma, los poetas del “grupo de Barcelona”. Más aún que la escasez de concomitancias expresivas, lo que distingue a Alfonso Costafreda es una concepción excesiva del deber poético, una casi religiosa entrega a la poesía que, desbordando la página, llega a devorar su vida. Pienso que Alfonso Costafreda fue víctima de una imagen del poeta ya imposible, y en este anacronismo reside su peculiar modernidad: su sacralización de lo poético alude claramente al vacío del hombre moderno, un vacío que, en desacuerdo con los tiempos, no aceptó llenar -o encubrir- con las peripecias de la vida común. Por eso, en el lugar de la ironía, componente esencial en la obra de sus compañeros, encontramos en la poesía de Alfonso Costafreda la sed de ser y el sufrimiento. Quiso con la poesía borrar el sinsentido de la existencia, pero ningún dios la respondió, y su rechazo final de la vida poética -y, por tanto, de la vida- fue reconocer la victoria de ese silencio, dando inequívoca prueba de autenticidad y, pues, de comprensión del verdadero sine qua non del poeta moderno.

Además de la densidad y brevedad de su obra, nos dan testimonio de esa autenticidad de Alfonso Costafreda los poetas que fueron sus amigos. Carlos Barral escribe: “el fondo neurótico sobre el que se configuraba su personaje de poeta maldito, no era histriónico sino perfectamente real y nos parecía respetable” Por su parte, alguien tan poco proclive al “exceso” poético como Jaime Gil de Biedma dijo, a raíz de la muerte de Costafreda: “... lo único que importa es concluir manifestando mi admiración y mi respeto por Alfonso Costafreda, que apostó toda su vida a una sola carta: ser poeta. Y que cuando descubrió, como a todos nos ha ocurrido, que nunca sería el poeta grande que había soñado, no quiso ser, ni aparentar, ninguna otra cosa”
___Tomado de "La personalidad poética de Alfonso Costafreda", de Pere Rovira.

"Yo pregunto"

Ha muerto mi padre.
Se repite su ausencia cada día
en el hogar vacío.
Yo pregunto,
y además de la ausencia y además
de perder los caminos de esta tierra,
¿qué es la muerte?

Yo te pregunto, padre, ¿qué es la muerte?
¿Has hallado la paz que merecías?
¿Encontraste cobijo en nueva casa
o vas errante, y sufres bajo el frío
del invierno más grande, del total
desamor?

Yo te pregunto, padre, si son algo
los muertos, o si la muerte es sólo
una inmensa palabra que comprende
todo lo que no existe.
***
"Sobre lo que más quiero"

Sobre lo que más quiero, sobre las cosas mías,
tu ley y tu poder se imponen.
Años atrás, años ya en lejanía,
de mi propia morada alguien que yo no soy,
las llaves más secretas te ofrecía.
Tú las guardaste, quedan
sin ser recuperadas todavía.

...Y surgen llamas de pavor
dentro del corazón en estas noches frías:
cuando tú vienes sigilosamente,
cuando tú brutalmente a ti me obligas.
****
"El silencio"

No puedo hablar; aunque quisiera
no puedo hablar con alegría.
¿Qué he de decir? Ni tan siquiera
presentar puedo una página limpia.
No puedo hablar, sólo tinieblas crecieran
sobre la hierba maldita.
He de callar, pero yo diera
mi vida.

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